El cantante Raphael regaló anoche a sus fans una emotiva y poderosa actuación en el Palau Sant Jordi de Barcelona. En un regreso anhelado, el artista, que supera los 82 años, repasó éxitos eternos como ‘Yo soy aquel’, ‘Mi gran noche’ y ‘Escándalo’. Este concierto, programado antes de su linfoma cerebral, se realizó tras la firme decisión de Raphael de no postergar sus presentaciones, confiando en su capacidad para seguir brillando sobre los escenarios.
Barcelona, 20 dic (EFE).- A Raphael no se le aplaude, se le ovaciona. Cada fin de canción se vive como un ritual, con el público en pie y el artista inclinándose hacia un lado del escenario, como si el concierto estuviera tocando a su fin. Esta práctica no es sino un pacto tácito con sus seguidores, recordando que cada momento es irrepetible, que cada canción y cada actuación podría ser la última.
El espectáculo que ofreció anoche en el Palau Sant Jordi, ante 6.200 incondicionales, no fue para nada una despedida, sino más bien un ‘hola de nuevo’ tras un año complicado para él, tras haber vivido su segunda resurrección vital por problemas de salud.
El recital, titulado ‘Raphaelísimo’, inicio puntualmente a las 20:30 horas, y el artista fue acompañado por una decena de músicos que se dispusieron a cederle el protagonismo del show.
El apoyo discreto de una silla de oficina
En un gesto de sinceridad, Raphael hizo uso de una silla de oficina en varios momentos del concierto, lo que no solo alude a su edad, sino también a su visión del escenario como su oficina, un lugar excéntrico donde trabaja.
Uno de los momentos más conmovedores de la noche fue su aparición en el escenario mientras el público estallaba en aplausos. Era un momento tan cargado de emoción que las palabras se quedaron fuera; Raphael eligió dejar el foco en su canto. Comenzó con ‘La noche’, seguido de la emblemática ‘Yo sigo siendo aquel’, una letra que resuena con poder: «eterno solitario, detrás de un escenario, y propiedad un poco de todos».
Su carisma y dominio escénico, complementados con un potente registro vocal, provocaron el júbilo del público con ‘Digan lo que digan’ y la contagiosa ‘Mi gran noche’.
No faltó el ‘Tamborilero’ navideño
El ‘Tamborilero’ evocó la llegada de una Navidad a la que Raphael ha sido protagonista desde hace décadas, mucho antes del revuelo que provocó Mariah Carey. También rindió homenaje a la ‘chanson’ francesa, interpretando ‘Padam Padam’, y siguió con su propia versión en español de ‘La vida en rosa’ y ‘Himno al amor’.
El viaje musical llevó al público desde Francia a Argentina, con tangos como ‘Malena’ y ‘Que nadie sepa mi sufrir’, antes de llegar al ecuador del concierto. Momento en el que Raphael entonó su versión de ‘Gracias a la vida’ de Violeta Parra, una introspección sobre su propio viaje vital y profesional.
La velada también incluyó ‘Hablemos del amor’, una canción que le llevó a Eurovisión, un festival que décadas atrás catapultó a un Raphael mucho más joven. Los fans celebraron con especial entusiasmo ‘Estar enamorado es’, uno de esos clásicos menos conocidos fuera de su círculo fiel, pero siempre entre las preferidas de sus seguidores.
Para el cierre, Raphael optó por sus temas más icónicos: ‘Qué sabe nadie’, ‘Yo soy aquel’, ‘Escándalo’ y ‘Como yo te amo’, un carrusel de emociones que abarca despechos, desamores y la reivindicación del amor.
Alma de folclórica
Si bien mostró un tono algo menos movido que en otras ocasiones, Raphael no escatimó en gestos dramáticos para expresar sus canciones más intensas, revelando esa esencia de folclórico que siempre lo ha caracterizado. A lo largo de seis décadas sobre los escenarios, el ‘Divo de Linares’ ha dejado claro en entrevistas que no contempla una gira de despedida; la idea de retirarse no está en su mente.
De hecho, 2026 ya presenta un calendario repleto de nuevas fechas tanto en España como en América, con conciertos programados en México y EE.UU. ¿Cuántas ovaciones más le quedan a Raphael? Solo el tiempo lo dirá.
Reportado por Lara Malvesí
