GRANADA, 14 de mayo – Tras dos años de investigación, Macrosad, Nestlé y la Universidad de Granada han publicado los primeros resultados del proyecto ‘Comidas llenas de vida’, el cual evidencia que los niños aprenden hábitos saludables y los mayores se alimentan mejor cuando comen juntos.
Los datos confirman el éxito de un singular piloto intergeneracional en torno al hábito cotidiano de sentarse a comer, según explican en un comunicado las entidades implicadas en el estudio.
Bajo el liderazgo de Mariano Sánchez, director de la Cátedra Macrosad de Estudios Intergeneracionales de la Universidad de Granada, 22 personas mayores de entre 74 y 94 años y 22 menores de 2 y 3 años han compartido almuerzos y rutinas durante cuatro meses en un comedor intergeneracional, acompañados de dos profesionales especializadas.
Durante ese periodo, el Centro Intergeneracional de Referencia de Macrosad (Cinter), ubicado en Albolote (Granada), ha sido el escenario, cuatro días a la semana, de encuentros en un novedoso modelo de comedor en el que se han promovido relaciones sociales, higiene personal, educación nutricional, la preparación y recogida de la mesa, alimentación saludable y cuidado mutuo.
El balance del proyecto ha arrojado resultados prometedores. En las personas mayores se ha registrado una reducción significativa en el volumen de desperdicios de comida, en concreto en el segundo plato.
Además, el efecto motivador de comer con los niños ha sido tan notable que un 75% de los mayores ha comido más pescado que cuando compartían mesa con personas de su misma generación.
Por su parte, al finalizar la experiencia, el 100% de los niños que han participado en el proyecto tienen una capacidad tres veces mayor que sus compañeros que no han estado en el comedor para distinguir entre alimentos saludables y no saludables. Han aprendido las bases de una nutrición equilibrada utilizando como herramienta el método de educación nutricional Nutriplato, desarrollado por Nestlé y el Hospital Sant Joan de Déu para que los niños coman bien.
Para el director de Nutrición en Nestlé España, Juan Borrell, esta iniciativa favorece ese aprendizaje nutricional natural que va más allá de la propia nutrición y que es bidireccional.
«Las personas mayores recuperan protagonismo, refuerzan su autoestima y sentido de pertenencia. Los pequeños, por su parte, aprenden lenguaje social, paciencia y empatía que, sin duda, son esenciales para una sociedad más cohesionada y cuidadora», destaca.
Mayor percepción de bienestar
Más allá de la alimentación, las personas mayores expresaron sentirse más activos, útiles y emocionalmente conectadas tras participar en el proyecto.
Los análisis cualitativos, basados en entrevistas, revelan que los participantes de entre 74 y 94 años perciben un mayor bienestar físico y emocional.
El comedor intergeneracional es, para ellos, un espacio de compañía frente a la soledad que refuerza su autoestima y autonomía, ya que asumen un rol activo como mentores de los pequeños, lo que incrementa su sensación de utilidad social y vitalidad.
«Los resultados de la investigación no solo han superado nuestras expectativas; materializan y confirman una visión que abanderamos desde hace más de diecisiete años: la de crear entornos donde la intergeneracionalidad fluya de forma natural, impregnando cada proyecto, cada espacio y cada vínculo que fomentamos desde Macrosad», añade.
«Ver a una persona de 75 años ayudando a un niño de 2 años es algo que trasciende cualquier informe o dato. Esas conexiones únicas y espontáneas han sido el verdadero motor de esta iniciativa», señala Alicia Carrillo, CEO de Macrosad.
Un equipo multidisciplinario, constituido por 5 investigadores, 27 profesionales y 23 familiares, ha diseñado desde cero el modelo de comedor pilotado, articulado en cuatro ejes: nutrición-alimentación, cuidado relacional, curso vital y espacios transformativos.
