MADRID, 28 de octubre de 2023 (EUROPA PRESS) – La Sociedad Española de Neurología (SEN) recuerda, con motivo del Día Mundial del Ictus que se conmemora este miércoles, 29 de octubre, que el ictus «sigue siendo una de las principales amenazas para la salud pública». Según las estadísticas, uno de cada cuatro españoles sufrirá un ictus a lo largo de su vida, posicionándolo como la segunda causa de muerte en el mundo, la segunda causa de deterioro cognitivo en la población adulta y la primera causa de discapacidad en Europa.
Según el estudio Global Burden of Disease (GBD), cada año se registran casi 12 millones de casos nuevos de ictus y más de 7 millones de fallecimientos en el mundo, cifras que han aumentado un 70% en las últimas tres décadas. En España, los datos son igualmente preocupantes, con aproximadamente 90.000 nuevos casos de ictus anuales y más de 23.000 personas que fallecen por esta causa.
Además, más del 30% de los supervivientes vive con secuelas que les provocan algún grado de discapacidad o dependencia: el ictus es la primera causa de dependencia en España.
En el ámbito económico, se estima que entre el 3% y el 4% del gasto total en atención médica en los países occidentales se debe al ictus. Este año, se prevé que más de 1,5 millones de personas sufrirán un ictus en Europa, y la tendencia sugiere que los casos irán en aumento debido al progresivo envejecimiento de la población.
El ictus se define como una enfermedad cerebrovascular que se produce cuando el flujo de sangre que llega al cerebro se interrumpe o se reduce. Existen dos tipos principales de ictus: el ictus isquémico, que representa aproximadamente el 80% de los casos, y el ictus hemorrágico, que supone el 20% restante. El primero ocurre cuando un trombo impide la llegada de sangre al cerebro, mientras que el segundo se genera por la rotura de un vaso sanguíneo en el cerebro. En ambos casos, el tiempo de actuación es crucial, según explica la doctora Mª Mar Freijo, Coordinadora del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la SEN.
Por cada minuto que pasa sin que la sangre llegue al cerebro, se pierden casi dos millones de neuronas. Por lo tanto, si se sospecha un ictus, es fundamental llamar de inmediato al 112, ya que solo una atención urgente puede minimizar las secuelas y salvar vidas.
Es importante recordar que las primeras horas desde el inicio de los síntomas son cruciales. Actuar en las primeras seis horas puede reducir las complicaciones de esta enfermedad en más de un 25%. Por ende, acudir a un hospital al presentar síntomas es vital para que los especialistas puedan diagnosticar y comenzar tratamientos, lo cual ayuda a minimizar el daño cerebral.
Desafortunadamente, solo la mitad de la población española sabe identificar los síntomas de un ictus. Entre los signos a los que se deben estar atentos están la pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en la cara, el brazo o la pierna (especialmente en un lado del cuerpo), dificultad repentina para hablar o entender, pérdida súbita de visión en uno o ambos ojos, problemas de coordinación o equilibrio, y dolor de cabeza muy intenso y repentino, distinto al habitual.
La Hipertensión, Principal Factor de Riesgo
La hipertensión arterial se identifica como el factor de riesgo más común entre los pacientes que padecen un ictus. Según el estudio internacional INTERSTROKE, está presente en aproximadamente el 64% de los casos y es responsable de más del 50% de las muertes por ictus. Su impacto se ve multiplicado cuando se asocia con otros factores de riesgo como el tabaquismo, la diabetes, el colesterol, la obesidad o la fibrilación auricular.
Por ejemplo, en personas hipertensas que además fuman, el riesgo de ictus se multiplica por seis, y si también padecen diabetes, el riesgo aumenta más de treinta veces. «El control de la presión arterial es una de las piedras angulares en la prevención del ictus. Los estudios demuestran que reducir la tensión arterial no solo disminuye el riesgo de un primer episodio o de recurrencia, sino también el riesgo de demencia y deterioro cognitivo», señala la doctora Freijo.
Se estima que casi el 90% de los casos de ictus podrían evitarse con un adecuado control de los factores de riesgo vascular y un estilo de vida saludable. Esto incluye controlar la hipertensión, el colesterol y la diabetes, así como mantener una alimentación equilibrada, evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol, y practicar ejercicio de forma regular.
La SEN enfatiza que el ictus no es una enfermedad exclusiva de personas mayores, ya que hasta un 20% de los casos se presenta en menores de 50 años. Además, la incidencia del ictus está aumentando entre adultos jóvenes debido a hábitos de vida poco saludables.
Por todo ello, consideran esenciales tanto la prevención como la educación en salud. La educación sanitaria desde edades tempranas y las campañas de concienciación continuadas son esenciales para revertir la alarmante tendencia de cifras en aumento. La doctora Freijo señala que es crucial actuar para mejorar la concienciación de la población.
