MADRID, 5 Dic. (EUROPA PRESS) – La nueva Estrategia de Seguridad Nacional presentada por la Casa Blanca marca como objetivo prioritario la «restauración de la predominancia» de EE. UU. en Occidente. Este documento trata de delinear las líneas maestras de la política exterior de la Administración Trump, defendiendo la idea de que «el pueblo estadounidense, y no los países extranjeros ni las instituciones globalistas, será quien controle su propio destino en nuestro hemisferio».
A grandes rasgos, EE. UU. contempla una restitución de todas sus herramientas de ‘poder duro’, tanto económicas como militares, para alcanzar este objetivo. El documento indica que Estados Unidos debe «reconsiderar» su presencia militar en el hemisferio mientras «priorizará su diplomacia comercial» mediante el uso de «herramientas poderosas como los aranceles y los acuerdos comerciales recíprocos».
La estrategia se resume en dos palabras: «Expandir y alistar». Según el documento, «alistaremos a nuestros aliados en el hemisferio para controlar la migración, detener el tráfico de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad terrestre y marítima. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevos socios, al mismo tiempo que reforzamos el atractivo de nuestra nación como socio económico y de seguridad preferido».
Un reajuste en Occidente
El «reajuste» militar anunciado persigue como principal objetivo «abordar las amenazas urgentes» que representan el tráfico de drogas y la migración ilegal o no deseada. Estados Unidos continuará realizando «despliegues específicos para asegurar la frontera y derrotar a los cárteles», incluyendo el uso de fuerza letal cuando sea necesario, para sustituir la fallida estrategia de aplicación exclusiva de la ley de las últimas décadas.
A pesar de que EE. UU. considera «difícil revertir cierta influencia extranjera» en Latinoamérica, también percibe una oportunidad en gobiernos que no están alineados ideológicamente con las potencias, sino que se basan en relaciones económicas que Washington podría mejorar, utilizando la economía como un arma para establecer alianzas más ventajosas.
En relación con Europa, Estados Unidos ha apuntado que «algunos responsables europeos» están mostrando «expectativas poco realistas» respecto a la guerra en Ucrania. Además, ha destacado la importancia de restablecer las relaciones estratégicas con Rusia, argumentando que la desconexión entre Europa y Rusia es un claro ejemplo de la «falta de autoestima» y la amenaza de «borrado» que afectan a la «civilización europea».
«Queremos que Europa siga siendo europea, que recupere su autoestima como civilización, y que abandone su enfoque fallido a favor de la asfixia de las regulaciones», subraya el documento, que utiliza la guerra de Ucrania como caso representativo.
Economía en el Indo-Pacífico, paz en Oriente Próximo
El enfoque económico del documento es evidente en el apartado dedicado a las nuevas líneas de actuación en el Indo-Pacífico. Respecto a la relación «reequilibrada» con China, Estados Unidos propone un «enfoque sólido y continuo en la disuasión para prevenir la guerra» en la región, sin hacer mención de Taiwán ni de las numerosas disputas territoriales.
«Este enfoque combinado puede convertirse en un círculo virtuoso, ya que una fuerte disuasión estadounidense abre espacio para una acción económica más disciplinada, la cual generaría mayores recursos estadounidenses para mantener la disuasión a largo plazo y disminuir los obstáculos regulatorios», se indica.
En lo que a Oriente Próximo respecta, EE. UU. considera que la situación es «menos problemáticas de lo que los titulares sugieren». Según Washington, Irán ha sido «debilitado» tras la ofensiva conjunta estadounidense-israelí del pasado verano. Adicionalmente, los líderes del movimiento palestino Hamás «también están en una situación de debilidad o han desaparecido», y el «problema potencial» de Siria podría resolverse con la colaboración de Israel, Turquía y aliados árabes.
Como nota a destacar, Estados Unidos ha declarado que «el dominio de Oriente Próximo en la política exterior estadounidense, tanto en la planificación a largo plazo como en la ejecución diaria, ha terminado», argumentando que «ya no es una fuente constante de irritación ni un escenario de catástrofe inminente como alguna vez fue».
Por consiguiente, la nueva estrategia de seguridad americana abandonará «el desafortunado experimento estadounidense de intimidar a estas naciones, especialmente a las monarquías del Golfo, para que abandonen sus tradiciones y formas históricas de gobierno».
«Debemos alentar y aplaudir las reformas cuando y donde surjan de forma natural, sin intentar imponerlas desde fuera», concluye el documento.
