Necesitamos energía. Cuanta más, mejor. Ya es de público conocimiento que los combustibles fósiles son finitos y contaminantes. Si bien han demostrado su valía durante décadas, ya no es posible recurrir a ellos con la misma cotidianeidad. Científicos, empresas y gobiernos de todo el mundo trabajan para encontrar nuevas formas de energía renovable, más allá de la eólica y solar. Una de ellas se ha encontrado en el calor generado por el cuerpo humano, una fuente que ya se tiene en cuenta en espacios como trenes o metros. Sin embargo, hay otra aún más singular y extraña.
La solución a la falta de energía podría estar mucho más cerca de lo que pensamos
Tras encontrarse el Santo Grial de energía en Corea, ha salido a la luz un nuevo tipo de energía. Se extrae de aquello que despreciamos: los residuos alimentarios. Después de comer, comenzaremos a revisar qué descartamos y qué no.
Una compañía francesa ha creado un sistema que extrae un 99,7 % de materia orgánica pura a partir de residuos alimentarios, disminuyendo a la mitad el coste del tratamiento de biorresiduos y produciendo biogás localmente. Algo que se ha considerado basura durante mucho tiempo podría ser justo lo que necesitaba la humanidad para avanzar en términos energéticos.
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