
MADRID, 8 Abr. (EDIZIONES) – El síndrome de fatiga crónica y la sensibilidad química múltiple son dos patologías complejas, incapacitantes, y aún rodeadas de incógnitas científicas. ¿Y si ambas compartieran un mismo origen biológico?
Algunos investigadores, como el bioquímico estadounidense Martin L. Pall, profesor emérito de la Washington State University, con más de 60 años de trayectoria científica, exploran la hipótesis de que ciertos estímulos ambientales, entre ellos los campos electromagnéticos, podrían desempeñar un papel en el desarrollo de estas enfermedades.
Según plantea Pall en una entrevista relacionada con su reciente participación en el X Congreso Internacional de Medicina Ambiental celebrado en Madrid en marzo, estos factores podrían alterar el funcionamiento de las células al aumentar el calcio intracelular, un elemento clave en procesos como la señalización celular, la inflamación o el funcionamiento del sistema nervioso.
La hipersensibilidad magnética
Considera importante entender que la hipersensibilidad electromagnética (HSE) se define como la reacción a los campos electromagnéticos que sufren algunas personas. Sin embargo, aclara que existe una enorme variabilidad en la sensibilidad, y cree que esto dificulta su comprensión: «La cobertura mediática suele centrarse en los ejemplos extremos de personas extraordinariamente sensibles, y si bien existen, es más común encontrar personas menos sensibles. El problema, por supuesto, es que una vez que uno se vuelve sensible, tiene un mayor riesgo de volverse aún más sensible».
En cuanto a los síntomas, sostiene que son numerosos y pueden incluir efectos neurológicos y neuropsiquiátricos como: dificultad para dormir, fatiga, dificultad para concentrarse, disfunción de la memoria, dolor de cabeza, dolor, depresión y efectos cardíacos, algunos de los cuales pueden ser potencialmente mortales, como las taquicardias y las bradicardias.
Sin embargo, también se han constatado efectos en prácticamente todos los sistemas hormonales del cuerpo, así como en diversas funciones cerebrales, incluyendo la neurodegeneración. «Puede parecer difícil de entender, pero el mecanismo fundamental implicado es el exceso de calcio intracelular. La regulación del calcio es de vital importancia para las células de nuestro cuerpo, y por eso se producen tantos efectos diferentes», argumenta este experimentado bioquímico.
Hasta la fecha, lo que se ha demostrado es que los campos electromagnéticos generados electrónicamente actúan sobre los llamados ‘sensores de voltaje de los canales iónicos’, que son proteínas en la membrana plasmática que rodea nuestras células y que pueden abrirse para permitir el paso de iones dentro o fuera de la célula.
«Sabemos que estos efectos pueden bloquearse o reducirse considerablemente mediante el uso de fármacos bloqueadores específicos de los canales de calcio. En las personas con hipersensibilidad electromagnética, esos canales son mucho más sensibles y activos. Por lo tanto, cuando se exponen a los campos electromagnéticos, su reactividad es mucho mayor. Y ese es el mecanismo fundamental que interviene en esto», explica Pall.
Además, el doctor Pall añade que existen circuitos neuronales hipersensibles a los campos electromagnéticos que pueden afectar a cualquier persona con hipersensibilidad electromagnética, pero no a sujetos de control sanos. «Cuando se observan este tipo de fenómenos, la evidencia es muy clara. Se trata de un fenómeno real que produce efectos muy diversos», insiste.
La cronicidad de la SQM y de la fatiga crónica
El doctor Pall también sugiere que podría haber una conexión entre la hipersensibilidad a los campos electromagnéticos, el síndrome de fatiga crónica y la sensibilidad química múltiple (SQM): «En el caso de la hipersensibilidad electromagnética y de la SQM, ambas implican exposiciones a campos electromagnéticos en un caso y a sustancias químicas en el otro, que producen un exceso de calcio intracelular. Además, las tres implican lo que yo llamo el ‘ciclo’, un círculo vicioso bioquímico que produce cronicidad. Por eso son crónicas. Una vez que el ciclo se inicia, y dado que es local, puede afectar diferentes partes del cuerpo, incluyendo distintas partes del cerebro, produciendo diferentes efectos que luego se vuelven crónicos, lo que dificulta mucho el tratamiento».
Por todo ello, aconseja a las personas que creen estar afectadas por la hipersensibilidad a los campos electromagnéticos que intenten evitar la exposición, determinando cuál es la más importante para cada paciente, un aspecto en el que trabajan los médicos especialistas en Medicina ambiental.
«Hay varias maneras de tratar estas afecciones, y espero que en un futuro cercano exista una cura. Las agencias reguladoras no nos protegen de las emisiones electromagnéticas utilizadas en las comunicaciones inalámbricas. Es necesario tener esto en cuenta y minimizar la exposición en la medida de lo posible. Sé que es muy difícil, pero así es el mundo en el que vivimos», concluye.
