
VALÈNCIA, 26 Dic. (EUROPA PRESS) – Investigadores del Instituto ITACA-UPV (Universitat Politècnica de València) y del Karolinska Institutet (Suecia) han confirmado la relación entre el uso continuado de los inhibidores de la bomba de protones (IBP), fármacos ampliamente utilizados para tratar la acidez, el reflujo gastroesofágico (ERGE) y las úlceras gástricas, y un mayor riesgo de enfermedad renal y mortalidad, según ha informado la institución académica en un comunicado.
Los IBP son fármacos eficaces y seguros a corto plazo, pero ha surgido en la comunidad médica una creciente preocupación por su posible relación con problemas renales y cardiovasculares, ha advertido la UPV.
Este hallazgo es una de las principales conclusiones de un estudio internacional liderado por Carlos Fernández Llatas, investigador del grupo SABIEN del Instituto ITACA de la Universitat Politècnica de València (UPV), en colaboración con el Karolinska Institutet. El estudio aporta nueva evidencia científica sobre los efectos a largo plazo de estos medicamentos.
Publicado en la revista Scientific Reports (Nature Portfolio), el trabajo demuestra que el uso continuado de IBP se asocia con un mayor riesgo de enfermedad renal crónica (ERC) y un incremento de la mortalidad, aunque sin una relación directa significativa con eventos cardiovasculares adversos, ha precisado la universidad.
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores analizaron datos clínicos de 294.734 pacientes incluidos en el proyecto SCREAM (Stockholm Creatinine Measurements), uno de los mayores registros sanitarios de Europa, con información de más de 1,6 millones de personas en la región de Estocolmo.
El equipo comparó la evolución clínica de los usuarios de IBP con la de pacientes tratados con antagonistas de los receptores H2 (ARH2), una alternativa terapéutica utilizada para los mismos trastornos digestivos.
Mediante técnicas de minería de procesos, desarrolladas por el grupo SABIEN de ITACA-UPV, los investigadores reconstruyeron la evolución temporal de la salud de los pacientes y analizaron cómo se relacionaban distintos eventos médicos, como la enfermedad renal crónica, problemas cardiovasculares y mortalidad.
Los resultados obtenidos indican que los pacientes que tomaron IBP durante largos periodos presentaron un mayor riesgo de desarrollar enfermedad renal crónica en comparación con los usuarios de ARH2, así como una mortalidad más elevada a lo largo del seguimiento. Además, aquellos que ya padecían enfermedad renal mostraron una mayor probabilidad de sufrir eventos cardiovasculares adversos.
No obstante, el análisis estadístico reveló que la asociación directa entre los IBP y los problemas cardiovasculares no es significativa en relación con la mortalidad, lo que sugiere que la enfermedad renal podría actuar como un factor mediador en esta relación, ha agregado la UPV.
“Los inhibidores de la bomba de protones son fármacos muy útiles, pero su uso prolongado debe revisarse periódicamente. Nuestros resultados refuerzan la necesidad de controlar la función renal de los pacientes sometidos a tratamientos largos y de personalizar las decisiones terapéuticas”, ha destacado Carlos Fernández Llatas, investigador de ITACA-UPV y participante en el estudio.
El análisis sugiere que el uso de IBP podría aumentar el riesgo cardiovascular de forma indirecta debido al deterioro renal, una hipótesis que deberá validarse en futuros estudios.
Monitorización de la Función Renal
El trabajo resalta que los IBP son seguros cuando se utilizan correctamente, pero su uso crónico sin una indicación médica justificada debería evitarse. Los autores recomiendan monitorizar la función renal en tratamientos prolongados y llevar a cabo revisiones periódicas para ajustar dosis o valorar alternativas.
Además, el estudio pone de manifiesto el potencial de las técnicas de minería de procesos aplicadas a datos clínicos reales, permitiendo analizar la evolución de enfermedades complejas y descubrir patrones que a menudo pasan desapercibidos en la práctica médica tradicional, según ha añadido la institución académica.
“Gracias a estas metodologías basadas en inteligencia artificial, podemos identificar relaciones temporales y efectos indirectos que antes eran invisibles. Este enfoque es esencial para avanzar hacia una medicina más preventiva, personalizada y segura», concluyó Carlos Fernández Llatas.
