
MADRID, 30 Abr. (Europa Press) – Investigadores de Johns Hopkins Medicine (Estados Unidos) han demostrado con éxito que alterar una estructura ocular, que se pensaba que bloqueaba el crecimiento y la supervivencia de las células nerviosas trasplantadas, puede ayudar a restaurar la visión en personas con daño en el nervio óptico.
La revista ‘Science Translational Medicine’ publicó un informe sobre los experimentos financiados por los Institutos Nacionales de la Salud, utilizando animales, células madre y tejido ocular donado. Este informe sugiere que alterar o eliminar una fina capa de tejido llamada membrana limitante interna, la cual separa el tejido retiniano sensible a la luz en la parte posterior del ojo del líquido vítreo gelatinoso que llena el ojo, puede favorecer la supervivencia y crecimiento de las células ganglionares de la retina (CGR) que han sido trasplantadas a personas con daño en el nervio óptico, que provoca ceguera.
Este tipo de daño, conocido como neuropatía óptica, ocurre cuando las células ganglionares de la retina mueren debido a enfermedades, inflamaciones o lesiones, dejando de transmitir señales eléctricas al cerebro. Las causas comunes de este daño incluyen el glaucoma, la inflamación del nervio óptico (neuritis óptica) y la neuropatía óptica isquémica, que resulta en una pérdida repentina del flujo sanguíneo al nervio óptico.
El investigador principal, Thomas Vincent Johnson III, profesor titular de Oftalmología en el Instituto Oftalmológico Wilmer de Johns Hopkins, explica que es posible cultivar células ganglionares de la retina humanas sanas y funcionales en un laboratorio, pero la mayoría mueren al ser trasplantadas. «Incluso cuando las células ganglionares de la retina sobreviven, permanecen en la superficie de la retina y no migran al interior del tejido ni forman las conexiones necesarias con otras células nerviosas para detectar la luz», destaca Johnson.
Los investigadores en el campo de la restauración de la visión han especulado sobre la posibilidad de que la membrana limitante interna, presente en muchos vertebrados, incluidos los humanos, esté causando fallos en los trasplantes. Sin embargo, la falta de pruebas sólidas en organismos vivos ha impedido descartar otras posibles causas.
Los investigadores partieron de roedores inmunodeprimidos y inyectaron células ganglionares de la retina humana (hRGC), cultivadas en laboratorio, en el humor vítreo de ratones con una mutación genética congénita que provocaba la formación de una membrana limitante interna incompleta y discontinua. Posteriormente, inyectaron las hRGC en un segundo grupo de ratones que habían sido tratados con una solución enzimática, conocida por digerir parcialmente la membrana sin dañar el ojo. Un tercer grupo de control fue tratado con una solución estéril inactiva.
Tras dos semanas, los investigadores observaron una tasa de supervivencia del trasplante del 95 % en los ojos con el defecto estructural congénito (45/50), del 80 % en aquellos con la membrana alterada enzimáticamente (32/40) y del 75 % en el grupo de control (12/16).
Además, rastrearon dónde se asentaron y crecieron las células ganglionares de la retina humana supervivientes en los ratones. Notaron que un porcentaje mucho mayor alcanzó la capa de células ganglionares de la retina (la estructura primaria responsable de la visión) en los ratones nacidos con una membrana limitante interna irregular y en aquellos tratados con la enzima.
Al capturar imágenes 3D de las células migradas, los investigadores encontraron que el 2 % (con un margen de error del 0,6 %) y el 7,1 % (con un margen de error del 1,6 %) de las células supervivientes en los ojos tratados con enzimas y mutantes, respectivamente, maduraron para formar dendritas. Estas estructuras permiten a las células nerviosas comunicarse y procesar la información lumínica. En contraste, la migración y la maduración solo se produjeron en el 0,01 % de las células ganglionares de la retina humana del grupo de control supervivientes.
La realización de experimentos similares en ojos de mayor tamaño y tejido ocular donado replicó los hallazgos del grupo, lo que demuestra que la membrana limitante interna constituye, en efecto, un obstáculo estructural para el reemplazo neuronal. Los investigadores también establecieron un procedimiento quirúrgico para el trasplante de células ganglionares de la retina que podría utilizarse en ensayos clínicos, impulsando así posibles métodos para restaurar la visión en personas con neuropatía óptica.
A pesar de los resultados prometedores del estudio, Johnson advierte que aún se necesita más trabajo antes de que sus hallazgos experimentales puedan aplicarse a las personas. «Sabemos que nuestros métodos son eficaces, pero desconocemos si la eliminación completa de la membrana limitante interna beneficia o perjudica a las células ganglionares de la retina a largo plazo», señala Johnson. «Probablemente pasarán varios años antes de que nuestros hallazgos estén disponibles como terapia experimental, pero los métodos que hemos desarrollado servirán de guía para el futuro de este campo».
