MADRID, 9 Abr. – El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha reiterado que las consecuencias de la guerra en Oriente Próximo ponen en grave riesgo a la economía internacional, que se enfrenta a un ‘shock’ de oferta grande, mundial y asimétrico. Esto ocurre a pocos días de que comiencen las reuniones de primavera del organismo internacional y del Banco Mundial, donde ya han anticipado una reducción de las previsiones de crecimiento.
Con una disminución del flujo diario de petróleo del 13% y de gas natural licuado (GNL) de hasta el 20%, se prevén fuertes perturbaciones en la economía mundial. Sin embargo, estos efectos impactarán en mayor medida a los países cercanos a los puntos de conflicto y aquellos que dependen de las importaciones de energía.
Según el FMI, el impacto de la crisis hará tambalear las expectativas de crecimiento durante este año. «Incluso nuestro escenario más optimista implica una revisión a la baja del crecimiento», afirmó la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, durante el discurso de apertura de las reuniones de primavera.
«Cuando recibamos a los ministros y gobernadores de bancos centrales en nuestras reuniones de primavera la próxima semana, nos centraremos en cómo afrontar mejor este último impacto y mitigar el sufrimiento de las economías y las personas», aseguró.
El desarrollo del conflicto, especialmente el actual frágil alto el fuego acordado entre Estados Unidos e Irán, determinará la magnitud de las consecuencias económicas. El FMI ha advertido que las economías enfrentarán aumentos de precios en productos asociados a la energía, incertidumbre en las expectativas de inflación y efectos sobre las condiciones financieras de los mercados.
Las proyecciones de inflación tanto en la Unión Europea como en Estados Unidos ya se han elevado a corto plazo, aunque se mantienen previsiones estables a largo plazo. «Sabemos que, con el tiempo, una parte significativa del impacto se disipará, dejándonos en un nuevo equilibrio», indicó.
El organismo internacional ha enfocado su atención en los daños a la infraestructura energética de los países del Golfo Pérsico, que figura entre las razones para la reducción de previsiones. Como ejemplo, Georgieva mencionó los ataques al complejo de GNL de Ras Laffan en Qatar, que produce el 93% del GNL del Golfo y que tardará entre tres y cinco años en recuperar su capacidad completa.
Ante esta compleja situación, el FMI ha instado a los gobiernos a evitar acciones unilaterales que impongan controles a los mercados, lo que solo podría «echar más leña al fuego». En cambio, se ha alentado a permanecer alerta para actuar conforme a las necesidades de la crisis.
“Por ahora, conviene esperar y observar, mientras los bancos centrales enfatizan su compromiso con la estabilidad de precios y mantienen la calma, mostrando mayor disposición a actuar si su credibilidad se ve comprometida”, afirmó la directora del FMI. No obstante, si «las expectativas de inflación amenazan con desestabilizarse y desencadenar una costosa espiral inflacionaria», los bancos centrales deberían intervenir con determinación, mediante aumentos de tasas.
45 MILLONES DE PERSONAS EMPUJADAS AL HAMBRE
Las interrupciones en la oferta causan consecuencias en cadena para la población mundial. Ante los problemas en las cadenas de suministro, la seguridad alimentaria de 45 millones de personas puede tambalearse, lo que incrementaría hasta 360 millones el número de personas en riesgo de pasar hambre en todo el mundo.
Adicionalmente, el FMI ha calculado que a corto plazo aumentará entre 20.000 y 50.000 millones de dólares (entre 17.000 y 43.000 millones de euros) su balanza de pagos para apoyar a los países afectados.
Al respecto, Kristalina Georgieva ha indicado que «este rango sería mucho mayor si no fuera por la sólida formulación de políticas en muchas economías emergentes de mercado, incluidas algunas de las más grandes, a lo largo de las décadas». Asimismo, ha añadido que el FMI cuenta con «los recursos suficientes para afrontar esta perturbación».
