
MADRID, 7 Ene. (EUROPA PRESS) – Una nueva investigación de la Universidad de Arkansas (EEUU), publicada en el ‘Journal of Nutritional Physiology’, sugiere que el deterioro muscular por anorexia nerviosa puede persistir incluso después de recuperar el peso perdido, un indicador común de éxito en el tratamiento.
La anorexia nerviosa es un trastorno psiquiátrico caracterizado por el miedo a ganar peso y la restricción de la ingesta calórica, lo que puede provocar una pérdida de peso peligrosa. Se estima que esta enfermedad afecta aproximadamente al 1-4 por ciento de las mujeres y que quienes la padecen o la han padecido tienen hasta tres veces más probabilidades de morir de forma prematura que aquellas que nunca la han sufrido.
Este trastorno no solo provoca pérdida de grasa corporal, sino que también puede causar una reducción del 20-30 por ciento de la fuerza y del tamaño del músculo esquelético, algo fundamental para la longevidad y para llevar a cabo actividades básicas como hacer la compra o cargar a un bebé. Junto al tratamiento del componente psiquiátrico, uno de los objetivos comunes en el tratamiento de la anorexia es recuperar el peso perdido.
Según explica Megan Rosa-Caldwell, profesora adjunta de Ciencias del Ejercicio en la Universidad de Arkansas y especialista en biología muscular, «en los estudios clínicos, solemos definir la recuperación ponderal como alcanzar un índice de masa corporal de 18,5 o situarse dentro del 95 por ciento del valor normativo previsto para la edad. Normalmente, cuando una persona mantiene un peso por encima del umbral de bajo peso, es cuando deja de requerir tanta atención médica».
La capacidad de generar músculo se debilita
El estudio liderado por Rosa-Caldwell en modelos animales ha cuestionado si recuperar el peso perdido es un indicador ideal de una salud restablecida. Para modelizar períodos de recuperación a corto y largo plazo, ratas de ocho semanas de edad fueron sometidas a dietas con restricción calórica durante 30 días. Esta edad se eligió para aproximarse a la etapa relativamente temprana en la que suele manifestarse la anorexia nerviosa en humanos, generalmente entre la adolescencia y el inicio de la edad adulta.
Posteriormente, los animales fueron evaluados tras cinco, 15 y 30 días de recuperación, periodo durante el cual pudieron comer libremente, y un grupo adicional se estudió inmediatamente después del experimento inicial de 30 días.
Los períodos de cinco y 15 días se seleccionaron para simular, respectivamente, cinco y 15 meses de recuperación en edad humana, lo que coincide con la duración habitual de los tratamientos hospitalarios y ambulatorios. Los 30 días equivaldrían aproximadamente a entre dos y tres años en humanos (las ratas viven unos 22 meses, en contraste con más de 70 años en humanos).
A continuación, los investigadores realizaron pruebas para evaluar la masa muscular, la fuerza y las tasas de síntesis proteica. Uno de los hallazgos más relevantes fue una reducción aproximada del 20 por ciento en el tamaño del músculo y una pérdida de fuerza. Estos cambios en la salud muscular no se modificaron con los períodos de recuperación más cortos (cinco y 15 días). Incluso después de 30 días, cuando los animales habían recuperado su peso previo e incluso alcanzado a las ratas control sanas, se observó una disminución global de la calidad muscular, lo cual se tradujo en una menor fuerza por unidad de masa muscular.
Los investigadores también hallaron evidencias de alteraciones en las señales de síntesis proteica, indicando que «las cascadas de señalización anabólica parecen estar atenuadas tras la recuperación a largo plazo de la anorexia nerviosa». En otras palabras, la capacidad de generar músculo se había visto debilitada.
Implicaciones para el tratamiento de la anorexia nerviosa
Según Rosa-Caldwell, la conclusión principal es que «las complicaciones musculoesqueléticas probablemente persisten durante más tiempo del que se suele pensar y deberían tenerse en cuenta a la hora de plantear el tratamiento de estas personas».
Las comparaciones entre humanos y ratas solo permiten extraer conclusiones limitadas; Rosa-Caldwell considera que los efectos de la anorexia nerviosa en los animales probablemente son menos graves que en las personas, debido a las condiciones controladas del experimento. A diferencia de los humanos, las ratas no sufren problemas de imagen corporal y tienden a comer más cuando se les permite.
En los seres humanos, la anorexia nerviosa es una lucha que se puede prolongar durante décadas, con periodos de recaída que retrasan la recuperación sostenida. Según estimaciones, solo alrededor del 50 por ciento de las personas logra una recuperación mantenida, lo que sugiere que la anorexia nerviosa podría representar una de las causas más persistentes de atrofia muscular.
