
– /Contacto/Aaron Schwartz – Pool via CN
MADRID, 4 Abr. – El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a sacudir los cimientos de la OTAN con renovados ataques a sus aliados por la falta de implicación en la guerra en Irán. En particular, ha cuestionado el esfuerzo por garantizar la libre navegación por el estrecho de Ormuz, hasta el punto de que Washington considera la posibilidad de retirarse del bloque militar. Esta declaración, aunque aún no materializada, se traduce en un duro golpe a los fundamentos de una organización basada en la disuasión militar.
Después de tensar al máximo la relación con sus socios de la OTAN debido a sus pretensiones sobre Groenlandia, Trump ha encendido las alarmas nuevamente con una serie de ataques a los aliados por no unirse a la ofensiva contra Irán. Este acoso culminó en amenazas de salir de la organización que Estados Unidos fundó en 1949 para crear un bloque militar contra la Unión Soviética.
Las discrepancias entre Estados Unidos y las potencias europeas sobre la estrategia a seguir en Ormuz, un punto crucial para el comercio global de petróleo, llevaron a Trump a lanzar repetidos ataques contra estos países, a los que llamó «cobardes» e ingratos. Según su perspectiva, las acciones de Washington en Irán benefician principalmente a otros países, que no aportan medios militares a una misión naval que él califica de «menor», en un momento en que la Marina iraní está debilitada tras semanas de ataques continuos.
En este contexto, el presidente estadounidense les reclamó a sus socios que tomen «su propio petróleo» de la conflictiva región del Golfo sin la asistencia de Estados Unidos. Mientras tanto, la alternativa liderada por Francia y Reino Unido se enfoca en una ‘hoja de ruta’ diplomática que aspire a reabrir el paso que de facto mantiene bloqueado Teherán.
Trump ha insistido en que no necesita la ayuda de la OTAN para la campaña en Irán y el control del estrecho, pero sostiene que la organización militar debe estar presente en situaciones como esta. No obstante, la OTAN es por definición una alianza defensiva y reacia a las aventuras militares que puedan emprender sus miembros.
El papel de la OTAN fue limitado en las guerras de Irak y Afganistán iniciadas por Estados Unidos durante el mandato de George Bush, en las cuales sí se desplegó posteriormente en misiones para brindar seguridad y ayudar a las autoridades locales en el control del territorio y la reconstrucción de los países afectados.
Más allá de debates teóricos, el jefe de la Casa Blanca subraya la debilidad de los aliados por su falta de compromiso y enfatiza que la Alianza Atlántica «es un tigre de papel» sin el respaldo estadounidense. En este sentido, exigió que los aliados «aprendan a defenderse por sí mismos», advirtiendo que «Estados Unidos ya no estará ahí para ayudarlos». Este mensaje tiene consecuencias profundas para la organización, que basa su fortaleza en la capacidad de disuasión y en la cláusula de defensa mutua consagrada en el artículo 5.
Amanezas de Abandonar la OTAN
El punto álgido llegó unos días después, cuando Trump volvió a arremeter contra la OTAN en una entrevista al afirmar que está «más que considerando» la salida de Washington del bloque, en medio de una retahíla de críticas por no apoyar al ejército norteamericano en la guerra en Irán.
De esta forma, añadió presión al mensaje ya expresado por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien afirmó que la Casa Blanca tendrá que «reevaluar el valor de la OTAN» después de que varios países hayan limitado el uso de sus bases por parte de Estados Unidos, en particular España, Italia y Alemania. El jefe de la diplomacia estadounidense subrayó que es necesario evaluar si la OTAN sigue cumpliendo su propósito, o si se ha convertido en una «calle de sentido único», haciendo referencia a que Washington «está en posición de defender a Europa», pero cuando necesita la ayuda de sus aliados, le niegan los derechos de base y de sobrevuelo.
Respuesta de los Aliados
Frente a estas amenazas, dirigentes europeos han tratado de mantener la calma y no reaccionar exageradamente ante las posiciones extravagantes y a veces incoherentes del líder estadounidense. El presidente francés, Emmanuel Macron, pidió «estar a la altura» de los compromisos en la OTAN y advirtió a Trump que estas cuestiones vacían de contenido a la organización.
El mandatario galo hizo hincapié en que alianzas como la OTAN «valen por lo que no se dice» y enfatizó que el pilar fundamental del bloque es «la confianza que hay detrás». «Cuando se firma un acuerdo, cuando se entra en una alianza, cuando se cree que es importante defender la seguridad de los aliados, hay que estar a la altura de los compromisos adquiridos», reclamó Macron.
En el mismo sentido, el primer ministro polaco, Donald Tusk, advirtió que las amenazas de Trump, unidas a decisiones como la relajación de las sanciones al petróleo ruso, son el «plan soñado» por el presidente ruso, Vladimir Putin, quien representa la principal amenaza de seguridad para la zona euroatlántica.
Por parte de Alemania, el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, ha reconocido su «preocupación» por los comentarios del presidente estadounidense sobre una posible retirada. Sin embargo, Berlín, que es uno de los socios más fieles del lazo trasatlántico, cree que una salida de la Alianza «puede evitarse» y que el «compromiso y determinación» de los aliados tienen que hacer recapacitar a Washington.
Esta crisis, abierta por Trump, se convierte en una de las más críticas, ya que afecta a la raíz de la organización. Sin embargo, es solo una de las disidencias que el magnate estadounidense mantiene con el bloque militar desde que asumió el liderazgo de la nación que dirige la OTAN. Jamás ha sido un gran defensor de la OTAN, aunque se jacta de haber logrado un nuevo compromiso de gasto militar para que los aliados dediquen el 5% de su PIB al presupuesto de defensa.
Tras meses de confrontaciones, el presidente llevó la presión habitual de Washington a sus aliados para elevar el gasto a un nuevo nivel, logrando en la cumbre de La Haya la anhelada cifra que los 32 aliados, incluyendo a España con matices, acordaron cumplir en el plazo de una década.
En este contexto, con los lazos con Europa gravemente erosionados, se erige como fundamental la figura del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien es criticado en algunos países del continente por alinearse sistemáticamente con las tesis de Trump, pero que en la práctica tiene la llave para suavizar sus demandas o incluso, en última instancia, hacer que las deje en suspenso.
Ante la continua estrategia de confrontación y negociación de Trump, el ex primer ministro neerlandés ha conseguido, llevando al máximo la técnica del apaciguamiento y apoyando a Washington en prácticamente todas sus exigencias, desactivar algunos de los ultimátums lanzados por la Casa Blanca. En este sentido, y defendiendo la organización como una plataforma donde los aliados deben resolver tensiones, Rutte logró un preacuerdo con Trump sobre Groenlandia, que en la práctica supone mantener abiertos los canales diplomáticos con Dinamarca y las autoridades de la isla para modernizar las relaciones y buscar formas de ampliar la cooperación en materia de seguridad sin cuestionar la soberanía danesa sobre el territorio ártico.
En este marco, y sumergido en una nueva misión compleja, Rutte viajará la semana próxima a Washington para reunirse con Trump, en busca de aliviar las tensiones entre Estados Unidos y sus aliados. La OTAN ha afirmado que la reunión estaba programada con anticipación, pero lo cierto es que no podría ser más oportuna para calmar las amenazas y mitigar, al menos por el momento, la nueva crisis provocada por Trump.
