La borrasca de alto impacto Marta llega en un momento crítico, cuando España y Portugal aún no se han recuperado del paso de la borrasca Leonardo, lo que ha llevado a un encadenamiento de seis grandes temporales en apenas tres semanas. Esta situación ha provocado la evacuación de miles de personas y desbordamientos de ríos, lo que resalta la necesidad urgente de una gestión proactiva frente a estas crisis meteorológicas.
Greenpeace ha advertido que la actual gestión sigue centrada en reaccionar ante la emergencia, ignorando medidas de prevención y la restauración de la naturaleza como defensa eficaz contra el cambio climático.
Borrasca de alto impacto y el colapso de la prevención
Greenpeace alerta de que cada borrasca de alto impacto agrava los daños por falta de prevención real.
Ríos encajonados y territorios impermeabilizados
Se va Leonardo y viene Marta, marcando la sexta borrasca de alto impacto en las últimas tres semanas. Este encadenamiento de eventos meteorológicos en España y Portugal deja a su paso una estela de agua, destrucción y sufrimiento.
En medio de todo este caos, Greenpeace subraya la importancia de invertir en prevención para evitar futuras catástrofes. Esto incluye la mejora continua de protocolos y alertas, así como la recuperación de ecosistemas para garantizar que la naturaleza actúe como aliada en la resiliencia del territorio.
Crisis climática y eventos extremos encadenados
A medida que los eventos meteorológicos extremos se vuelven más evidentes e intensos debido al cambio climático, la organización recuerda la importancia de abordar el origen del problema y mitigar la crisis climática mediante una reducción drástica de las emisiones de CO2 y una transición rápida y justa alejada de los combustibles fósiles.
<pLos impactos de la borrasca Leonardo, que ha ocasionado desbordamientos en la cuenca del Guadalquivir y la saturación del acuífero de Grazalema, han resultado en la evacuación de miles de personas. Greenpeace también ha señalado la necesidad de adoptar medidas urgentes de adaptación frente a las precipitaciones intensas que se han vuelto comunes.
La alteración hidromorfológica de los ríos ha transformado muchos de ellos en canales rígidos de hormigón, impidiendo así que el agua disminuya su velocidad de forma natural. Al eliminar llanuras de inundación y riberas para construir infraestructuras o viviendas, se ha destruido la «esponja» natural del territorio.
“Mientras sigamos encajonando los ríos y ocupando sus zonas de expansión, cada borrasca de alto impacto seguirá poniendo en riesgo miles de vidas en áreas que nunca debieron ser urbanizadas. Un año después de la peor DANA de la historia de España, recordamos que más de 2.700.000 personas siguen viviendo en zonas con alto riesgo de inundación”, ha señalado Elvira Jiménez, responsable de la campaña de adaptación al cambio climático en Greenpeace.
La naturaleza como escudo frente a inundaciones
Greenpeace denuncia que la gestión actual sigue atrapada en un ciclo de reacción ante la emergencia, olvidando que la verdadera seguridad proviene de una planificación preventiva.
Es imprescindible llevar a cabo una revisión obligatoria y urgente de todos los planes de ordenación urbana para incorporar informes de inundabilidad actualizados y vinculantes que declaren las zonas de riesgo como no urbanizables, protegiendo así a la población antes de que se presente la próxima borrasca.
En esta evaluación del riesgo, también deben ser consideradas las zonas con especial riesgo de inundación pluvial, como ha evidenciado el caso de Grazalema.
“No podemos seguir permitiendo que se construya o se reconstruya en zonas de riesgo ni ignorar que el 75% de España está en peligro de desertificación, lo que hace que los suelos, cuando finalmente llueve de forma torrencial, sean incapaces de absorber el agua”, señala Julio Barea, doctor en Hidrogeología y portavoz de Greenpeace.
Del hormigón a la transición hidrológica
Como alternativa y solución estructural, Greenpeace propone la implementación inmediata de soluciones basadas en la naturaleza y el cumplimiento estricto del Reglamento de Restauración de la Naturaleza de la UE.
Restaurar ecosistemas como humedales, riberas de ríos, llanuras de inundación y masas forestales a lo largo de los cauces, incluso en entornos urbanos, es clave para que las inundaciones causen menos daños, permitiendo que el agua encuentre vías de escape naturales que no pongan en riesgo a personas, infraestructuras o servicios básicos.
Es urgente que las administraciones cambien su enfoque de la política del hormigón hacia una transición hidrológica justa, que recupere la salud de los acuíferos y devuelva a los ríos su libertad de movimiento.
