Noruega se ha convertido en un referente mundial en la reducción de emisiones contaminantes. Este pequeño país escandinavo, conocido por sus paisajes naturales y su riqueza en recursos, ha logrado un hito significativo: la eliminación casi total de los coches de gasolina y diésel en nuevas ventas. ¿Cómo ha conseguido Noruega transformar su movilidad y convertirse en un líder en la adopción del coche eléctrico?
Un país que hace historia
El protagonista de este logro es, sin duda, Noruega, el país que ha encontrado una forma ingeniosa de extraer energía de la nieve y ha dicho adiós a la contaminación, reemplazando los coches de combustión por vehículos eléctricos. Sin embargo, el éxito noruego no se basa en la prohibición de coches de gasolina, sino en una estratégica implementación que hizo que los coches eléctricos fueran más económicos y accesibles para todos.
Una de las herramientas clave en esta transformación fue el apoyo financiero. Durante mucho tiempo, Noruega eliminó el impuesto del 25% de IVA que se aplica a los coches de gasolina. Esto ha significado un ahorro significativo para los compradores de coches eléctricos, alentando así su adquisición.
Jens Stoltenberg, el ministro de Finanzas, ha confirmado que el objetivo de alcanzar una movilidad más sostenible está en vías de cumplirse. Sin embargo, ahora el Gobierno ha decidido que es momento de empezar a eliminar gradualmente estos beneficios. Desde 2023, se ha establecido un límite para comenzar a cobrar el IVA en coches de superlujo.
Para 2026, se prevé reducir este límite, afectando a modelos populares de gama media como el Tesla Model Y y el Volkswagen ID.4. La intención es deshacerse completamente de las exenciones fiscales para 2027.
Esta medida ha generado un debate considerable, ya que todavía siete de cada diez coches que circulan por las calles noruegas son de gasolina o diésel. Grupos de presión se oponen a estos cambios, pero el gobierno justifica que necesita recuperar el dinero que anteriormente concedía en forma de exenciones fiscales.
La paradoja de Noruega
Lo más irónico de esta situación es que Noruega, a pesar de ser uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo, ha optado por una transición ecológica efectiva. La riqueza del país proviene de la venta de combustibles fósiles, y esos ingresos se utilizan para financiar los descuentos y la transición ecológica de sus mismos ciudadanos.
Esto implica que, aunque los noruegos consumen menos petróleo en sus coches, el petróleo que venden aumenta su riqueza a través del fondo soberano del país. Así, la revolución del coche eléctrico no sólo purifica el aire de sus ciudades, sino que también enriquece aún más a la nación.
La total desaparición de los coches de gasolina en las nuevas ventas de Noruega este año es una clara muestra de que la voluntad política, sumada a la inversión económica, puede transformar la movilidad en un periodo de tiempo récord. Noruega está en camino de lograr un sector del transporte de pasajeros con emisión de «cero» gases contaminantes para el año 2025, un avance que podría tomar varias décadas en otros países, como España, aunque su progreso en otros aspectos innovadores es indiscutible.
