MADRID, 6 de mayo. Vivimos en una época marcada por la prisa, por la sobreinformación y por la sensación constante de que debemos anticiparnos a todo. En este contexto, no es extraño que muchas personas sientan que sus pensamientos «no paran», que los problemas se agrandan y que el malestar se prolonga más de lo necesario.
Pero ¿por qué tendemos a dar vueltas una y otra vez a lo que nos preocupa? ¿Es inevitable sufrir así, o hay margen para gestionarlo mejor? La psicóloga Elisabeth Clapés (@esmipsicologa) lo tiene claro: preocuparse forma parte de nuestra naturaleza porque es una forma de intentar controlar la incertidumbre, pero también advierte de que no todo el sufrimiento es inevitable.
En su experiencia clínica, aprender a relativizar lo que nos ocurre, sin caer en el llamado «positivismo tóxico», puede marcar una diferencia clave en nuestra salud mental y en cómo afrontamos el día a día. «Realmente, al final, preocuparnos por las cosas es una forma de intentar tener el control sobre lo que nos pasa; de forma que si me preocupo y anticipo todo lo que puede suceder estaré más preparada y no me pillará desprevenida», asegura durante una entrevista.
Relativizar está en nuestra mano
También cree que es cierto que no estamos preparados por naturaleza a estar expuestos a todos los estímulos del día a día, en su mayoría, noticias catastróficas. «No estamos preparados para tanta estimulación o prisa con la que vivimos. Ese estado de nervios, de necesitar anticipar, también es el resultado del ritmo frenético que llevamos, para el que no estamos preparados. No es algo que forme parte de nuestra naturaleza, y tiene unas consecuencias», advierte.
Recuerda que la vida está llena de problemas, de situaciones que nos generarán malestar, y que por eso son necesarias herramientas para que estas duelan lo menos posible, si bien insiste en que también habrá acontecimientos que dolerán mucho; será necesario padecerlos.
Sin embargo, afirma que «hay otras veces en las que nuestra forma de afrontar las cosas supondrá más o menos sufrimiento para ti», puesto que tenemos la posibilidad en nuestras manos, muchas veces, de hacernos «la vida más amable».
Asegura que, aunque hay acontecimientos difíciles, el nivel de nuestro sufrimiento depende de nosotros realmente, de lo que queramos relativizar, de cómo afrontamos las cosas. No olvidemos que, tal como menciona en su último libro, ‘Así es como lo verás mañana. Una guía para la vida’ (Grou), para nuestro organismo, nuestra felicidad no es una prioridad: «tu cerebro lo único que necesita es sobrevivir».
Además, defiende que hay que buscar el sistema nervioso en calma y entender que la felicidad la encontraremos en ‘momentos pico’, mientras que el resto hay que vivir en calma: «Hay formas de sufrir menos, y lo más importante es aprender a relativizar lo que nos pasa».
Sufrir de forma proporcional a lo que nos pasa
De hecho, hace hincapié en que «no es cuestión de sufrir menos, sino de hacerlo de forma proporcional a lo que nos pasa». «Si nos pasa algo muy grave, sufrir mucho es proporcional y sano. Lo que no es sano es que pase algo pequeño y suframos mucho», remarca.
Clapés sostiene que «es irreal» pedirle a alguien que sufra menos cuando lo que le pasa es una catástrofe. «Hasta ahora se ha defendido mucho lo de ‘a mal tiempo, buena cara’, pero esto es positivismo tóxico y debemos buscar sufrir de forma proporcional a lo que nos pasa, que es lo sano», insiste.
Necesario poner límites y a veces romper el vínculo
En última instancia, le pedimos que nos aconseje sobre qué podemos hacer para que algo que nos genera malestar deje de hacerlo, o cómo es posible poner límites a algo que nos hace daño. Aquí lamenta que no nos han enseñado que cuando algo no nos gusta o nos genera malestar, sí que podemos levantarnos e irnos, frente a esa enseñanza de que debemos permanecer sentados y callados.
«Debemos poner límites, romper ese vínculo, aunque sea de tu familia, y hay que romper un poco con esa programación con la que venimos de que tenemos que actuar de una forma políticamente correcta siempre. Porque a veces lo políticamente correcto es irnos y no obligar a nuestro cuerpo a quedarse en esa situación, porque si no, igual podemos llegar a enfermar a la larga», subraya.
Recuerda las palabras del psi
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