La innovación en el campo de las baterías ha alcanzado un nuevo hito. Lizundia, investigador y profesor de la Escuela de Ingeniería de Bilbao de la Universidad del País Vasco (EHU), afirma que «¿Es posible hacer una batería para nuestro teléfono móvil que, una vez usada, se pueda enterrar en el jardín como abono? La respuesta es clara: sí, es posible».
Materiales naturales frente a litio y polímeros fósiles
Este científico, profesor de Ingeniería de Nuevos Materiales de la EHU e investigador principal del grupo ‘Life Cycle Thinking Group’, ha sido reconocido desde 2020 por la Universidad de Stanford como uno de los dos por ciento de los científicos más influyentes del mundo en el ámbito de los polímeros, según reporta la universidad pública vasca.
Lizundia explica que su grupo ha desarrollado una innovadora batería compostable para móviles, fabricada con zinc y materiales naturales como algas y celulosa. Este proyecto se ha realizado en colaboración con la Escuela Politécnica de Zúrich y la Universidad de Nueva Gales del Sur.
El principal reto de esta investigación ha sido lograr que estos componentes orgánicos soporten los ciclos de carga y descarga sin perder eficiencia técnica.
Aunque su capacidad energética aún no alcanza la de las baterías de litio convencionales, este avance representa un «hito crucial hacia una electrónica sostenible y libre de residuos tóxicos», según ha destacado Lizundia.
Además, el equipo ha desarrollado un sistema innovador que utiliza serrín modificado para limpiar microplásticos del agua, aprovechando la capacidad de este material para atraer y atrapar partículas contaminantes.
Del residuo tóxico al abono biodegradable
El residuo resultante de este proceso, una mezcla de serrín y microplásticos, se transforma en láminas para fabricar mobiliario, como mesas o asientos. De esta manera, se elimina la necesidad de utilizar adhesivos tóxicos como el formaldehído.
El investigador ha señalado que solo el 12 % de la economía actual es circular. Y ha defendido el ‘upcycling’ (supra-reciclaje) como la estrategia del futuro.
Este modelo, a diferencia del reciclaje convencional, transforma los residuos en materiales con propiedades y valor superiores a los del producto original, mediante procesos térmicos o mecánicos. Un ejemplo de esto son las conversiones de botellas de plástico ordinarias en componentes fluorescentes para pantallas digitales o en adhesivos de alta tecnología.
Upcycling y economía circular como horizonte industrial
Lizundia ha advertido, a través de ‘EHUpodcast’, que para que estos avances lleguen al «día a día» no basta con la ciencia, ya que se requiere financiación pública, el firme compromiso de las empresas y la responsabilidad de los consumidores.
La investigación de esta batería biodegradable para móviles también ha dado lugar a un sistema que utiliza serrín modificado para eliminar microplásticos del agua, convirtiendo posteriormente los residuos en paneles para muebles sin adhesivos tóxicos, lo que impulsa la reutilización sostenible de materiales.
El investigador enfatiza que solo el 12 % de la economía actual es circular y argumenta que estos sistemas de reciclaje deben estar respaldados por financiación pública y el compromiso empresarial. Además, la responsabilidad del consumidor es clave para incorporar estas innovaciones a la vida cotidiana.
