MADRID 21 de mayo de 2023 – La Sociedad Española de Neurología (SEN) ha solicitado la extensión del ‘Código crisis’ para las crisis epilépticas a todo el territorio nacional. Esto permitiría activar circuitos asistenciales específicos y garantizar que los pacientes reciban atención neurológica urgente en el menor tiempo posible.
El neurólogo y coordinador del Grupo de Estudio de Epilepsia de la SEN, Manuel Toledo, ha enfatizado que las crisis epilépticas urgentes deben ser consideradas una patología tiempo-dependiente, ya que la rapidez de actuación puede ser crucial para evitar «una recuperación con secuelas o la aparición de complicaciones graves».
El ‘Código Crisis’ tiene como objetivo mejorar la identificación, traslado, evaluación y tratamiento de los pacientes con crisis epilépticas urgentes. Este protocolo busca facilitar el acceso temprano a tratamientos agudos y anticrisis, reducir la recurrencia de las crisis, minimizar las estancias hospitalarias prolongadas y mejorar el pronóstico de los pacientes, disminuyendo el riesgo de mortalidad del 5,3 % actual a menos del 0,4 %. Sin embargo, su desarrollo sigue siendo desigual en España y la SEN insiste en su implementación en todas las comunidades autónomas.
Con motivo del Día Nacional de la Epilepsia, que se celebra el 24 de mayo, la SEN ha recordado que esta enfermedad afecta a alrededor de 500.000 personas en España y sigue siendo una de las patologías neurológicas con mayor impacto sanitario y social. Cada año se diagnostican aproximadamente 20.000 nuevos casos, principalmente en la población infantil y en personas mayores de 65 años. De hecho, alrededor de 100.000 niños padecen epilepsia en el país.
La epilepsia se caracteriza por la aparición de crisis epilépticas recurrentes, generadas por una alteración de la actividad eléctrica de las neuronas en la corteza cerebral. Aunque socialmente se asocia la epilepsia con convulsiones y pérdida de conciencia, estas manifestaciones representan solo una parte de los casos. Muchas crisis pueden presentarse como ausencias, desconexión del entorno, sensaciones extrañas, alteraciones visuales, hormigueos o movimientos automáticos repetidos.
Las convulsiones solo aparecen en el 20-30 % de los casos
No obstante, como ha explicado Toledo, la epilepsia no siempre se manifiesta de forma estándar y solo entre el 20 y el 30 % de las crisis epilépticas se presentan como convulsiones. Esto dificulta que muchos pacientes, familiares e incluso profesionales sanitarios «no las identifiquen inicialmente como crisis epilépticas».
El retraso diagnóstico de la epilepsia puede alcanzar hasta los 10 años en algunos pacientes. Se estima que hasta un 18 % de los diagnósticos podrían ser falsos positivos. Por eso, la SEN recalca la importancia de realizar valoraciones neurológicas adecuadas y pruebas diagnósticas específicas, especialmente la monitorización video-EEG prolongada en pacientes con sospecha de epilepsia.
Esta enfermedad puede aparecer a cualquier edad, aunque su incidencia es especialmente alta en niños y en personas mayores. En la infancia, suele estar relacionada con alteraciones en el desarrollo cerebral o causas genéticas, mientras que en edades avanzadas, se asocia más frecuentemente a enfermedades cerebrovasculares, ictus, tumores, traumatismos o patologías degenerativas. El aumento de la esperanza de vida también está favoreciendo un incremento de casos en mayores de 65 años.
El envejecimiento de la población española tendrá un impacto directo en la carga asistencial de diversas enfermedades neurológicas, incluida la epilepsia. Por ello, se prevé que la atención a la epilepsia en edades avanzadas sea un reto creciente para el sistema sanitario en los próximos años, según ha reiterado el neurólogo.
A pesar de los avances en diagnóstico y tratamiento de la epilepsia en los últimos años, esta continúa teniendo un «elevado impacto» en la calidad de vida de los pacientes.
Carga de discapacidad y mortalidad
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la epilepsia es una de las enfermedades neurológicas con mayor carga de discapacidad y mortalidad. En Europa, las personas con epilepsia tienen una mortalidad de 2 a 3 veces superior a la de la población general, con una reducción de la esperanza de vida de entre 2 y 10 años. Además, alrededor del 60 % de los pacientes presentan comorbilidades psiquiátricas, neurológicas o intelectuales.
La calidad de vida de las personas con epilepsia depende en gran medida de la frecuencia y gravedad de las crisis, así como de la rapidez en alcanzar un diagnóstico correcto y establecer el tratamiento más adecuado, según ha señalado Manuel Toledo.
Se estima
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