A primera vista, el pez luna parece una broma del océano. Con su cuerpo aplastado, boca pequeña, silueta enorme y una cola casi imperceptible, muchos se preguntan: ¿cómo puede moverse bien un animal con esa forma? La respuesta científica es más intrigante de lo que parece. El Mola mola no es un pez «mal hecho», sino un superviviente que ha desarrollado una inusual pero eficaz estrategia de locomoción y adaptación a su entorno.
No es un pez torpe
El pez luna adulto nada de manera diferente a la mayoría de los peces. En lugar de mover una cola potente de lado a lado, su aleta caudal ha sido reemplazada por una estructura llamada «clavus», que actúa más como un timón que como motor. Su locomoción depende de los movimientos sincronizados de sus grandes aletas dorsal y anal.
En un estudio publicado en PLOS ONE, investigadores utilizaron sensores para monitorizar a ejemplares de pez luna, comprobando que nadan de forma continua, con movimientos verticales frecuentes y alcanzando velocidades de crucero de entre 0,4 y 0,7 metros por segundo. En otras palabras, no son torpedos, pero tampoco derivan como bolsas de plástico en el agua.
Dos aletas hacen el trabajo
La parte más fascinante de su locomoción se encuentra en su «motor». Las aletas dorsal y anal funcionan como dos alas verticales que generan empuje a través de la sustentación, similares al movimiento de las aletas de un pingüino al nadar.
Además, el pez luna no tiene vejiga natatoria en su etapa adulta, pero cuenta con tejido gelatinoso subcutáneo de baja densidad que le permite equilibrarse. Esto facilita que pueda subir y bajar en la columna de agua sin gastar demasiada energía, un aspecto crucial para su supervivencia.
El sol no es un capricho
El nombre en inglés, «ocean sunfish», refleja su característica costumbre de permanecer cerca de la superficie, a veces tumbado de lado. Durante años se pensó que esta actitud era simplemente un descanso; sin embargo, investigaciones recientes indican que hay más detrás de este comportamiento.
La Universidad de Nagasaki señala que el pez luna es ectotermo, lo que significa que su temperatura corporal depende en gran medida de su entorno. En estudios donde se equiparon dispositivos de registro, se observó que los ejemplares descendían a aguas frías para alimentarse y luego regresaban a la superficie para recuperar temperatura corporal, similar a la manera en que una persona busca el sol tras salir de una piscina fría.
No es un pez de sangre caliente
Es importante distinguir al Mola mola de otros peces llamados «moonfish» o «pez luna». El famoso pez con sangre caliente es el opah, no el Mola mola. NOAA Fisheries lo describe como el primer pez que se conoce plenamente endotermo, dotado de un sistema de intercambio de calor en las branquias.
El Mola mola, en contraste, no calienta todo su cuerpo. En cambio, regula su actividad y temperatura mediante su comportamiento: baja para alimentarse, se enfría y luego regresa a la superficie para calentar su organismo. Aunque menos espectacular, esta estrategia es altamente efectiva en un océano donde cada gasto de energía es crucial.
Un comedor de medusas
El pez luna también desempeña un papel ecológico más significativo de lo que su curioso aspecto podría sugerir. En el Atlántico noreste, un estudio publicado en Scientific Reports estimó su presencia durante todo el año en aguas offshore y resaltó su posible función en el control de medusas y otros organismos gelatinosos, algo que es fundamental debido a que las proliferaciones de medusas pueden alterar ecosistemas, la actividad pesquera y las zonas de baño.
Además, no limita su hábitat a ambientes tropicales. Se distribuye por aguas templadas y tropicales de todo el mundo, presentando patrones estacionales en el Atlántico noreste. Un reciente estudio de marcado electrónico en el noroeste del Mediterráneo siguió a un ejemplar que se trasladó hacia el Estrecho de Gibraltar, mostrando importantes movimientos en la columna de agua.
También tiene problemas
El hecho de ser un animal grande no implica que esté a salvo de las amenazas. Los peces luna pueden ser capturados accidentalmente en artes de pesca. Los expertos del panel de revisión de la familia Molidae han señalado la urgente necesidad de mejorar los datos sobre su conservación y gestión. Es un desafío, ya que son fácilmente visibles en la superficie, pero difíciles de rastrear cuando se sumergen.
Por ello, si algún buceador o navegante se encuentra con un pez luna, lo recomendable es observar sin tocar ni perseguir. Cuando sube a la superficie, puede estar calentándose o permitiendo que otros peces y aves eliminen parásitos de su piel. Interferir en este momento podría interrumpir un proceso vital de su rutina diaria.
Una rareza que funciona
El pez luna desafía las normas establecidas, ya que no encaja en la clásica imagen de un pez rápido y alargado. Esta es precisamente la lección que nos ofrece: la evolución no crea criaturas «bellas» a nuestros ojos, sino que desarrolla sistemas que funcionan en su ambiente.
En este caso, el resultado es un gigante con un cuerpo peculiar, careciendo de una cola convencional, pero con dos aletas que operan como alas y una simple estrategia frente al frío: retornar al sol cuando es necesario.
El estudio completo sobre su forma de nadar ha sido publicado en PLOS ONE.
