
MADRID, 13 de junio – Correr protege el corazón y reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular. Sin embargo, las maratones pueden presentar una historia más compleja. Una revisión de 69 estudios indica que estas pruebas provocan cambios inmediatos en el corazón y elevan biomarcadores asociados al estrés cardíaco. No obstante, los científicos todavía desconocen si se trata de una respuesta normal al esfuerzo extremo o una señal de posibles efectos adversos a largo plazo.
Los cambios en el corazón al correr maratones varían según la edad, el sexo y el nivel de entrenamiento, según una síntesis de datos publicada por el Centro Médico Universitario de Ámsterdam (Países Bajos). Los hallazgos sugieren que no está claro si estos cambios son respuestas fisiológicas normales al ejercicio de resistencia o si son adaptaciones a largo plazo potencialmente perjudiciales. Este trabajo ha sido publicado en la revista de acceso abierto ‘BMJ Open Sport & Exercise Medicine’.
¿Respuesta Normal o Posible Señal de Riesgo?
Se ha comprobado que tanto niveles bajos como extremadamente altos de ejercicio pueden aumentar el riesgo de muerte. Los investigadores señalan que el ejercicio de resistencia provoca cambios agudos en la función cardíaca y un aumento de sustancias que indican daño tisular e inflamación. Es incierto si estos cambios son respuestas fisiológicas transitorias normales a las exigencias que se imponen al corazón o si son indicadores tempranos de adaptaciones dañinas a largo plazo.
Para profundizar en el asunto, los investigadores revisaron bases de datos en busca de estudios relevantes publicados en inglés hasta abril de 2025, que compararan los efectos de correr una maratón en el corazón antes y después del evento. Analizaron tres biomarcadores que indican estrés en la pared cardíaca o daño en el miocardio, y los resultados de ecografías y resonancias magnéticas del corazón.
Los tres biomarcadores analizados fueron: troponina T cardíaca (cTnT), troponina I cardíaca (cTnI) y péptido natriurético tipo B N-terminal (NT-proBNP). Se seleccionaron 69 estudios que comprendían a 3.274 participantes, principalmente hombres (73%), con edades entre 27 y 63 años, para la revisión sistemática, y 49 se incluyeron en el análisis de datos combinados.
Los Marcadores de Estrés Cardíaco Aumentan Tras la Carrera
El análisis demostró que los tres biomarcadores aumentaron de manera constante durante la primera hora posterior a la finalización de una maratón, superando los umbrales clínicos comúnmente utilizados para diagnóstico de lesión miocárdica, isquemia y/o insuficiencia cardíaca.
Además, se observaron cambios en el volumen de las cavidades cardíacas y en la dinámica de bombeo del corazón, incluyendo la fracción de eyección del ventrículo izquierdo, que mide la cantidad de sangre bombeada desde la principal cavidad de bombeo del corazón con cada latido. Sin embargo, estos cambios se consideraron menores y no clínicamente significativos. No se detectaron otros cambios relevantes en las resonancias magnéticas, lo que sugiere que correr maratones no provoca evidencia visible de lesión estructural en el miocardio.
Aún No Está Claro Si Estos Cambios Son Beneficiosos o Perjudiciales
Los cambios en los biomarcadores y en los hallazgos ecocardiográficos variaron dependiendo de los tiempos de carrera, la edad, el sexo y el nivel de entrenamiento. Los investigadores también reconocen limitaciones en su estudio. En particular, destacan que la mayoría de los participantes eran hombres y que las mujeres podrían tener respuestas cardiovasculares diferentes a las maratones, tanto a corto como a largo plazo. Además, la información sobre el nivel de entrenamiento, un factor que podría influir, fue inconsistentes en los estudios revisados.
Varios de los estudios incluidos mostraron un alto riesgo de sesgo, lo que indica que las metodologías pueden mejorar. «Nuestros hallazgos confirman y cuantifican las elevaciones de biomarcadores cardíacos y las alteraciones en la función ventricular que ya se habían reportado después de una maratón. Sin embargo, la relevancia clínica de estos cambios aún no es clara», agregan los investigadores.
Por último, subrayan que «aún existe la posibilidad de que aparezcan consecuencias patológicas en individuos susceptibles o en aquellos con participaciones repetidas en eventos de resistencia extrema». Se requieren estudios a largo plazo bien diseñados y de grupos diversos que incluyan sexo y etnia, para determinar si estos efectos constituyen respuestas fisiológicas a niveles extremos de ejercicio o reflejan indicadores tempranos de remodelación cardíaca patológica.»
