El dirigente progresista Luiz Inácio Lula da Silva atendió a corresponsales extranjeros dos días antes de recibir a medio centenar de jefes de Estado y de Gobierno en la cumbre de líderes de la COP30, convencido de que será «la mejor» de la historia. En su declaración, Lula enfatizó que «no queremos que la COP continúe siendo un mercadillo climático de productos ideológicos, en el que cada uno dice lo que quiere, cómo lo quiere y nadie está obligado a cumplir lo pactado».
En este contexto, salió en defensa de China, reconociendo que el gigante asiático, principal socio comercial de Brasil, contamina «mucho». Sin embargo, también destacó que China «es el país que más ha avanzado» en la transición energética. Lula subrayó que no sirve de nada echarse la culpa los unos a los otros y abogó por acelerar la implementación de los pactos climáticos, anunciando que presentará varias propuestas a sus pares.
Entre estas propuestas se encuentra un fondo global para la protección de las selvas tropicales, que eliminaría el concepto de «donación», asegurando que todas las partes involucradas se verán beneficiadas. Además, propuso cuadruplicar la producción global de combustibles sostenibles, como el etanol, y la creación de un consejo internacional vinculado a la ONU que fiscalice y, eventualmente, sancione a países incumplidores.
El tema más delicado de la agenda es el petróleo. Lula expresó su disposición a discutir «una línea de tiempo» para abandonar los combustibles fósiles, aunque sin establecer fechas concretas. Para él, sería «un acto de incoherencia e irresponsabilidad» decretar ahora el fin del uso del petróleo. Este es un asunto espinoso en Brasil, que es uno de los diez mayores productores mundiales de petróleo, y que, a puertas de la COP30, autorizó la exploración de crudo en un área cercana a la desembocadura del río Amazonas, de enorme valor biológico.
«Si fuera un líder falso y mentiroso, habría esperado a que la COP pasara» para emitir la licencia medioambiental, comentó.
Lula emplaza a la CELAC a abordar los ataques de EEUU
Por otro lado, el jefe de Estado también analizó la situación en el Caribe y el Pacífico, donde EE.UU. ha bombardeado lanchas supuestamente vinculadas con el narcotráfico, en ataques que han dejado más de 60 muertos. «Tuve la oportunidad de hablar con el presidente Trump sobre ese asunto y le dije que América Latina es una zona de paz… No necesitamos guerras», explicó.
En su visión, «no es necesario» llevar a cabo tal operativo y, por ello, invitó al Gobierno Trump a ayudar a combatir el narcotráfico «sin estar disparando» contra los países latinoamericanos. Afirmó que los problemas políticos deben resolverse dentro de la «política» y «no con armas», haciendo alusión a la crisis venezolana.
Ante la posibilidad de operaciones estadounidenses en territorio venezolano, Lula indicó que «no quiere que se llegue a una invasión terrestre» y se puso a disposición para mediar entre las partes. «No queremos conflictos en Suramérica. El único que queremos es el conflicto verbal», reiteró, y añadió que también había hablado del tema con la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum.
Lula se mostró a favor de discutir «una línea de tiempo» para abandonar los combustibles fósiles, pero sin fechas concretas.
Asimismo, defendió la importancia de tratar la ofensiva militar en la cumbre de la CELAC-UE, que se celebrará la próxima semana en Colombia. En paralelo, Lula también negocia con Trump para revocar las sanciones a autoridades brasileñas y eliminar los aranceles del 50 % sobre productos brasileños, impuestos en represalia por el juicio que condujo a la condena del expresidente Jair Bolsonaro por intento de golpe de Estado.
En este marco, espera alcanzar un acuerdo y anticipó que volverá a llamar a Trump tras la COP30, «si observa que las negociaciones no avanzan».
Con ganas de disputar las elecciones de 2026
A nivel local, Lula defendió su candidatura para las elecciones de octubre de 2026, afirmando que, a sus 80 años, se encuentra en «el mejor momento de su vida» y no quiere que «vuelva la extrema derecha al poder». «En lo que dependa de mí, nunca más alguien de la extrema derecha negacionista va a gobernar», aseguró.
Lula ocupa la presidencia desde enero de 2023, cuando sucedió al ultraderechista Jair Bolsonaro, quien se encuentra actualmente en prisión domiciliaria, condenado a 27 años de prisión por «liderar» una trama golpista para «perpetuarse» en el poder tras perder las elecciones de 2022 contra Lula.
Según las encuestas divulgadas hasta la fecha, Lula lidera todos los escenarios de intención de voto frente a cualquiera de los posibles candidatos. Sin embargo, su posición genera debate, ya que, mientras defiende el liderazgo de Brasil en energías renovables, el país sigue invirtiendo en exploración petrolera, especialmente en el llamado «pre-sal», una de las mayores reservas de crudo del mundo.
Lula sostiene que el petróleo aún será necesario durante un periodo de transición, pero insiste en que sus beneficios deben destinarse a acelerar la descarbonización y preparar la economía para el fin de la era fósil. En la COP30, Lula pretende unir a los países en una voz común que exija justicia climática y financiamiento verde.
