
MADRID, 7 de mayo. Científicos de la Universidad de Edimburgo, en el Reino Unido, han descubierto nuevas pruebas que cuestionan las suposiciones tradicionales sobre las causas de un tipo común de accidente cerebrovascular, ofreciendo además pistas sobre por qué los tratamientos ampliamente utilizados podrían no ser efectivos.
El estudio, publicado en la revista ‘Circulation’, revela que la acumulación de depósitos grasos en las arterias no parece ser la causa del ictus isquémico lacunar, un tipo que representa aproximadamente una cuarta parte de todos los ictus isquémicos en el Reino Unido cada año.
Los investigadores identificaron otra anomalía vascular, específicamente el agrandamiento y la dilatación de las arterias del cerebro, como un factor fuertemente asociado con el ictus lacunar. Estos hallazgos ayudan a entender por qué la aspirina y otros fármacos antiplaquetarios, comúnmente utilizados para prevenir accidentes cerebrovasculares, pueden no ser tan eficaces en este caso.
El problema no estaría en las arterias grandes
Los resultados del estudio están contribuyendo a definir nuevos enfoques de tratamiento, incluido el ensayo de intervención LACunar 3 (LACI-3), que evalúa fármacos que actúan directamente sobre los pequeños vasos sanguíneos del cerebro. El infarto lacunar se produce por daños en los vasos más pequeños del cerebro, lo cual se conoce como enfermedad de los vasos pequeños, y es una de las principales causas de discapacidad, deterioro cognitivo, demencia y nuevos accidentes cerebrovasculares. Sin embargo, las causas subyacentes siguen siendo poco claras, limitando así el avance en el desarrollo de tratamientos eficaces.
Para investigar esta problemática, los científicos estudiaron a 229 pacientes que habían sufrido un accidente cerebrovascular lacunar o un accidente cerebrovascular no lacunar leve. Los participantes se sometieron a evaluaciones clínicas y cognitivas, así como a resonancias magnéticas cerebrales durante el ictus y un año después. Estas exploraciones permitieron a los investigadores identificar el tipo de ictus, los signos de enfermedad de pequeños vasos y las nuevas áreas de daño cerebral. Se compararon los casos de estrechamiento de grandes arterias con el ensanchamiento y la elongación de las arterias cerebrales.
El estudio reveló que el estrechamiento de las grandes arterias no estaba relacionado con el ictus lacunar ni con la enfermedad de los vasos pequeños. Esta condición se observó con mayor frecuencia en otros tipos de ictus y no predecía la aparición de nuevas áreas de lesión cerebral en las exploraciones de seguimiento. En contraste, el ensanchamiento de las arterias mostró una fuerte relación con la enfermedad lacunar, siendo que los pacientes con esta característica tenían más de cuatro veces más probabilidades de sufrir un ictus lacunar.
La dilatación arterial también se asoció con una mayor carga de enfermedad de pequeños vasos, un deterioro más rápido del daño cerebral y un mayor riesgo de desarrollar nuevos accidentes cerebrovasculares «silenciosos»: pequeñas áreas de daño en el tejido cerebral causadas por la interrupción del suministro sanguíneo, que pueden ocurrir sin síntomas evidentes. Más de uno de cada cuatro participantes desarrolló estos accidentes cerebrovasculares silenciosos durante el estudio, a pesar de recibir tratamientos estándar para prevenir futuros accidentes.
Por qué algunos tratamientos actuales podrían no funcionar
Los investigadores sostienen que los tratamientos futuros deberían centrarse en el daño subyacente a los vasos sanguíneos pequeños. Ensayos como el LACI-3 están evaluando si fármacos ya existentes, como el cilostazol y el mononitrato de isosorbida, pueden proteger el cerebro, reducir la probabilidad de sufrir nuevos accidentes cerebrovasculares y ayudar a evitar problemas de memoria, movilidad y demencia tras un infarto lacunar.
Joanna Wardlaw, catedrática de Neuroimagen Aplicada en el Instituto de Neurociencia y Enfermedades Cardiovasculares de la Universidad de Edimburgo y jefa de grupo en el Instituto de Investigación de la Demencia del Reino Unido, concluye: «Este estudio aporta pruebas contundentes de que el infarto lacunar no se debe a la obstrucción grasa de las arterias principales, sino a una enfermedad de los pequeños vasos sanguíneos del propio cerebro. Reconocer esta distinción es crucial, ya que explica por qué los tratamientos convencionales, como los fármacos antiplaquetarios, no son tan eficaces para este tipo de infarto y subraya la urgente necesidad de desarrollar nuevas terapias dirigidas al daño microvascular subyacente».
