MADRID, 29 Abr. (EDIZIONES) – Ver puntos negros flotando o destellos de luz puede parecer algo sin importancia, pero en muchos casos es la manifestación de un desprendimiento de vítreo, un proceso muy frecuente a partir de los 50 años. Reconocer los síntomas a tiempo y acudir al especialista puede marcar la diferencia entre una evolución benigna y una urgencia oftalmológica con riesgo de pérdida visual.
Tal y como explica en una entrevista con salud Infosalus el oftalmólogo Álvaro Fernández-Vega, miembro de la Sociedad Española de Oftalmología y médico oftalmólogo del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega, este fenómeno suele formar parte del envejecimiento natural del ojo, aunque en un pequeño porcentaje puede derivar en complicaciones serias, como un desprendimiento de retina.
«El vítreo es el gel transparente que llena el interior del ojo y está adherido a la retina, que es la capa que recubre el interior del ojo formando la pared interna del globo ocular. El desprendimiento del vítreo (DPV) es la separación de este vítreo de su punto de contacto con la retina de la parte posterior del ojo», mantiene.
El doctor Fernández-Vega señala que es «un fenómeno muy habitual con la edad porque el vítreo no permanece ‘gelatinoso’ toda la vida, sino que con el paso de los años se produce una licuefacción progresiva y una pérdida de consistencia, de modo que el vítreo colapsa y acaba despegándose de la retina. En la mayoría de los casos se trata de un proceso degenerativo y fisiológico asociado al envejecimiento que, por lo general, no conlleva el desarrollo de patologías oculares significativas, pero que puede ocasionar la visión de lo que se conocen ‘moscas volantes’, que están ocasionadas por las opacidades vítreas», remarca.
Posibles causas de desprendimiento de vítreo
No obstante, advierte este experto que en un porcentaje pequeño de pacientes, durante este proceso, el vítreo puede traccionar de la retina y romperla, ocasionando un desgarro retiniano que puede desencadenar un desprendimiento de retina (DR), que es una condición potencialmente grave que requiere atención urgente.
«La principal causa del DPV es degenerativa, es decir, es un proceso de envejecimiento del vítreo; sin embargo, puede adelantarse o desencadenarse en determinadas situaciones: la miopía (sobre todo si es media o alta) favorece cambios vítreos más precoces; la cirugía ocular, especialmente la cirugía de catarata, puede precipitarlo; un traumatismo también puede acelerarlo; y, con menos frecuencia, algunas inflamaciones intraoculares u otras condiciones que alteren la unión entre vítreo y retina pueden influir en su desarrollo», detalla.
Subraya que el DPV es más frecuente a partir de los 50-60 años, y su incidencia aumenta claramente conforme envejecemos. Sin embargo, no todos los pacientes lo presentan a la misma edad porque existen factores que incrementan la probabilidad de que aparezca antes o de que se manifieste con más síntomas: «Uno de estos factores es la miopía, ya que en ojos más largos el vítreo y la retina suelen estar sometidos a condiciones que facilitan estos cambios. También aumenta el riesgo si el paciente ha sido operado de catarata u otra cirugía intraocular, si ha sufrido un traumatismo ocular, o si existen antecedentes personales o familiares de desgarros o desprendimiento de retina, así como determinadas alteraciones o patologías que se asocian con alteraciones de la retina periférica».
Síntomas habituales
En este contexto, preguntamos al doctor Fernández-Vega por los síntomas más habituales en este sentido, apuntando a las ‘miodesopsias’ o ‘moscas volantes’, que se perciben como puntitos, hilos, telarañas o incluso una nube translúcida en nuestro campo visual que se mueve con la mirada. «Estas moscas volantes se producen porque el gel vítreo al separarse de la retina pasa a un plano más anterior, lo que hace que las condensaciones presentes en dicho gel pasen a percibirse de manera más notoria», resalta.
Asociado a esto pueden aparecer también ‘fotopsias’, que son destellos o fogonazos de luz que suelen aparecer por un lateral y que se hacen más evidentes en la oscuridad o con los movimientos oculares. «Pueden ser consecuencia de la tracción del vítreo sobre la retina durante el proceso de separación», agrega.
Eso sí, subraya este oftalmólogo que
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