En plena pugna por las tierras raras, casi monopolizadas por China y esenciales en defensa y electrónica, entre otros sectores, Estados Unidos ha acelerado la firma de acuerdos con países de varios continentes. Potencias emergentes como Brasil e India también han comenzado a cooperar.
Este grupo de 17 elementos químicos – escandio, itrio y los 15 lantánidos, presentes en teléfonos móviles y vehículos eléctricos, se sitúa en el centro del pulso entre Washington y Pekín, y el gigante asiático los ha utilizado como elemento de presión en la guerra comercial, imponiendo restricciones a su exportación.
Pero, ¿se puede desbancar a China en esta industria o, al menos, reducir la dependencia hacia el gigante asiático?
«Es viable reducir significativamente la dependencia, pero no desplazar completamente a China en el corto plazo», asegura la economista jefe para Asia-Pacífico del banco de inversión francés Natixis, Alicia García-Herrero. Estas son algunas claves sobre el dominio de Pekín y los esfuerzos de Occidente y el Sur Global por contrarrestarlo.
El dominio de China en producción y procesamiento
China posee el 49 % de las reservas de tierras raras del planeta, aunque también hay yacimientos en países como Brasil, India, Australia, EE. UU., Vietnam, Birmania (Myanmar), Indonesia y Groenlandia.
Pekín controla alrededor del 70 % de la producción mundial y el 90 % del procesamiento, que es el paso más complejo de la cadena, puesto que estos elementos están tan unidos en la naturaleza que separarlos requiere de numerosos procesos químicos y contaminantes.
El práctico monopolio de China es fruto de décadas: en los años 80 ya clasificó estos recursos como estratégicos y comenzó a proporcionar subsidios a empresas nacionales para explotarlos y a perfeccionar técnicas de procesamiento.
«Llevaría muchos años desarrollar con éxito cadenas de suministro alternativas», afirma el economista de Capital Economics Hamad Hussain, especializado en materias primas y clima.
Estados Unidos acelera acuerdos estratégicos
La diversificación que persiguen activamente EE. UU., algunos de sus aliados y potencias emergentes como Brasil – con las terceras mayores reservas de tierras raras y que controla el 90 % del niobio mundial – e India podría materializarse entre 2030 y 2035. Sin embargo, China mantendría entre el 50 y el 75 % del mercado refinado aproximadamente, según García-Herrero.
Brasilia y Nueva Delhi firmaron este sábado, durante la visita a India del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, un acuerdo por el que las empresas indias podrían adquirir activos mineros en Brasil e importarlos a coste cero, con vistas a contrarrestar la hegemonía de Pekín en minerales críticos y tierras raras.
«Fortalecer lazos Sur-Sur reduce la exposición a China, pero resultados concretos tardarán años en llegar, debido a la falta de infraestructura de Brasil y las divisiones internas en el país sobre la explotación de estos recursos», subraya la economista española.
EE. UU. ha firmado en los últimos meses acuerdos en minerales críticos y tierras raras con Australia – el cuarto país con más tierras raras –, Japón, Malasia e Indonesia.
Yakarta, que posee las mayores reservas de níquel del planeta y recientemente identificó ocho yacimientos con potencial de albergar tierras raras, cooperará con empresas estadounidenses en extracción, producción y procesamiento de estos recursos, según un acuerdo anunciado esta semana.
El «impacto tangible» de los acuerdos – dice García-Herrero – es que «aceleran la capacidad no china» y «fortalecen la resiliencia» en sectores como la defensa y los vehículos eléctricos. Sin embargo, «efectos reales», como nuevas plantas y contratos de compraventa, tardarán alrededor de un quinquenio en materializarse.
La Unión Europea importa alrededor del 70 % de tierras raras de China y prácticamente no tiene producción nacional, según el Foro Económico Mundial. Estos recursos motivan, en parte, la ambición expansionista de Donald Trump en Groenlandia.
El reciclaje como alternativa parcial a la dependencia
El reciclaje de tierras raras es uno de los métodos señalados por los expertos como una baza ante el dominio chino. «Sería probablemente parte de la solución», sostiene Hussain.
García-Herrero, por su parte, afirma que si esta práctica se escala, podría cubrir entre el 15 y el 40 % de la demanda futura en imanes permanentes y electrónicos, presentes en vehículos eléctricos, móviles y ordenadores, entre otros, entre 2030 y 2035.
Entre los factores que frenan su escalada figuran los «complejos y costosos» procesos que se requieren para recuperar y separar minerales del desecho, y la necesidad de apoyo gubernamental y amplia coordinación entre países.
Las apuestas son variadas pero complejas, sin una solución a corto plazo al dominio chino. Como dijo el «padre» de la apertura económica china, Deng Xiaoping, en 1992: «Oriente Medio tiene petróleo, China tiene tierras raras».
Países como Brasil, India, Australia y Estados Unidos actualmente buscan la diversificación. Mientras tanto, la Unión Europea aún importa alrededor del 70 % de sus tierras raras de China, según datos del Foro Económico Mundial.
Washington ha firmado acuerdos minerales cruciales con Australia, Japón, Malasia e Indonesia. Los expertos afirman que el reciclaje puede reducir la dependencia, pero ampliarlo y hacerlo más eficiente requerirá tiempo, inversión y coordinación.
