Cabe recordar que las micosis, infecciones por hongos microscópicos, causan cada año la muerte de más de 1.500.000 personas, una mortalidad superior a la causada por la tuberculosis o la malaria. Además, las micosis resistentes a los tratamientos son cada vez más frecuentes. Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2022 una lista de hongos de interés prioritario que requieren más atención y recursos para su diagnóstico y tratamiento.
¿Cómo actúa la Candidozyma auris?
En contraste con otras especies de Candida que forman parte de la microbiota intestinal, Candidozyma auris coloniza la piel. Las personas afectadas eliminan grandes cantidades de hongos, contaminando la ropa, el suelo y los instrumentos médicos (fómites). En estos lugares, el hongo resiste al estrés ambiental y puede persistir semanas. Para conseguir su erradicación se requiere una limpieza intensiva con productos clorados, luz ultravioleta o vapor de peróxido de hidrógeno, así como estricta higiene de manos.
En general, las micosis superficiales (pie de atleta, tiña o candidiasis vaginal) son muy frecuentes, pero no implican riesgos importantes. Aunque la mayoría de las personas colonizadas por Candidozyma auris no desarrollan una enfermedad, algunas sí pueden sufrir candidiasis graves: la mortalidad es superior al 30% en personas con inmunodeficiencia cuando penetra en heridas quirúrgicas o en la sangre a través de dispositivos intravenosos. Puede afectar a órganos internos, como corazón (endocarditis y miocarditis), huesos (osteomielitis) o cerebro (meningitis).
Los brotes infecciosos son más frecuentes en unidades de cuidados intensivos, unidades de reanimación y residencias geriátricas, donde los pacientes son más vulnerables. El diagnóstico es complejo porque las técnicas convencionales no son suficientes y se requieren técnicas moleculares que no están disponibles en todos los laboratorios. Además, el tratamiento es difícil debido a la resistencia de muchos de los aislamientos clínicos de Candidozyma auris, lo que a veces obliga a combinar fármacos durante semanas para conseguir la curación.
Una rápida expansión en Europa
En Europa, según el último informe publicado por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) el 11 de septiembre de 2025, la propagación de Candidozyma auris mantiene un ritmo acelerado y representa una amenaza para las personas ingresadas en hospitales. Hasta 2023, se han declarado 4.012 candidiasis y colonizaciones de piel y mucosas en la Unión Europea, con una mayor incidencia en España (1.807 infecciones), Grecia (852) e Italia (712). Solo en 2023 hubo 1.346 casos en 18 países.
Se han producido brotes recientes en Chipre, Francia y Alemania, alcanzando el nivel de endemia en regiones de España, Grecia, Italia y Rumanía en menos de siete años. El informe señala lagunas importantes en los sistemas de vigilancia epidemiológica y en las directrices para la prevención y el control de las infecciones. Aunque la mayoría de los países cuentan con laboratorios de referencia en micología, solo 17 tienen un sistema nacional de vigilancia y 15 disponen de esas directrices.
Es de suponer que las cifras citadas son solo la punta del iceberg, ya que se desconoce la frecuencia de la enfermedad fuera de los hospitales. Además, con el aumento de las infecciones y su distribución geográfica, el control de la epidemia se complica y el riesgo de propagación crece.
España fue el primer país de Europa en notificar un brote de infección hospitalaria por Candidozyma auris. Ocurrió en 2016 en el Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia y todavía persiste. Según Javier Pemán, microbiólogo médico de este hospital, “las infecciones siguen concentrándose en los mismos servicios y hospitales, pero hay una mayor concienciación de médicos y pacientes. Se han establecido protocolos específicos de vigilancia y se aplican de forma más temprana medidas de control”.
Al calor del cambio climático
La aparición simultánea de diferentes linajes de Candidozyma auris ha reforzado la hipótesis de su origen ambiental. El aumento de la temperatura global asociado al cambio climático habría favorecido a este hongo, resistente a los ciclos de humedad y desecación, y permitido su posterior adaptación al entorno humano.
En cuanto a su origen, es probable que Candidozyma auris haya saltado desde las marismas al ambiente rural y de allí al entorno urbano, gracias a la participación de hospedadores-transmisores como aves migratorias, pequeños mamíferos y personas. El aislamiento del hongo en muestras de marismas, playas, piscinas, polvo atmosférico, perros y anfibios refuerza esta hipótesis.
Es su adaptación al aumento de temperatura lo que le habría permitido superar nuestra barrera de endotermia (zona de exclusión térmica): muchos hongos no sobreviven en los mamíferos debido a su elevada temperatura corporal. La alteración de los nichos ecológicos por la agricultura, el uso de pesticidas o la urbanización habría facilitado este paso.
Los estudios de secuenciación genómica completa (WGS) han identificado seis linajes o clados de Candidozyma auris, geográficamente y genéticamente distintos, con variable virulencia y resistencia a los antifúngicos. Sin embargo, hay candidiasis causadas por cualquiera de los linajes en todo el mundo debido al aumento de los desplazamientos de las personas. Actualmente, el reto más importante que enfrentamos es entender mejor la biología de Candidozyma auris para poder desarrollar formas más eficaces de prevención de su diseminación, métodos más rápidos de diagnóstico y nuevos fármacos y vacunas más efectivos.
Los expertos advierten que el cambio climático actúa como catalizador de nuevas enfermedades infecciosas, al alterar las dinámicas ecológicas y facilitar la interacción entre patógenos, animales y humanos. Los hospitales y los sistemas de salud deben prepararse para afrontar este desafío emergente, reforzando la vigilancia epidemiológica, la investigación en nuevos tratamientos y las políticas de prevención.
