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Durante cuatro décadas, pediatras y padres han vigilado con temor el aumento del Índice de Masa Corporal (IMC) en niños de 6 años, creyendo que era una señal temprana de obesidad. Sin embargo, un estudio revolucionario de la Universidad del Este de Finlandia acaba de desmantelar esta teoría de 1984.
El error de los 42 años: por qué el IMC engañó a la medicina
La investigación, que se presentará en el Congreso Europeo sobre Obesidad, demuestra que este cambio no es grasa, sino un proceso natural de fortalecimiento muscular. Es hora de dejar de medir el peso y empezar a mirar la cintura: la clave para la salud infantil ha cambiado.
Este nuevo trabajo de la Universidad del Este de Finlandia, Kuopio, refuta una teoría de hace 42 años sobre por qué el IMC de los niños disminuye después de la infancia para luego aumentar continuamente a partir de los seis años (el llamado ‘rebote de adiposidad’). En lugar de disminuir la grasa corporal, se propone que la verdadera razón es el aumento de la masa muscular.
El estudio se presentará en el Congreso Europeo sobre Obesidad de este año en Estambul, Turquía (del 12 al 15 de mayo) y se publica en The Journal of Nutrition. Refutar la existencia del «efecto rebote de la adiposidad» es importante porque, desde que se propuso la teoría, algunos médicos, incluidos pediatras, han creído que es un fenómeno real y que es posible intervenir con cambios en el estilo de vida para prevenir o mitigar su efecto.
En 1984, ya se propuso el concepto de «rebote de adiposidad» en un artículo publicado en The American Journal of Clinical Nutrition. El trabajo definió el rebote de adiposidad y la relación entre la edad en la que se produce dicho rebote y el IMC final (a los 16 años). Sus autores demostraron que un rebote temprano (antes de los 5,5 años) se asocia con un mayor nivel de adiposidad que un rebote tardío (después de los 7 años). Algunos estudios posteriores confirmaron este hallazgo.
En detalle, al nacer, el IMC del niño aumenta rápidamente durante el primer año, luego comienza a descender hasta alcanzar su nivel más bajo alrededor de los 4 años y posteriormente vuelve a subir. A los 6 años, el niño recupera el mismo IMC que tenía a los 2 años. Este «rebote» se da en todos los niños. Sin embargo, el momento o la edad en que se produce este descenso del IMC en la primera infancia se ha asociado con el riesgo de obesidad en la edad adulta.
Los expertos han planteado la hipótesis y realizado simulaciones de que, si el IMC desciende demasiado pronto, también aumentará demasiado pronto, y terminará siendo más elevado en aquellos casos en los que el aumento sea prematuro.
En todos los niños que llegan a la edad adulta también se producen otros procesos biológicos, como la pubertad. Sin embargo, la pubertad precoz se ha asociado con riesgos para la salud biológicamente plausibles, a diferencia del ‘rebote de adiposidad’.
El índice cintura-estatura (WHTR): la nueva regla de oro
Andrew Agbaje, médico y profesor asociado de epidemiología clínica y salud infantil en la Universidad del Este de Finlandia y autor del trabajo, explica: «La pubertad es un momento clave en la biología humana que transforma todo el organismo, pero el rebote de adiposidad no lo es; se trata de un proceso de crecimiento natural, independiente de cualquier problema, ya sea un rebote temprano o tardío. Por lo tanto, las asociaciones previas que relacionaban el rebote de adiposidad temprano, basado en el IMC, con la obesidad en la edad adulta son análisis engañosos. Las asociaciones estadísticamente positivas no siempre implican plausibilidad biológica».
En las últimas décadas se han realizado varios ensayos sobre este fenómeno que, según las nuevas pruebas del profesor Agbaje, es inexistente.
En este nuevo ensayo controlado aleatorizado, que comenzó a los 7 meses de edad y se prolongó hasta los 20 años, se introdujo en la infancia una dieta cardiosaludable, caracterizada por una baja ingesta proporcional de grasas saturadas y colesterol, mediante asesoramiento dietético y sesiones
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