El carbono azul almacenado en las costas de España y Portugal se ha convertido en una de las grandes reservas climáticas naturales del sur de Europa. Un estudio liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) concluye que las praderas marinas y marismas costeras de ambos países almacenan cerca de 95 millones de toneladas de CO₂, una cantidad equivalente a aproximadamente el 25 % de las emisiones anuales conjuntas registradas por España y Portugal durante 2022.
La investigación, publicada en la revista científica Marine Pollution Bulletin, advierte además que estos ecosistemas continúan capturando carbono cada año y alerta sobre las graves consecuencias ambientales que tendría su degradación. Los expertos destacan que proteger el carbono azul debe convertirse en una prioridad dentro de las estrategias climáticas internacionales, ya que la destrucción de estos hábitats podría liberar nuevamente enormes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera y acelerar todavía más el cambio climático.
Carbono azul: las praderas marinas de España y Portugal almacenan millones de toneladas de CO₂
Un estudio liderado por el CSIC confirma que las praderas marinas y marismas costeras de la península ibérica desempeñan un papel clave como grandes sumideros naturales de carbono frente al cambio climático.
Los bosques submarinos del Mediterráneo actúan como potentes sumideros capaces de retener la materia orgánica bajo el agua durante siglos. Sin embargo, el anclaje descontrolado de los barcos y el calentamiento global destruyen un entorno cuya recuperación tarda generaciones en completarse.
La lenta agonía de la vegetación costera en la península ibérica ya ha liberado millones de toneladas de gases nocivos a la atmósfera. Maltratar este entorno destruye la biodiversidad y transforma un escudo climático vital en un peligroso foco contaminante.
El enorme papel climático de las praderas marinas y marismas
El estudio sobre carbono azul representa el primer gran inventario conjunto realizado sobre las reservas de carbono acumuladas en las praderas marinas y marismas costeras de España y Portugal. La investigación fue impulsada por el Grupo Español de Expertos en Ecosistemas de Carbono Azul (G3ECA) y coordinada desde el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC).
Los investigadores analizaron un total de 1.976 kilómetros cuadrados de ecosistemas costeros, incluyendo territorios insulares españoles. El trabajo contabiliza tanto el carbono retenido por la vegetación marina como el almacenado durante siglos en los sedimentos costeros y fondos marinos.
A diferencia de otros ecosistemas terrestres, las praderas marinas tienen la capacidad de capturar y almacenar carbono durante periodos extremadamente largos. Este dióxido de carbono queda atrapado bajo capas de sedimentos donde puede permanecer aislado de la atmósfera durante cientos o incluso miles de años.
Los expertos subrayan que el carbono azul desempeña una función esencial en la regulación climática global. Aunque estos ecosistemas ocupan una superficie relativamente pequeña en comparación con bosques o selvas, su capacidad de almacenamiento por unidad de área es extraordinariamente elevada.
Además de actuar como sumideros de carbono, las marismas y praderas submarinas ofrecen múltiples beneficios ambientales, incluyendo protección costera frente a temporales, conservación de biodiversidad y mejora de la calidad del agua en zonas litorales.
Las praderas de Posidonia oceánica son claves para almacenar carbono azul
Entre todos los ecosistemas analizados, los investigadores destacan especialmente el papel de las praderas de Posidonia oceánica, una planta marina endémica del Mediterráneo considerada uno de los ecosistemas más importantes para el almacenamiento de carbono azul.
La Posidonia oceánica posee una capacidad excepcional para acumular carbono en los sedimentos marinos durante milenios. Sus densas estructuras vegetales ralentizan el movimiento del agua y favorecen la sedimentación de materia orgánica rica en carbono.
Los científicos advierten de que la recuperación de estas praderas resulta extremadamente lenta cuando sufren daños provocados por contaminación, fondeos ilegales, urbanización costera o aumento de temperaturas asociado al cambio climático.
La pérdida de praderas de Posidonia no solo implica la desaparición de biodiversidad marina, sino también la liberación progresiva del carbono acumulado durante siglos bajo el fondo marino. Este proceso convierte la degradación del ecosistema en una nueva fuente de emisiones contaminantes.
Además de almacenar carbono azul, la Posidonia desempeña funciones ecológicas fundamentales como refugio para peces, estabilización de sedimentos y protección de playas frente a la erosión costera, lo que incrementa todavía más su importancia ambiental y económica.
El deterioro de estos ecosistemas puede liberar millones de toneladas de CO₂
Los resultados del estudio revelan que la degradación histórica de marismas y praderas marinas ya ha tenido importantes consecuencias climáticas. Según las estimaciones científicas, la pérdida de superficie registrada durante el último siglo podría haber liberado entre 11 y 27 millones de toneladas de CO₂.
Los investigadores alertan además de que, si continúa el deterioro de estos hábitats costeros, podrían emitirse entre 1,3 y 5,6 millones de toneladas adicionales de dióxido de carbono en los próximos 30 años.
La destrucción de ecosistemas de carbono azul transforma estos sumideros naturales en focos emisores de gases de efecto invernadero. Esto supone un doble impacto climático: se pierde capacidad de captura de carbono y al mismo tiempo se libera el carbono acumulado durante siglos.
Entre las principales amenazas para estos ecosistemas destacan la urbanización costera, el dragado de fondos marinos, la contaminación, el turismo intensivo y el aumento de temperaturas derivado del calentamiento global.
Los expertos consideran urgente reforzar las políticas de protección y restauración ambiental para evitar daños irreversibles sobre unos ecosistemas considerados esenciales para la lucha internacional contra el cambio climático.
Los ecosistemas de carbono azul siguen capturando CO₂ cada año
A pesar de las amenazas ambientales, el estudio demuestra que las marismas y praderas marinas de España y Portugal continúan funcionando como importantes sumideros activos de carbono azul.
Los investigadores calculan que estos ecosistemas capturan anualmente alrededor de 0,15 millones de toneladas de CO₂, contribuyendo de manera constante a reducir la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
Esta capacidad de absorción convierte a las zonas costeras en herramientas naturales estratégicas dentro de las políticas de mitigación climática impulsadas por la Unión Europea y organismos internacionales.
Los científicos subrayan que proteger estos ecosistemas resulta mucho más eficiente y económico que desarrollar determinadas tecnologías artificiales de captura de carbono. Además, las soluciones basadas en la naturaleza ofrecen beneficios ecológicos adicionales imposibles de replicar mediante infraestructuras industriales.
La conservación del carbono azul también favorece la resiliencia de las costas frente al cambio climático, ayudando a reducir la erosión, amortiguar temporales y proteger comunidades humanas situadas en áreas litorales vulnerables.
El CSIC pide reforzar la conservación y restauración del carbono azul
Los autores del estudio consideran que los ecosistemas de carbono azul deben ocupar un lugar prioritario dentro de las estrategias climáticas nacionales e internacionales. Para ello, reclaman políticas de conservación más ambiciosas y programas específicos de restauración ecológica.
Los investigadores Nerea Piñeiro-Juncal y Miguel Ángel Mateo destacan que este trabajo permite evaluar por primera vez de forma conjunta el papel climático de las marismas y pr
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