MADRID, 2 de mayo. – Un nuevo estudio realizado por la Universidad de Duke (Estados Unidos) y publicado en la revista ‘Nature Health’ revela que el cambio de hora que se lleva a cabo dos veces al año no afecta al número total de pasos que dan las personas, aunque sí influye en el momento del día en que se realizan esos pasos.
Más allá de las discusiones sobre preferencias por el horario de invierno o verano en diversas profesiones y contextos familiares, el debate sobre el cambio de horario plantea interrogantes importantes que los responsables políticos deben considerar. Entre ellos se incluyen la posible mejora de la productividad y el impacto en la actividad física de las personas.
El estudio de la Universidad de Duke proporciona una respuesta negativa a la pregunta sobre si el cambio de hora afecta a la actividad física. Al comparar la cantidad de pasos registrados por dispositivos Fitbit de miles de personas en cuatro estados estadounidenses, los investigadores no encontraron diferencias significativas en la cantidad de pasos diarios dados antes y después del cambio de hora.
No obstante, los investigadores sí detectaron un cambio significativo en los patrones de la actividad física entre la mañana y la tarde. Este cambio podría reflejar que las personas ajustan sus horarios para aprovechar mejor la luz natural disponible.
Jessilyn Dunn, profesora asociada de ingeniería biomédica en Duke, señala: «Este estudio es importante porque demuestra cómo la recopilación de datos a gran escala, financiada por el gobierno, puede generar hallazgos que se utilicen para tomar decisiones basadas en evidencia en materia de políticas».
El estudio recopila datos del programa de investigación All Of Us, que es financiado y administrado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. Este programa recolecta datos de Fitbit aportados voluntariamente por más de 50.000 personas cada año con el fin de crear un vasto conjunto de datos para impulsar estudios como el presente.
Considerando que la mayor parte de Arizona no cambia la hora al mismo ritmo que el resto de los Estados Unidos continentales (tampoco lo hace Hawái), el grupo de investigación centró su atención en los estados de las «cuatro esquinas»: Arizona, Colorado, Nuevo México y Utah.
Según Hayoung Jeong, estudiante de doctorado y coautora principal del artículo, «la elección de estos estados nos permitió diseñar un experimento más natural. En lugar de asignar aleatoriamente a los participantes al estudio, pudimos plantear esta cuestión mediante un método estadísticamente más sólido».
Cambios en los patrones de tiempo
Para realizar el análisis de datos, Dunn y Jeong trabajaron con Srikar Katta, otro estudiante de doctorado, bajo la supervisión de Alex Volfovsky, profesor asociado de estadística e informática en Duke. Para afinar sus estadísticas, el grupo categorizaron los datos de pasos en tres grupos: mañana, tarde y día completo. Luego, se concentraron en una semana antes y después de los cambios de horario ocurridos entre el otoño de 2021 y la primavera de 2023.
A pesar de no hallar diferencias significativas en la cantidad total de pasos, los investigadores observaron cambios en los patrones de tiempo en los que las personas daban esos pasos. Por ejemplo, alguien que trabaja de 7:00 a 19:00 probablemente no podrá modificar su rutina de ejercicio, mientras que aquellos con horarios laborales más flexibles podrían ver influencia en sus decisiones cotidianas debido al cambio de hora.
Katta señala: «Esta es información que los dispositivos portátiles proporcionan y que ninguna otra fuente puede brindarte a menos que estés observando explícitamente. Las investigaciones han demostrado que incluso decenas o cientos de pasos adicionales al día pueden afectar la salud, por lo que la forma en que el horario de verano influye sobre esos pasos es importante para muchas personas«.
Aunque los investigadores no tuvieron acceso a los datos laborales de los usuarios de Fitbit, contaban con información demográfica como edad, ingresos anuales y la percepción acerca de la facilidad para caminar en su entorno. En estas variables se observaron con mayor claridad los pequeños cambios en las rutinas diarias. Por ejemplo, las personas más jóvenes, las que tienen ingresos más altos, y aquellas que viven en áreas con aceras o senderos accesibles eran más propensas a modificar sus rutinas.
Los resultados sugieren que, en caso de abolirse el horario de verano, la elección entre horario de verano y horario estándar no tendría un efecto significativo en los niveles de actividad de las personas. Mantener el cambio semestral tampoco parece influir en estos niveles. Sin embargo, se señala un aspecto de equidad que afecta a quienes poseen horarios menos flexibles.
Dunn concluye: «En general, el cambio de horario no parece ser tan beneficioso para la salud pública como algunos creen, al menos en lo que respecta a los niveles de actividad. Deberíamos examinar más a fondo si estos cambios están causando inconvenientes para algunos grupos y no para otros».
