MADRID, 9 Nov. (EDIZIONES) – Durante años se ha creído que la intuición era irracional o casi mágica, pero la neurociencia demuestra que es todo lo contrario: un proceso cerebral real, rápido y preciso que acumula tu conocimiento y experiencia para guiarte en la toma de decisiones del día a día.
Así lo explica el investigador Mikel Alonso en su obra ‘El valor de la intuición’ (Ariel), donde detalla cómo entrenar ese «instinto» para decidir mejor en el trabajo, en la vida y hasta en el amor. Durante una entrevista con Salud Infosalus, destaca que, de las 35.000 decisiones que tomamos a lo largo del día, solo 100 son conscientes, y el resto son fruto de nuestra intuición.
Alonso, doctor por la Universidad Complutense de Madrid con una tesis doctoral en neurociencia aplicada al comportamiento y máster en psicología aplicada al deporte e hipnosis y psicoterapia ericksoniana, subraya que la ciencia describe la intuición como un proceso enfocado a la acción que es «inconsciente, subjetivo, rápido y capaz de extraer con precisión conclusiones probabilísticas».
La intuición y la toma de decisiones
Él señala que la intuición es una herramienta en nuestro cerebro que nos ayuda en nuestra constante toma de decisiones: «Cuando estamos, por ejemplo, en nuestro día a día, nuestro cerebro intenta anticiparse a lo que va a ocurrir para tomar decisiones, recopilando información constantemente y extrayendo patrones de lo que sucede a nuestro alrededor».
La intuición no sirve en el amor
A pesar de estos beneficios, Alonso recomienda cautela al considerar la intuición en el ámbito del amor, donde asegura que «no funciona bien porque estamos inmersos en una fiesta de neurotransmisores» y, en este contexto, la corazonada, o esas conclusiones rápidas que tomamos gracias a nuestra experiencia, pasan desapercibidas.
Además, el investigador destaca la diferencia entre los sesgos cognitivos y la intuición en la toma de decisiones: «Los sesgos cognitivos son una trampa, un atajo del cerebro que se fija solo en algunos aspectos que llaman la atención y así ahorra gasto energético, decidiendo rápido. Por el contrario, la intuición se basa en el aprendizaje, el conocimiento y la experiencia, y se siente en el cuerpo. Una persona que desarrolla ese conocimiento inconsciente y silencioso que mueve el motor de la intuición es probable que modifique radicalmente la influencia de sus sesgos cognitivos».
La intuición femenina y su validación científica
El doctor Alonso recalca que hay evidencias científicas que sugieren que las mujeres tienen una mayor predisposición que los hombres en cuanto a rapidez y precisión en sus decisiones intuitivas. «Muchos de estos sistemas en los que ellas destacan son alimento natural de este módulo. Sin embargo, esa predisposición positiva debe ser entrenada. Si existe una cualidad destacable del cerebro, es su plasticidad», señala.
Igualmente, menciona que algunos investigadores afirman que «los hombres pueden aprender a alcanzar los mismos niveles de capacidad intuitiva» que las mujeres poseen de manera natural, si se dedican a profesiones más sociales, humanas o empáticas.
La importancia de la experiencia en la intuición
El experto afirma que «la intuición, que todos tenemos, acumula todo nuestro conocimiento implícito y explícito». Esto significa que, además del aprendizaje reglado, también incluye lo que adquirimos sin darnos cuenta. «La intuición es rápida, pero aprende despacio, ya que requiere experiencia; a partir de ahí, la intuición ofrece su mejor versión», añade.
Respecto a las personas mayores, indica que tienden a acumular cada vez más experiencia y conocimiento. Este hecho conlleva a que el cerebro intuitivo se deteriora menos en comparación con el cerebro cognitivo a medida que pasan los años, lo cual permite a las personas mayores tomar decisiones más intuitivas, aunque se basen en una mayor cantidad de información.
Las emociones influyen en nuestra intuición
Alonso también menciona que «nuestras emociones a veces interfieren en la toma de decisiones». Según explica, «si nuestras emociones y nuestra intuición no intervinieran en cada una de las 35.000 decisiones diarias, éstas se convertirían en un proceso analítico interminable».
Por esta razón, subraya que las emociones son complementarias a la intuición y forman parte del sistema de decisiones. «La intuición se alimenta del conocimiento y de la experiencia. Una persona que ha entrenado puede contar con patrones más ricos y complejos». Sin embargo, advierte que «en muchas ocasiones lo mejor es dejar de pensar tanto».
Alonso sostiene que, aunque puede parecer que las decisiones tomadas de manera intuitiva son menos fundamentadas, «pensar menos te hace decidir de forma más inteligente. Numerosos experimentos corroboran esta idea; pensar en exceso puede llevar a malas decisiones».
Consejos para entrenar la intuición
Finalmente, en su libro, Alonso comenta que «la intuición no es ni magia ni una simple corazonada, sino una capacidad mental real, precisa y cultivable». A continuación, propone algunos consejos prácticos para trabajar en la intuición en la vida diaria:
- Comenzar por la intuición: Darle una oportunidad sin juzgar el resultado. «Tiene mala fama, pero nos ayuda a decidir, sobre todo en lo que somos expertos».
- Enriquecer la intuición: Proporcionar información para que el sistema se ajuste a nuestra visión del mundo.
- Practicar el optimismo: Fundamental para reducir emociones intensas o negativas que obstaculizan la toma de decisiones.
- Mantener una actitud de aprendizaje: Es crucial para estar siempre abiertos a adquirir nuevos conocimientos.
- Acumular experiencia significativa: Importante para enriquecer la capacidad intuitiva.
- Investigar nuestras corazonadas: Conocer cómo se manifiesta nuestra intuición.
- Vigilar los enemigos de la intuición: Identificar y controlar sesgos, juicios emocionales o estereotipos mediante técnicas como mindfulness.
