En este sentido es esencial conocer los movimientos de las aves y cómo cambian entre estaciones y evolucionan a lo largo de los años. Los ecologistas trabajan para documentar estos movimientos con el programa Migra, que desde 2011 proporciona información a través del marcaje de aves con sistemas de seguimiento remoto y otras metodologías como radares, puntos de observación directa o isótopos estables.
Desde la organización se ha puesto a disposición de la sociedad la página web migraciondeaves.org, en la que se facilita información sobre conceptos generales de la migración, los métodos utilizados, cartografía, videos interactivos, desplazamientos de las aves estudiadas y permite el acceso a publicaciones realizadas sobre las especies ya analizadas.
Cinco especies viajeras que llegan a España
Grulla común
Desde los países bálticos y Escandinavia —a más de 3.500 km— llegan cada año miles de grullas a la Península Ibérica. En España pasa el invierno entre el 60 % y el 70 % de la población europea, que se concentra en humedales como Gallocanta, Villafáfila o las dehesas y arrozales extremeños.
Aunque la tendencia de su población es positiva, gracias a las medidas de conservación en Europa, la gripe aviar (H5N1) ha causado importantes episodios de mortandad. Al ser una especie gregaria que frecuenta zonas húmedas y se agrupa en grandes bandos, es más susceptible de sufrir esta enfermedad y experimentar grandes mortalidades.
El cambio climático está modificando sus patrones migratorios, lo que hace que se estacionen durante más tiempo en países más al norte, donde encuentran alimento en épocas en las que anteriormente no lo había. La pérdida de agua en lagunas clave y la degradación de humedales son también amenazas crecientes.
Petirrojo europeo
Vuela entre 2.500 y 3.000 km desde Centroeuropa o Finlandia hasta los parques y jardines españoles, donde pasa el invierno. Es una de las aves más queridas y reconocibles, símbolo de la naturaleza urbana. Aunque no está amenazado, su presencia recuerda la importancia de mantener espacios verdes conectados, libres de pesticidas y con vegetación autóctona.
Durante estos meses, los petirrojos europeos se suman a los residentes españoles y pueden observarse en cualquier parque o zona ajardinada del país. Necesitan espacios verdes conectados con vegetación autóctona que proporcione alimentación asegurada. Estas medidas permiten que especies comunes y migratorias encuentren refugio y alimento en entornos urbanos.
Estornino pinto
Procedente de Centroeuropa, recorre unos 2.500 km para invernar en España, donde forma espectaculares bandos que dibujan coreografías en el aire al atardecer. Se presenta en invierno en toda la Península y Baleares, siendo sus zonas de invernada principales Galicia, la cornisa cantábrica, el valle del Ebro y del Guadalquivir y la costa mediterránea.
Aunque no está catalogado como amenazado y es una de las especies más abundantes de Europa, sus efectivos están disminuyendo debido a la transformación y simplificación del paisaje agrario en monocultivos. Asimismo, la contaminación lumínica en las ciudades podría estar contribuyendo a fuertes cambios en el comportamiento de muchas aves, y, en el caso de los estorninos, en la búsqueda y selección de dormideros.
Milano real
Esta rapaz, declarada en peligro de extinción en España, recorre hasta 2.500 km desde Centroeuropa para pasar el invierno en la Península Ibérica. En este periodo del año es fácilmente observable en toda la España peninsular y Baleares, siendo muy frecuente de ver sobrevolando carreteras, por lo que es probablemente la rapaz más fácil de observar en invierno, donde forma importantes dormideros, sobre todo en arboledas. En 2024 SEO/BirdLife realizó el censo nacional de esta especie, dando un total de casi 64.000 individuos, si bien el invierno siguiente la invernada bajó un 15 %.
Dada su vinculación con paisajes muy humanizados y a su dependencia de actividades como la agricultura, ganadería o la caza, se expone a diversas amenazas antrópicas que incrementan esa mortalidad. Entre ellas se encuentra el envenenamiento, las colisiones y electrocuciones con tendidos eléctricos, los atropellos, la pérdida de hábitat de nidificación y la caza ilegal.
Porrón europeo
Los porrones europeos viajan desde Alemania y Polonia hasta los humedales españoles, tras recorrer unos 2.500 km. Es fácil de observar en enclaves como el Delta del Ebro, la Albufera de Valencia, El Hondo o las marismas del Guadalquivir. Esta especie, vulnerable en Europa, necesita humedales relativamente profundos al ser un pato buceador, con buena calidad de vegetación acuática, tanto sumergida como emergente, por lo que es sensible a la calidad de las aguas.
Los ecologistas han puesto de manifiesto que estos humedales mediterráneos se encuentran entre los más amenazados, en una de las conclusiones del informe Humedales ante un futuro incierto. Análisis sobre el estado de conservación de las zonas húmedas en España identifican que el 76 % de los tipos de hábitats de interés comunitario vinculados a zonas húmedas presenta un estado de conservación desfavorable y que urge aplicar los compromisos del Reglamento sobre restauración de la naturaleza y el Plan Estratégico de Humedales a 2030.
Los porrones y otras anátidas también se ven afectadas por el plumbismo, debido al consumo de plomos acumulados en los fondos a lo largo de las décadas, si bien el uso de munición con este metal ya está prohibido en zonas húmedas. Además, les afecta la contaminación, la caza y la mala gestión hídrica de los humedales. Al ser una especie cinegética en varias comunidades autónomas y siendo sus poblaciones invernantes las que están amenazadas, debería listarse en el Listado de Especies en Régimen de Protección Especial e impedir, de forma permanente, su caza, para contribuir a su conservación en Europa.
Migrar para sobrevivir, conservar para que sigan llegando
Los ecologistas reclaman medidas urgentes para frenar el cambio climático y proteger a las aves, subrayando la necesidad de reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero y alinearse con los objetivos del Acuerdo de París. La organización destaca la importancia de preservar y restaurar ecosistemas clave, como humedales, bosques y zonas costeras, que proporcionan refugio y alimento a las aves migratorias, así como de proteger los mares frente a la degradación y la sobreexplotación.
Además, se señala que es fundamental adoptar modelos de gestión adaptativa de nuestros espacios naturales para facilitar que las especies puedan ajustar sus rutas migratorias y períodos de reproducción frente a los efectos del cambio climático, así como integrar la conservación de la biodiversidad en el resto de políticas sectoriales y en la planificación territorial.
Para detener la pérdida de biodiversidad causada por la agricultura intensiva y las ciudades no sostenibles, entidades ambientalistas, a través de numerosos proyectos demostrativos, promueven la renaturalización de las ciudades y la aplicación de prácticas agrícolas compatibles con la naturaleza, restaurar mosaicos de hábitats, conservar setos, riberas y áreas forestales, y limitar el uso de pesticidas y fertilizantes químicos.
Asimismo, reclaman diseñar ciudades más verdes y conectadas, con parques, jardines y corredores ecológicos que permitan a las aves y otras especies sobrevivir en entornos urbanos, garantizando que la expansión urbana y las infraestructuras no fragmenten ni destruyan sus hábitats esenciales.
Las aves migratorias
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