MADRID, 11 de mayo de 2023 – Todo lo que entra en el cuerpo pasa, de una forma u otra, por el hígado. Desde lo que comemos y bebemos hasta algunos medicamentos, cosméticos o sustancias ambientales. Pero para que este «gran filtro» funcione correctamente, necesita trabajar en equilibrio con el intestino y con la microbiota.
Así nos lo explica en una entrevista con Salud Infosalus la doctora Marta González-Corró, licenciada en Medicina y especializada en microbiota y salud intestinal, quien profundiza en esta conexión en Un hígado feliz (Alienta editorial), donde explica cómo una microbiota alterada puede dificultar la eliminación de toxinas y contribuir a la inflamación crónica, «la pandemia del siglo XXI», según recalca esta autora.
La doctora reconoce que siempre que pensamos en el hígado lo hacemos desde la vertiente de la hepatitis, de la típica cirrosis de los alcohólicos. «El hígado siempre se ha entendido desde aquí y no se habla de su función detoxificadora, cuando es fundamental», aprecia.
Asimismo, sostiene que el hígado es el órgano que tiene un 75 % de su circulación venosa (ya que procesa todos los desechos del organismo), y solo un 25 % es arterial, que es por donde se nutre al hígado.
Y aquí es donde entra en juego la microbiota y su relación con nuestro hígado. La doctora González-Corró dice que este ecosistema está ligado con todo el organismo y que, aunque por todos es conocido el eje intestino-cerebro-microbiota, también existe el eje intestino-microbiota-hígado: «La microbiota que asociamos solo con temas digestivos juega un papel muy importante a nivel de salud hepática. De hecho, esta puede condicionar la microbiota porque hay una circulación enterohepática, a través de la vena porta, que los comunica, el intestino y la microbiota junto con el hígado».
¿CÓMO LO HACE? LA RELACIÓN MICROBIOTA-HÍGADO
La doctora especifica que cuando comemos alimentos grasos se produce un estímulo en la vesícula biliar para la fabricación de las sales biliares y para que se produzca la digestión. «Incluso en aquellas personas que no tienen vesícula, el hígado se adapta y si no tienes vesícula cuando comes comida grasa, el hígado es capaz de expulsar el líquido, aunque a veces le cueste adaptarse», apunta.
Luego, la otra vía es que cuando comemos y esos alimentos se digieren, hay una parte importante de la digestión que la hace la microbiota, que también sintetiza diferentes metabolitos, como los ácidos grasos de cadena corta (como el butirato), o algunos neurotransmisores, y entonces estos pasan a través de esta circulación enterohepática y llegan al hígado.
CUANDO LA MICROBIOTA SE ALTERA Y ALGO FALLA
Pero además, cuenta la doctora González-Corró que, como el hígado es la gran depuradora o filtro del cuerpo, todo lo que depura tiene que llegar al intestino para poderse eliminar. Sin una buena microbiota, si hay disbiosis, se rompen una serie de enlaces, y algunas sustancias que ya han sido depuradas para eliminarse vuelven a reabsorberse, y no se eliminan bien los desechos del cuerpo.
«En un escenario con muchos anticonceptivos orales, con personas que ingieren muchos inhibidores de la bomba de protones (los mal llamados ‘protectores de estómago’), con elevados casos de estrés, toma de antibióticos, que ingieren alcohol con frecuencia, todo esto también altera la microbiota y genera un aumento de los metabolitos tóxicos, que en exceso van alcalinizando el pH del intestino», advierte.
ENTRA EN ESCENA LA INFLAMACIÓN DE BAJO GRADO
La doctora precisa que el pH del intestino debe estar entre 5,8 y 6,4, porque si no, entonces no hay eficiencia metabólica a nivel intestinal, algo necesario para poder eliminar bien los desechos del cuerpo y que no se acumulen. «La salud de las personas implica que tiene que haber equilibrio de pH en todo el organismo y cuando uno se desequilibra, se descompensa otro. Entonces, si, por ejemplo, no mantengo en el intestino unos determinados niveles de pH, esto repercute a nivel sistémico, dando lugar a la inflamación de bajo grado, que es la base de las enfermedades crónicas del siglo XXI, tales como las cardiovas
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