
– TETIANA SOARES/ ISTOCK – Archivo
MADRID, 11 Ene. (EUROPA PRESS) – Dormir hasta tarde el fin de semana para recuperar el sueño perdido durante la semana puede ser beneficioso para la salud mental de los adolescentes. Así lo sugiere una nueva investigación de la Universidad de Oregón y la Universidad Médica Upstate de la Universidad Estatal de Nueva York, ambas en Estados Unidos.
El estudio encontró que un grupo de jóvenes de 16 a 24 años que recuperaron el sueño durante el fin de semana tenían un riesgo 41% menor de presentar síntomas de depresión en comparación con aquellos que no lo hicieron. Estos hallazgos, publicados en el ‘Journal of Affective Disorders’, resaltan la importante relación entre el sueño y la salud mental en adolescentes, un grupo que a menudo enfrenta dificultades para dormir y tiene un mayor riesgo de experimentar síntomas depresivos.
Entre 8 y 10 horas de sueño cada noche
Este estudio proporciona una de las primeras visiones del sueño de recuperación durante el fin de semana en adolescentes estadounidenses, a diferencia de investigaciones anteriores que se centraron en adolescentes en edad escolar en China y Corea. Es común que los adolescentes acumulen un déficit de sueño durante la semana ya que deben equilibrar la escuela, la vida social, actividades extracurriculares y, en ocasiones, trabajos después de la escuela.
“Los investigadores y médicos del sueño han recomendado desde hace tiempo que los adolescentes duerman de ocho a diez horas a la misma hora todos los días de la semana, pero eso no resulta práctico para muchos adolescentes ni para la población en general», sostiene Melynda Casement, psicóloga colegiada y profesora asociada de la Facultad de Artes y Ciencias de la UO, quien también dirige el Laboratorio del Sueño de la UO.
Dormir las ocho a diez horas recomendadas cada noche sigue siendo ideal, enfatizan los investigadores, pero si no es posible, dormir hasta tarde los fines de semana puede ser una estrategia útil para reducir el riesgo de síntomas depresivos. «Es normal que los adolescentes sean noctámbulos, así que es aconsejable permitirles recuperar el sueño los fines de semana si no logran dormir lo suficiente durante la semana, ya que eso probablemente les protegerá de alguna manera», añade Casement.
En la investigación, se analizaron datos de jóvenes de 16 a 24 años de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición 2021-23. Estos jóvenes informaron sobre sus horarios de acostarse y despertarse tanto entre semana como durante el fin de semana, lo que permitió calcular su sueño de recuperación del fin de semana, definido como la diferencia entre el promedio de sueño diario del fin de semana y el promedio de sueño diario durante la semana.
Los participantes también expresaron cómo se sentían, siendo considerados como personas con síntomas de depresión si reportaban sentirse tristes o deprimidos diariamente.
Cambios en el sueño en la adolescencia
Los ciclos de sueño, conocidos como ritmos circadianos, comienzan a cambiar durante la adolescencia, un período en el que a muchos adolescentes les resulta más complicado conciliar el sueño tan temprano como lo hacían en su infancia.
“En lugar de ser un ave matutina, te conviertes en un noctámbulo –apunta Casement–. El inicio del sueño se retrasa progresivamente durante la adolescencia, hasta los 18 o 20 años. Luego, se suele volver a una tendencia hacia un ciclo de sueño más matutino”.
El ciclo de sueño típico para los adolescentes implica dormirse alrededor de las 23:00 horas y despertarse a las 08:00 horas. Esto contrasta con los horarios de inicio temprano en muchas escuelas secundarias. Por esta razón, numerosos científicos del sueño y profesionales de la salud apoyan la propuesta de salud pública que sugiere que las clases comiencen más tarde.
La depresión es una de las principales causas de discapacidad entre los jóvenes de 16 a 24 años, advierte Casement. En este contexto, la discapacidad se entiende como el deterioro del funcionamiento diario, que puede incluir desde la incapacidad de presentarse en el trabajo hasta llegar tarde o ausentarse por enfermedad.
“Esto hace que este grupo de edad sea especialmente relevante para entender los factores de riesgo de la depresión y cómo estos podrían relacionarse con la implementación de intervenciones”, concluye Casement.
