MADRID, 12 May. – Sentir que todo da vueltas, perder el equilibrio al levantarse o notar un aturdimiento repentino son experiencias mucho más frecuentes de lo que parece. No obstante, lo que popularmente llamamos ‘mareo’ no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma que puede esconder problemas desde leves del oído interno hasta alteraciones neurológicas o cardiovasculares.
Estrés, ansiedad, falta de sueño y deshidratación, o incluso saltarse comidas, pueden estar detrás de muchos episodios cotidianos. Los especialistas recuerdan que existen señales de alarma que nunca deben ignorarse y subrayan una idea poco conocida: muchos mareos tienen tratamiento e incluso pueden curarse si se identifica correctamente su causa.
Para comprenderlo mejor, charlamos con el doctor Manuel Mozota Núñez, responsable del Grupo de Trabajo de Otorrinolaringología (ORL) de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), quien enfatiza que, en términos médicos, un mareo no es un diagnóstico, sino un síntoma específico.
El doctor aclara que el mareo puede manifestarse de diversas maneras: vértigo (sensación ilusoria de giro de objetos), inestabilidad (sensación de perder el equilibrio), presíncope (sensación de desmayo), o aturdimiento (sensación con síntomas inespecíficos).
Principales causas de los mareos
El experto resalta que los mareos son más frecuentes en mujeres debido a que las hormonas influyen en el equilibrio y la migraña. Esta tendencia provoca una mayor incidencia en condiciones como la migraña vestibular o la hipotensión, siendo también comunes los déficits de hierro, que pueden desencadenar un mareo tipo cansancio.
Las causas más habituales son aquellas que producen alteraciones del oído interno, como el vértigo posicional benigno, la enfermedad de Menière y la neuritis vestibular. Otras causas pueden ser neurológicas, como la migraña vestibular o problemas cerebelosos, así como cardiovasculares (bajadas de tensión, arritmias) y metabólicas (hipoglucemia, deshidratación o ansiedad).
La influencia del estrés y de la ansiedad en los mareos
El doctor Mozota también señala que el estrés y la ansiedad tienen un considerable impacto en la aparición de mareos, pudiendo provocar un tipo de mareo inestable. Estas condiciones favorecen la hiperventilación que, a su vez, reduce el CO2 y aumenta la oxigenación en sangre, generando sensación de mareo. Asimismo, pueden desencadenar una migraña vestibular, una causa común de mareos en personas jóvenes.
La alimentación también puede influir. Por ejemplo, la hipoglucemia provocada por saltarse comidas o seguir dietas muy restrictivas puede resultar en debilidad y mareo. El exceso de sal podría contribuir a cuadros ligados a la enfermedad de Menière e hipertensión, generando inestabilidad.
Además, la deshidratación es otra causa de bajadas de tensión y sensaciones de inestabilidad, lo cual es común en verano y después del ejercicio. El mal descanso y la alteración del sueño pueden inducir migrañas, inestabilidad y descompensación del sistema vestibular.
Cómo actuar ante un mareo
Al preguntar cómo actuar ante un mareo, el doctor Mozota recuerda la importancia de evitar caídas: «Ante un mareo, lo primero es detenerse, sentarse o tumbarse. Fijar la vista en un punto estable, evitar movimientos bruscos de cabeza y aflojar la ropa ajustada son fundamentales. Mantenerse hidratado es crucial si se sospecha deshidratación. No intentes levantarte de forma abrupta y procura mantener la cabeza quieta; ni conducir ni subir escaleras ante un mareo».
El mareo benigno típicamente dura segundos o minutos y se desencadena con el movimiento de la cabeza, sin presentar síntomas neurológicos. No obstante, se deben buscar atención de urgencia si aparecen señales de alerta, tales como:
- Debilidad de un lado del cuerpo.
- Disartria o dificultad para hablar.
- Diplopía o visión doble.
- Cefalea intensa o de nueva aparición.
- Pérdida de conocimiento o síncope.
- Mareo continuo durante horas y días sin mejoría. FUENTE
