Los contaminantes atmosféricos, generados principalmente en áreas urbanas e industriales, tienen un impacto significativo en la salud de los ecosistemas. Estas sustancias, transportadas por los vientos hacia zonas remotas, alteran la fisiología de los árboles y modifican el equilibrio ecológico.
Investigaciones recientes revelan que los contaminantes atmosféricos, como el ozono y el nitrógeno, se desplazan a largas distancias desde sus fuentes de emisión, afectando incluso a otros países y su vegetación. Por ejemplo, un estudio publicado en 2024 en la revista Science of The Total Environment mostró que las hojas de bosques de encina mediterráneos en España absorben altas cantidades de compuestos de nitrógeno debido a la contaminación atmosférica, especialmente las hojas jóvenes, lo que impacta negativamente su crecimiento. Además, García, quien ha estado involucrado en la Convención del Aire de las Naciones Unidas desde 2008, destaca la importancia de establecer acuerdos internacionales para la reducción de emisiones.
La Contaminación y sus Efectos en los Ecosistemas
El equipo de García se enfoca en los principales contaminantes, como el ozono y el nitrógeno. Es vital aclarar que el ozono al que se refieren no es el que se encuentra en la capa de ozono estratosférico, sino el que se forma en la troposfera, más cercano a nosotros. En concentraciones muy altas, este gas resulta altamente oxidante y tiene efectos tóxicos para la salud humana, provocando inflamación de las vías respiratorias y también afectando a la vegetación. En particular, reduce la capacidad fotosintética de las plantas y, por ende, su crecimiento.
Además, la contaminación por ozono provoca efectos menos visibles, alterando la distribución de nutrientes. Cuando las plantas enfrentan un estrés oxidativo elevado, desvían recursos de su crecimiento a la lucha contra dicha oxidación. A medida que la exposición se vuelve más crónica, mayores son las consecuencias para los cultivos; se ha demostrado que el ozono puede generar pérdidas en la producción de cereales y afectar la calidad de los cultivos hortícolas.
Los ecosistemas también se ven afectados, ya que algunas plantas son más sensibles al ozono, lo que interfiere en la competencia entre ellas y altera la composición a largo plazo del ecosistema. Esto no se limita a los daños visibles en las plantas, sino que también afecta su reproducción y producción de semillas, así como la polinización, que presenta nuevos retos, como ‘despistar’ a los polinizadores.
La Exposición de la Vegetación a Altos Niveles de Ozono
La región mediterránea es conocida por tener altas concentraciones de ozono. Este gas se genera a partir de reacciones entre óxidos de nitrógeno y otros compuestos en la atmósfera, tanto naturales como de origen humano, bajo la influencia de la luz solar. Debido a la intensa radiación en estas áreas, la formación de ozono es mayor que en otras zonas. Sin embargo, la contaminación derivada de la actividad humana ha superado el umbral de resistencia de las plantas mediterráneas, lo que se traduce en una situación de contaminación inevitable.
En cuanto al nitrógeno, aunque está presente de manera natural en la atmósfera, la mayor parte no es biodisponible para los seres vivos. El nitrógeno biodisponible se genera principalmente a través de la fijación biológica realizada por ciertos microorganismos del suelo, permitiendo así que las plantas lo utilicen para sus funciones vitales.
Las Fuentes del Exceso de Nitrógeno en la Atmósfera
El exceso de nitrógeno en la atmósfera proviene principalmente de la actividad agrícola, como las emisiones de amoniaco derivadas de la ganadería y la aplicación de fertilizantes. Desde la Revolución Industrial, la producción agrícola ha aumentado exponencialmente, junto con la emisión de compuestos contaminantes, procedentes también de la actividad industrial, el transporte y la generación de energía.
Este exceso de nitrógeno provoca desequilibrios nutricionales, favoreciendo el crecimiento de especies invasoras y oportunistas sobre las autóctonas, como ocurre con las gramíneas que crecen mucho más rápido que las leguminosas. La combinación de este factor con otros, como sequías y el cambio climático, incrementa el riesgo de incendios, generando un estrés adicional que altera los ecosistemas.
Efectos de la Contaminación en la Vegetación Urbana y Más Allá
La afectación sobre las plantas cercanas a las fuentes de emisión es variable y depende del compuesto contaminante. Los óxidos pueden desplazarse decenas o cientos de kilómetros, transformándose en partículas dispersas. Por ejemplo, una emisión en Madrid puede afectar a la Sierra Norte, aunque sea en menor concentración.
El ozono, al ser un contaminante secundario, se forma en la atmósfera a partir de otros compuestos, incluyendo óxidos de nitrógeno procedentes de las ciudades. A medida que se desplaza al aire rural, se convierte en ozono, afectando a la vegetación y los bosques, aún sin haber sido originado en esas zonas.
La alarmante realidad es que factores adicionales, como sequías y el cambio climático, elevan el riesgo de incendios, convirtiéndose en una combinación de factores de estrés que altera los ecosistemas.
En Barcelona, por ejemplo, la Sierra de Collserola, adyacente al mar, experimenta un aumento en la producción de ozono durante el verano debido a la recirculación del aire, afectando la vegetación local.
Normativas Europeas sobre Emisiones de Contaminantes
La legislación europea establece límites nacionales de emisión para diversos contaminantes, basándose en evidencias científicas y en la experiencia obtenida durante más de 45 años de la Convención del Aire. Esta convención surgió a raíz de las preocupaciones por la lluvia ácida que dañaba ecosistemas en Escandinavia, acumulando fuentes de contaminación de gran parte de Europa Central y Occidental.
Desde su creación, estos límites han evolucionado, revisándose periódicamente a la baja con el objetivo de reducir la contaminación al mínimo. Actualmente, aunque se cumplen la mayoría de estos límites, el sector del amoniaco, principalmente derivado de la agricultura, sigue presentando emisiones similares a las de cuando se establecieron los límites, constituyéndose como un gran desafío en la lucha contra la contaminación atmosférica.
Acciones para Mitigar la Contaminación Atmosférica
Existen soluciones viables para combatir estas emisiones. Un reciente estudio publicado en la revista Environmental Pollution indica que una gestión mejorada de los fertilizantes podría reducir las emisiones de amoniaco en un 36 % y, a su vez, disminuir el riesgo para los ecosistemas en un 43 %. Asimismo, las acciones individuales de los ciudadanos, como reducir el consumo de carne a la mitad, también contribuirían significativamente a la disminución de la contaminación atmosférica.
El Futuro Ante el Ozono y el Nitrógeno
El CIEMAT advierte que, sin políticas más estrictas de reducción de emisiones y sistemas de monitoreo continuo, los impactos del ozono y el nitrógeno seguirán ampliándose. Los bosques, esenciales para mitigar el cambio climático y preservar la vida silvestre, podrían comprometer su resiliencia a largo plazo si no se actúa con urgencia frente a esta amenaza invisible pero persistente.
