
MADRID, 10 jun. (EDIZIONES) – Plásticos, cosméticos, productos de limpieza, muebles o materiales de construcción forman parte de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, algunos de estos elementos contienen sustancias químicas capaces de interferir en el funcionamiento hormonal del organismo, conocidas como disruptores endocrinos. Aunque todavía quedan preguntas por responder, la evidencia científica acumulada en las últimas décadas ha llevado a los expertos a advertir de su posible relación con las alteraciones menstruales, los trastornos hormonales y los problemas de fertilidad.
¿Qué se sabe realmente sobre estos compuestos? ¿Dónde se encuentran? ¿Y qué medidas pueden adoptar las mujeres que desean quedarse embarazadas para reducir su exposición? Analizamos en Salud Infosalus la evidencia científica y las recomendaciones actuales sobre el tema con un referente en el estudio de los disruptores endocrinos, el doctor Nicolás Olea, coordinador del Grupo de Endocrinología y Medio Ambiente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), a quien entrevistamos en este reportaje.
El doctor Olea alerta de que la información disponible actualmente sobre la exposición de la mujer a los disruptores endocrinos y su influencia en esta esfera «es más que suficiente» para poner en marcha mecanismos de información y de prevención de la exposición. «No perdemos nada y la población ganará mucho. Es más que suficiente para actuar preventivamente. Siempre son necesarios más estudios, y siempre va a ser más importante conocer los mecanismos íntimos de interferencia de los disruptores sobre las vías de señalización», señala.
Respecto a los cambios en la nomenclatura médica, resalta la reciente decisión de la comunidad médica de renombrar una afectación frecuente muy vinculada a la infertilidad, el Síndrome de Ovario Poliquístico, que ahora se denomina ‘Síndrome Ovarico Metabólico Poliendocrino’, lo que demuestra que son múltiples las vías metabólicas y endocrinas afectadas y que colocan a la disrupción endocrina y las exposiciones ambientales en una posición sospechosa como base causal de la enfermedad.
Disruptores con posible impacto sobre la fertilidad femenina
En este contexto, se preguntó al doctor Olea cuáles son los principales disruptores endocrinos con posible impacto sobre la fertilidad femenina. Él señala que, posiblemente, están relacionados con las hormonas sexuales (estrógenos y andrógenos) y con las hormonas tiroideas: «De hecho, la hipótesis de disrupción endocrina nació en los años 80 vinculada a las observaciones en especies animales relacionadas con trastornos hormonales estrogénicos y antiandrogénicos».
Asimismo, menciona que a estos disruptores se unen los problemas tiroideos con diagnósticos como el hipotiroidismo, y que la hormona tiroidea se ha situado como la quinta medicina más vendida en España con receta médica. «Esto llama la atención de los especialistas sobre cambios en las exposiciones ambientales vinculadas a esta patología».
La necesidad de ‘preguntar’ en la anamnesis médica sobre profesiones de riesgo como cajera, peluquera, manicurista o sanitaria es cada vez más imperiosa, ya que la exposición a disruptores endocrinos anti-tiroideos como bisfenol-A, triclosán o PFAS es posible en cualquiera de estas actividades. «El especialista ya está informado sobre esta posibilidad y debe contribuir a la información procurada a las pacientes», agrega.
Cambios para cuidar la salud hormonal
El doctor Olea, miembro de la SEEN, también resalta qué se puede hacer en el día a día para que las mujeres cuiden de su salud hormonal, especialmente si están planificando un embarazo, y cómo reducir el contacto con estos contaminantes.
Su mayor recomendación para la mujer en edad fértil es la evitación de la exposición química innecesaria: «Esto pasa por tomar conciencia de los excesos de la química en muchas de las actividades de la vida diaria. El edificio moderno, plastificado en suelos, muebles y textiles, ha cambiado la composición química en la que se desenvuelve tu trabajo. Suelos de PVC ricos en ftalatos, muebles de melanina, paredes de polietileno, ventanas de policarbonato y cortinas de poliéster son todos derivados del petróleo».
Además, sostiene que el aire interior es uno de los «mayores cambios en la exposición moderna», por lo que aconseja ventilar siempre «y cuanto más mejor; saca todo ese cóctel químico de tu casa y de tu lugar de trabajo».
Asimismo, aconseja prestar atención a los cosméticos y a los productos de cuidado personal: «La Administración indica que una mujer española utiliza catorce productos de cuidado personal y cosméticos al día. Con una media de 38 ingredientes por cosmético, la exposición diaria ocurre para más de 400 compuestos químicos. Uno desearía que todo estuviese bajo control, pero dos observaciones nos hacen dudar de la efectividad de las medidas de prevención».
El doctor Olea apunta que, en primer lugar, se debe considerar el efecto combinado o efecto cóctel al estimar los niveles seguros de cada uno de los compuestos que forman parte de cosméticos y productos de cuidado personal.
En segundo lugar, destaca la prohibición y eliminación de algunos componentes por parte de los organismos reguladores de la UE cada seis meses. «Las restricciones, por ejemplo, del triclosán en pastas de dientes y colutorios por su acción anti-tiroidea, o las regulaciones más estrictas de algunos filtros UV en cremas solares por su actividad estrogénica, hacen dudar sobre la seguridad de la exposición ocurrida hasta su prohibición».
Finalmente, el doctor Olea concluye: «Si se ha demostrado su contribución a un efecto hormonal adverso, sería recomendable que nos ayudaran a identificar quiénes han sido los afectados y cómo remediar el daño causado. Esto no está ocurriendo, a sabiendas de que el conocimiento sobre su actividad disruptora se generó hace más de dos décadas».
