En las últimas semanas, la calidad del aire en Ourense ha vuelto a situarse en el foco de la atención, con episodios en los que las partículas en suspensión han aumentado de forma notable. En algunos casos, el empeoramiento está ligado a intrusiones de aire con polvo que afectan a varias zonas de Galicia y llevan a activar protocolos y recomendaciones sanitarias.
A principios de abril, los datos de la estación urbana de Gómez Franqueira mostraban concentraciones de PM2,5 (partículas de menos de 2,5 micras) que oscilan entre 15 y 25 microgramos por metro cúbico. Esta cifra es notablemente alta si se compara con los niveles de referencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aquí está la clave: no se trata de un pico aislado, sino de valores que pueden mantenerse cuando el aire tiene dificultades para ventilarse.
Qué dicen los datos de Ourense
La estación de Gómez Franqueira forma parte de una red gallega que vigila la calidad del aire y realiza un seguimiento en tiempo real de distintos contaminantes. No solo mide partículas, sino que también refleja patrones que ayudan a entender el episodio, como los repuntes de dióxido de nitrógeno en las primeras horas del día y el aumento del ozono a medida que avanza la jornada con la radiación solar.
En el caso de las PM2,5, la cifra más repetida como referencia es 5 µg/m³. Sin embargo, hay un matiz importante: este valor es una guía anual de la OMS para reducir riesgos de salud a largo plazo. Además, la OMS añade otra referencia que ayuda a detectar los días “malos”: 15 µg/m³ como guía de 24 horas.
Moviéndose de manera habitual entre 15 y 25 µg/m³ significa, por un lado, que se está rozando o superando la guía diaria en días determinados. Por otro, que si esta situación se repite con frecuencia, el promedio anual se aleja considerablemente del objetivo de 5.
Por qué aquí el aire se mueve peor
Para Susana Bayo, física especializada en atmósfera y medio ambiente, la clave no está solamente en lo que emitimos, sino también en dónde vivimos. “El problema de Ourense es su orografía”. La ciudad está encajada entre valles, lo cual dificulta la renovación del aire en días de estabilidad.
Cuando se forma un anticiclón y el viento se calma, se presenta un fenómeno que muchos han notado sin ponerle nombre: la inversión térmica. Es como si se colocara una tapa invisible sobre la ciudad; las capas de aire se mezclan de manera ineficaz y los contaminantes quedan atrapar cerca del suelo.
La inversión térmica no genera contaminación por sí sola, pero sí la amplifica. Si, además, esta estabilidad dura varios días, se crea un cóctel que prolonga la suspensión de las partículas más allá de lo deseado. Y esto se siente, especialmente, cuando el episodio se extiende.
No solo son partículas
Las PM2,5 suelen acaparar casi todo el protagonismo porque son muy pequeñas y pueden llegar a áreas profundas del aparato respiratorio. En sus avisos, la Xunta recuerda que estas partículas pueden ingresar a los pulmones y pasar al torrente sanguíneo, aumentando el riesgo de problemas respiratorios y cardiovasculares, especialmente en personas vulnerables.
Sin embargo, en Ourense también se encuentran otros contaminantes que complementan el panorama. El dióxido de nitrógeno suele presentar picos en las primeras horas, algo muy vinculado al tráfico, durante la hora punta en la que se concentra la mayor cantidad de coches, paradas y arranques. Si has estado en un atasco, lo comprendes sin necesidad de tecnicismos.
El ozono actúa de manera diferente; no emana directamente de un tubo de escape. Se forma en la atmósfera a partir de reacciones químicas favorecidas por la radiación solar, por lo tanto, tiende a aumentar a lo largo del día cuando hay sol y el aire está poco ventilado.
Qué significa para tu día a día
La pregunta práctica es inevitable: ¿qué hacer si tu ciudad amanece con calidad del aire regular o mala y tenías pensado salir a correr o llevar a los niños al parque?
Durante episodios de partículas, la Xunta recomienda limitar las actividades al aire libre (especialmente el ejercicio intenso), cerrar puertas y ventanas para reducir la entrada de polvo y, si la exposición va a ser prolongada, usar mascarilla o gafas protectoras. También se señala como población más sensible a personas con asma o EPOC, ancianos, niños y embarazadas.
Una buena rutina consiste en verificar el índice de calidad del aire antes de hacer planes al exterior, igual que se hace para saber si va a llover. Si el índice empeora, se puede cambiar la hora o el tipo de actividad, y a veces eso es suficiente. No es un asunto menor.
La salida pasa por reducir emisiones
Aunque la meteorología y la topografía son factores importantes, Ourense no está condenada a vivir con aire estancado. La diferencia radica en la cantidad de contaminantes que emitimos justo cuando la atmósfera está en modo “tapa”, con menor dispersión y más acumulación.
Disminuir el tráfico innecesario, hacer que el transporte público sea más atractivo y evitar que los motores estén al ralentí son medidas que ayudan, especialmente en calles estrechas y mal ventiladas. También es importante lo que ocurre en los hogares y en las áreas periféricas (ciertas combustiones, obras, polvo resuspendido) porque todo suma cuando el viento no ayuda.
El detalle es que cumplir la ley no siempre garantiza respirar el aire que recomienda la ciencia. El informe anual de calidad del aire de Galicia para 2024 concluye que ninguna estación superó los valores límite legales para la protección de la salud humana, aunque se registraron superaciones puntuales del valor límite diario de PM10 y se recuerda que los estándares europeos que se implementarán para 2030 serán más restrictivos.
El comunicado oficial sobre la activación del protocolo por partículas en suspensión y las recomendaciones sanitarias ha sido publicado en la web institucional de la Xunta.
