La Niña es un fenómeno meteorológico de gran escala que forma parte del sistema climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Este fenómeno enfriará este mes de septiembre, aunque no lo suficiente como para ‘dar un respiro’ al calentamiento global. Se caracteriza por un enfriamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial central y oriental, lo que provoca una serie de alteraciones en los patrones atmosféricos y climáticos a nivel global.
Aunque La Niña suele alternarse con su fase opuesta, El Niño, ambos eventos ejercen una fuerte influencia en el clima del planeta. En el caso de La Niña, expertos ya han alertado que su efecto podría comenzar a notarse desde mediados de este mes de septiembre y se espera que intensifique su impacto sobre todo en los dos meses finales del año.
La Niña, que no tiene que ver con El Niño
La Organización Meteorológica Mundial (OMM), con sede en Ginebra, informó recientemente que el fenómeno climático de La Niña, asociado habitualmente a un enfriamiento de las temperaturas globales durante varios meses, podría comenzar a afectar al planeta a partir de este mes. La Niña enfría las aguas del Pacífico y altera los patrones de viento y lluvia en la zona tropical.
Algunos de los impactos de La Niña pueden incluir sequías en ciertas regiones y lluvias intensas en otras, afectando así a la agricultura, la disponibilidad de agua y, en última instancia, la seguridad alimentaria. Este fenómeno, aunque forma parte del ciclo natural del clima, puede exacerbar las condiciones climáticas extremas, lo que resulta en consecuencias significativas para los ecosistemas y las comunidades humanas.
