La formación del suelo es un proceso lento y variable que depende de diversos factores. Se estima que, a escala humana, para crear un centímetro de suelo se requieren aproximadamente 100 años. Esta cifra ilustra la importancia de conservar el suelo, dado que su recuperación puede tardar siglos, lo que lo convierte en un recurso no renovable.
Desertificación y Degradación del Suelo
¿Qué es la desertificación?
La desertificación es un proceso de degradación total del suelo que ocurre de manera específica en regiones áridas, donde la escasez de lluvia tiene graves repercusiones para la biodiversidad. En este contexto, el suelo desempeña un papel crucial, ya que el fenómeno se retroalimenta a sí mismo.
Cuando la lluvia escasea en un territorio, la vegetación disminuye y, por consiguiente, se reduce la entrada de materia orgánica al suelo. Sin suficiente materia orgánica, el suelo se compacta y pierde su estructura porosa, lo que disminuye su capacidad de infiltración de agua. Esto provoca la erosión y la pérdida de materia orgánica en la capa superior del suelo.
El escaso agua que precipita no logra infiltrarse y, por lo tanto, no es aprovechable ni por la limitada vegetación existente, lo que a su vez reduce los aportes de materia orgánica. Aunque este proceso ha ocurrido naturalmente en respuesta a cambios climáticos históricos, la desertificación se está acelerando a nivel global debido a la actividad humana y al actual cambio climático.
Entre los principales factores que contribuyen a la desertificación en la península Ibérica se encuentran:
- Incremento de la aridez y fenómenos meteorológicos adversos, como sequías y lluvias torrenciales, relacionados con el cambio climático.
- Disminución generalizada de la rentabilidad en muchas actividades agropecuarias y forestales.
- Intensificación de los sistemas agrícolas: expansión de regadíos y cultivos leñosos en zonas marginales o cultivos anuales sin una gestión sostenible.
- Aumento de la demanda de agua para uso agrícola, tanto subterránea como superficial, en diversas cuencas de España.
- Abandono de la agricultura de secano y de sistemas agrosilvopastoriles.
- Desatención de prácticas de conservación de suelos y agua, especialmente en sistemas agrarios intensivos.
- Falta de gestión en áreas forestales.
- Aumento del riesgo de incendios por la proliferación de biomasa vegetal.
- Ocupación de suelos productivos por expansión urbana, uso industrial y desarrollo de infraestructuras.
- Despoblación en zonas rurales y pérdida de capital humano, lo que complica la implementación de medidas sostenibles y el mantenimiento del conocimiento local sobre conservación.
- Desvinculación creciente de sistemas de producción primaria respecto a los recursos territoriales, incluyendo su dimensión cultural y emocional.
¿Es irreversible la desertificación?
La desertificación puede revertirse a través de planes a largo plazo que se concentren en aumentar la vegetación local. Los ejemplos exitosos incluyen la restauración de terrenos desertificados mediante la plantación de especies adaptadas a condiciones áridas.
Estas iniciativas buscan reactivar el ciclo de materia orgánica, mejorar la resistencia a la erosión y optimizar la retención de agua del suelo durante las precipitaciones, lo que facilitaría el regreso de especies menos resistentes.
Adicionalmente, a nivel local, se pueden realizar intervenciones en la topografía, como la creación de terrazas o la implementación de la técnica de keyline, que busca maximizar la captación de agua en áreas específicas mediante la construcción de canales, balsas o incisiones en el suelo.
