La ONU ha lanzado una alerta sobre una crisis global del agua que afecta a más de 2.000 millones de personas, un tema que será crucial en la próxima COP30, donde se debe definir la financiación y hoja de ruta para el ODS 6.
El ascenso de las temperaturas, el crecimiento demográfico y el desarrollo económico han provocado en los últimos cien años un aumento de la demanda de agua, un recurso que escasea por las sequías o se encuentra más degradado por la contaminación, afectando a más de 2.000 millones de personas en el mundo.
Estos temas estarán sobre la mesa en la COP30 de Brasil, que tendrá lugar en un contexto crítico, con solo tres años restantes para finalizar el Decenio Internacional ‘Agua para el Desarrollo Sostenible’, iniciado en 2018. Este programa busca proporcionar acceso a agua segura y saneamiento a 2.200 millones de personas, según un informe reciente sobre el Desarrollo de los Recursos Hidrológicos de Naciones Unidas.
Recientemente, Madrid albergó la Reunión de Ministros de Sanitation and Water for All (SWA), convocada por Unicef y organizada por el Gobierno de España. En esta reunión se planteó la integración de políticas de agua y saneamiento en los marcos nacionales e internacionales, con el objetivo de “crear resiliencia, desarrollo y justicia social”.
Calificado como un paso histórico por la vicepresidenta tercera y ministra española para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, Sara Aagesen, el Pacto de Alto Nivel de Líderes sobre Seguridad Hídrica y Resiliencia, o Compromiso para la Acción de Madrid, fue descrito como un llamamiento a integrar el agua, el saneamiento y la adaptación climática en una misma agenda global.
El agua es un derecho básico, recogido en el listado de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) con el número 6; sin embargo, sigue siendo una asignatura pendiente en la agenda de derechos humanos. Actualmente, el crecimiento de la población, la urbanización y las necesidades de sectores como la industria y la agricultura han incrementado la demanda por el recurso.
Cambio Climático, Sequías y Contaminación: El Cóctel Perfecto de la Emergencia Hídrica Mundial
La escasez de agua se agrava con el ascenso de temperaturas y los largos periodos de sequía en diversas zonas del planeta. El deshielo de los glaciares -reservas vitales de agua- y la contaminación por el tratamiento inadecuado de aguas residuales industriales, agrarias y domésticas agravan la situación.
Pedro Arrojo, relator Especial de Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos al Agua Potable y al Saneamiento, destaca que estamos ante “una crisis global del agua”, y resalta la paradoja de que, en un planeta que se conoce como el “planeta agua”, más de 2.000 millones de personas carecen de acceso garantizado al agua potable.
“Quienes carecen del recurso son personas extremadamente empobrecidas que viven junto a ríos o acuíferos contaminados, a menudo con productos tóxicos, o cuyas aguas son acaparadas por poderosos actores para sus actividades económicas”, señala.
Según un informe de Naciones Unidas en colaboración con la Universidad de Oxford, casi ocho de cada diez personas viven en situación de pobreza multidimensional, lo que implica que están expuestas a amenazas climáticas como temperaturas elevadas, inundaciones, sequías y contaminación.
La transición de los Objetivos del Milenio hacia los ODS en 2015 implicó que los servicios de abastecimiento de agua y saneamiento deben abordarse tomando en cuenta la gestión del agua y la protección de los ecosistemas.
De cara al 2030, los expertos indican que es necesario alinear el ODS 6 con el Acuerdo de París y asegurar que los servicios sean resilientes, considerando la adaptación y mitigación climáticas.
Ante esta realidad, Arrojo subraya la necesidad de desarrollar planes de adaptación al cambio climático que fortalezcan la resiliencia ambiental y social, con estrategias de planificación hidrológica, territorial y urbanística para minimizar los impactos de los riesgos.
Este objetivo será posible si se concreta la Nueva Meta Colectiva Cuantificada (NCQG), acordada en la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP29) en Bakú, que busca movilizar 300.000 millones de dólares anuales para 2035 desde los países desarrollados hacia la financiación de la acción climática en países en desarrollo.
En la próxima COP30 en Belém (Brasil), se deberá elaborar una hoja de ruta para esos desembolsos, buscando alcanzar un total de 1,3 billones de dólares para 2035.
