José Carlos Rodríguez I
Santiago de Compostela (EFE) – Nacer en medio del camino, morir porque no llegas a tiempo. 360 curvas son las que separan la ciudad de Lugo de la localidad de montaña de A Fonsagrada. A principios de los años 90, sus vecinos se revelaron contra el Gobierno gallego debido al abandono rural y la despoblación, unas protestas conocidas como ‘As Movidas’, por las que fueron acusados de sedición.
La historia de lucha y dignidad de este pueblo llega ahora a la pantalla grande a través del documental ‘360 curvas’, dirigido por Alejandro Gándara y Ariadna Silva Fernández, que recientemente ha sido nominado a mejor documental en la XXIV edición de los premios Mestre Mateo.
El abandono del rural es, según Gándara, «fruto de decisiones políticas». En una entrevista con EFE, resume un viaje de varios años que finalmente ha concluido con el estreno en salas de un largometraje que busca revivir lo que sucedió en A Fonsagrada y también «despertar» conciencias.
Una historia de resistencia
La lucha de este municipio en 1992, año en el que contaba con unos 7.000 habitantes -ahora apenas supera los 3.000- es una historia de resistencia y «de victorias», a pesar de que ahora «puedan o no capitalizarse», cuenta el director.
En un año especialmente convulso, marcado por la reconversión industrial y protestas de miles de trabajadores del naval y la metalurgia en diferentes puntos de España –fue el año de la ‘Marcha Negra’ minera desde León a Madrid y el de los disturbios en Cartagena (Murcia), que desembocaron en el incendio de la Asamblea Regional–, en Galicia ocurría un hecho insólito.
El alcalde del municipio, Mario Arias Mon, pretendía denunciar a sus vecinos por un delito de sedición. Lo cierto es que los fonsagradinos llevaban ya varias semanas amotinados en el Ayuntamiento, interrumpiendo la actividad municipal.
En aquella época, en la Galicia que presidía Manuel Fraga, se debatía en el Parlamento gallego una ley de comarcalización. «En aquel momento se pensaba que las cabeceras comarcales iban a ser un órgano con cierta capacidad administrativa, presupuesto, una especie de órgano territorial», explica Gándara.
En un municipio aislado, mermado por la falta de servicios públicos y conectado únicamente por una carretera de más de 300 curvas, donde mucha gente «moría de camino al hospital» y otros «nacían de camino al paritorio», no se podía perder la oportunidad y el derecho a ser cabecera de comarca.
Con la entrada de España en la UE y las ayudas de la Política Agraria Común, en un municipio esencialmente rural, ser cabecera de comarca prometía una modernización de las explotaciones agrarias. Sin embargo, el proyecto de Fraga contemplaba adscribir Fonsagrada al área de Meira y centralizar el servicio comarcal de Extensión Agraria en Becerreá, dejando al municipio más grande de Galicia marginado.
Detenciones y acusaciones de sedición
El malestar de todo un pueblo ante esta situación, unido a la pérdida de la cabecera judicial, desencadenó las conocidas como ‘As Movidas’, protestas que duraron varios meses e incluyeron concentraciones diarias y una manifestación masiva en Santiago.
<p"La ciudadanía solo se disfruta plenamente desde el centro. En las periferias se degrada. Esto es así", opina Gándara.
Durante un tiempo, una plataforma vecinal se encerró en el Ayuntamiento y despojó de poder al alcalde. Se produjeron detenciones e incluso se amenazó con sedición. No obstante, gran parte del pueblo se autoinculpó de forma colectiva, o dicho de otra manera, «todo el mundo participaba en la plataforma», por lo que no hubo consecuencias penales.
Viaje múltiple
Además de las protestas combativas, la creatividad también se dejó ver en comparsas, pintadas o canciones satíricas, además de acciones como la demolición literal de una de las 360 curvas que unían a Fonsagrada con Lugo.
En la película se realiza un «viaje múltiple». Esa carretera es un símbolo de las protestas y, de alguna forma, también representa un viaje al pasado y a lo que se ha conseguido hoy. «Pero también es un puente que da pie a hablar de la migración, porque la mejora de esa carretera también implicaba que la gente pudiera marcharse del pueblo más fácilmente», señala el director.
En su documental, uno de los protagonistas es Adrián, quien emigró con su familia a Euskadi y, desde hace unos años, regresó a A Fonsagrada para establecerse allí y recuperar los vínculos con su origen.
Pensar «en colectivo»
«Más allá de que se trata de una lucha victoriosa, porque al final consiguieron ser cabeza de comarca y mantener la oficina de extensión agraria, creo que el valor de ‘As Movidas’ reside en la necesidad de pensar en colectivo, de unirse como pueblo y tener una identidad», afirma el realizador.
Asegura que a partir de aquellas protestas se mantuvo «un espíritu de comunidad que se pasó a la siguiente generación», que aunque a día de hoy no encuentra un futuro estable en el municipio, sigue yendo los fines de semana, monta proyectos culturales como la Foliada de A Fonsagrada y mantiene vivo el entroido y las tradiciones.
Consciente de que para solucionar el abandono del rural es necesario «replantearse muchas cosas», como los usos de la tierra y la dotación de servicios públicos, Gándara opina que no se trata de «una maldición o cosa del destino», sino de decisiones que se toman desde las administraciones públicas.
«Ya sabemos lo que pasa cuando cierran explotaciones y crecen eucaliptos. La madera es una industria importante, pero hay una sobredimensión. No es casualidad, son incentivos y políticas que se dieron en su momento», concluye Gándara.
Producido por Rebordelos y distribuido por La Machina, con un equipo encabezado en la producción ejecutiva por Xacio Baño y Tamara Canosa y en la jefatura de producción por Adrián Méndez, ‘360 curvas’ ha pasado por el Festival de Gijón, por Cineuropa en Santiago y por el Festival Cormorán de A Coruña y ahora aspira a obtener un Mestre Mateo. EFE
