Los abrazos son una expresión de afecto que transmite calidez, tranquilidad o amor entre las personas que lo reciben. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Binghamton (Estados Unidos) han descubierto que no siempre esta es la intención de quien abraza. En un reciente estudio, se ha revelado que no todos los abrazos son inofensivos o afectuosos; algunas parejas, especialmente aquellas que presentan la «triada oscura», utilizan el tacto como medio de control.
Las personas con rasgos de personalidad de la «triada oscura» (narcisismo, psicopatía y maquiavelismo) son más propensas a utilizar el tacto para manipular a sus parejas. El artículo publicado en la revista Current Psychology por Richard Mattson, profesor de psicología en la Universidad de Binghamton, y su equipo pone de relieve que estos comportamientos problemáticos están vinculados a tipos particulares de personalidad. Según Mattson, «no solo no se obtienen los beneficios del tacto en estas relaciones, sino que, además, es poderoso, por lo que puede usarse para beneficio propio en detrimento de la pareja.
Uso manipulativo del contacto
En los últimos años, la ciencia de las relaciones ha centrado su atención en cómo las personas pueden aprovechar el tacto en sus interacciones para fomentar el bienestar emocional. Aunque la mayoría de los psicólogos se enfocan en los beneficios del tacto, Mattson y su equipo han decidido explorar el lado oscuro de este comportamiento.
«Es un tema candente en la ciencia de las relaciones, pero adoptamos una perspectiva ligeramente diferente, observando que no todas las formas de contacto son bien intencionadas, aunque topográficamente se parezcan a otros tipos de contacto«, señala Mattson. Lo que han observado es el uso manipulativo del contacto, que a menudo se combina con la preferencia de una persona por no ser tocada.
Para investigar cómo los estilos de apego y rasgos de personalidad impactan en la manera en que las personas dan y reciben afecto físico en relaciones íntimas, el equipo interrogó a más de 500 estudiantes universitarios sobre su nivel de comodidad al recibir contacto físico, así como su propensión a evitarlo debido a la incomodidad o a utilizar el contacto de manera perjudicial para los demás.
Los hallazgos indican que aquellos con rasgos de la «triada oscura»: psicopatía, narcisismo y maquiavelismo son más propensos a usar el tacto como una forma de manipulación en sus relaciones sentimentales. Los resultados mostraron variaciones significativas según el género.
En los hombres, la comodidad al recibir caricias se relacionó más con inseguridades en sus relaciones. Aquellos que eran ansiosos sobre su situación sentimental tendían a utilizar el tacto para obtener seguridad emocional, mientras que aquellos que se sentían incómodos en la cercanía simplemente no disfrutaban del contacto físico, independientemente de otros rasgos de la personalidad. Por su parte, las mujeres con rasgos de la «triada oscura» se mostraban más incómodas al recibir contacto, pero eran más propensas a recurrir al tacto como herramienta de manipulación.
Los individuos que presentan altos niveles de rasgos de la «triada oscura» suelen tener relaciones románticas a corto plazo, según afirma Mattson. Estas relaciones a menudo están marcadas por diversas dificultades, algunas veces incluso violencia. Sin embargo, los investigadores todavía desconocen cómo se manifiestan estos rasgos en el contexto de las relaciones interpersonales.
Se asume que la esencia de estos rasgos es una orientación de ‘yo primero, tú después’, explica Mattson. «Examinábamos esto y cómo se manifiesta en algo crucial para las relaciones: cómo las personas se orientan hacia el afecto y lo intercambian a través del tacto. Pensamos que este podría ser un mecanismo clave para explicar los problemas que enfrentan aquellos con rasgos de la triada oscura en sus relaciones».
Finalmente, Mattson destaca que esta información puede ser crucial para delimitar áreas de intervención clínica. «El tacto por sí solo podría ser un alivio en situaciones en las que alguien necesita apoyo, y sabemos que tiene efectos positivos en la salud, incluso si la persona siente aversión al contacto físico. En tales casos, podríamos utilizar el tacto para ofrecer intervenciones económicas y efectivas a quienes no han aprendido a emplear el tacto de manera saludable y recíproca, y en su lugar dependen de él para ejercer control o protegerse».
