MADRID, 11 de octubre de 2025 – La psicóloga Silvia Morales, especialista en el área infanto-juvenil y adulto del hospital Hospiten Roca (Las Palmas), ha asegurado que aplazar deliberadamente tareas importantes, lo que se conoce como procrastinar, «no es una mala gestión del tiempo, sino una mala gestión emocional» que puede afectar de forma significativa al bienestar.
Según Morales, procrastinar se origina en la incapacidad para lidiar con la incomodidad que sentimos al realizar ciertas actividades. Esta incomodidad puede ser incentivada por la suma de factores emocionales y psicológicos, que pueden incluir desde el miedo al fracaso, la ansiedad, la depresión, hasta la falta de ilusión o el perfeccionismo.
La especialista enfatizó que procrastinar «no es solo flojera o pereza», sino una respuesta del cerebro que busca evitar el malestar activando el sistema de recompensas inmediatas. Estos premios instantáneos pueden encontrarse en actividades fáciles, como navegar por redes sociales, ver vídeos o comer dulces.
Morales también explicó que esta respuesta tiene una explicación científica: la amígdala, que se encarga del control del miedo y la ansiedad, se sobreactiva cuando percibe que algo es una amenaza. Al mismo tiempo, la corteza prefrontal, responsable de controlar los impulsos, comienza a desactivarse. Esto lleva al cerebro a elegir realizar actividades más fáciles y placenteras.
CÓMO HACER FRENTE A LA PROCRASTINACIÓN
La psicóloga ha propuesto diversas estrategias para abordar esta mala gestión emocional. Entre sus recomendaciones destacan:
- Dividir las tareas en pequeños pasos.
- Establecer plazos específicos para las tareas.
- Eliminar distracciones, como las redes sociales.
- Comenzar las tareas a pesar de no tener ganas.
Además, ha sugerido que puede ser beneficioso cambiar de ambiente y mantenerlo siempre organizado, evitando objetos que puedan distraer. También es crucial dejar de lado los pensamientos limitantes que el cerebro envía, como «no sirves para eso» o «eres incapaz». Morales recomienda hablarse a uno mismo desde el cariño y encontrar el propósito o sentido de la vida.
«Debemos realizar aquellas actividades que resultan agradables y que, al realizarlas, el tiempo pasa rápidamente. Esto es lo que nos apasiona y para lo que estamos naturalmente inclinados. En definitiva, se trata de hacer lo que nos hace felices,» destacó la especialista.
Finalmente, Morales subrayó que cada persona debe buscar en su interior para identificar su propósito y encontrar la motivación y la ilusión que den sentido a su día a día, cumpliendo así con la necesidad de autorrealización. Remarcó que no se puede esperar a «tener ganas», sino que hay que esforzarse y obligarse a actuar.
En su conclusión, afirmó que después del esfuerzo o del sobresfuerzo, sobreviene la ilusión y la motivación. Este proceso es imprescindible para no dejar abierta la puerta a la inacción, la apatía o la desgana, es decir, a la procrastinación.
