
MADRID, 5 Ene. (EUROPA PRESS) – La psicóloga especializada en psicoterapia integradora de Instituto Centta, María González, ha explicado que los propósitos de Año Nuevo basados únicamente en el esfuerzo individual y el autocontrol suelen abandonarse a las pocas semanas, sobre todo cuando no cuentan con apoyo social.
La cultura contemporánea nos empuja a pensar que mejorar es una tarea individual, casi solitaria, centrada en el rendimiento y la productividad personal. Son metas válidas, pero muchas veces no responden a nuestras necesidades emocionales más profundas ni tienen en cuenta algo esencial: somos seres sociales, ha detallado González.
Desde la experiencia clínica, González observa que el énfasis exclusivo en el yo puede tener un efecto contraproducente: «Cuando los propósitos se convierten en una lista de mejoras personales que no se alcanzan, aparecen la culpa, la sensación de insuficiencia y la frustración».
La psicóloga recuerda que el bienestar humano no depende solo del rendimiento individual, sino de la calidad de los vínculos y del sentido de pertenencia: «Nuestro equilibrio emocional está profundamente ligado a la comunidad, a sentirnos conectados y a saber que formamos parte de algo más amplio».
Por ello, plantea un cambio de enfoque: «Quizá un propósito verdaderamente transformador no sea ‘cambiarme a mí mismo aislado del mundo’, sino preguntarme cómo quiero relacionarme con los demás y con el entorno».
En este punto, numerosos estudios en psicología señalan que las acciones prosociales -ayudar, cooperar, acompañar- tienen un impacto directo en la salud mental. «Cuando actuamos pensando en el bien común se activan sistemas cerebrales relacionados con la recompensa y el vínculo, como la dopamina y la oxitocina», explica González.
Propuestas para un Año Nuevo con Más Vínculo y Menos Presión
González propone algunos ejemplos de propósitos orientados al cuidado colectivo y relacional, como practicar una escucha más profunda: «Escuchar sin interrumpir, juzgar o interpretar es un acto sencillo, pero con un enorme impacto en la calidad de nuestras relaciones», apunta.
Además, aconseja involucrarse en la comunidad y participar en iniciativas vecinales, culturales, sociales o ambientales. «Dedicar incluso un par de horas semanales a algo que tenga sentido para uno mismo fortalece la cohesión social y el bienestar emocional», ha añadido.
También recomienda cultivar la gratitud compartida, reducir el juicio y aumentar la compasión, así como cuidar el entorno como parte del cuidado mutuo. «La conexión con el entorno y las acciones ecológicas compartidas también son una forma de cuidado psicológico», ha afirmado.
Como cierre, la psicóloga invita a replantear el punto de partida del Año Nuevo: «Quizá el reto no sea cambiar radicalmente nuestra vida individual, sino preguntarnos qué mundo estamos contribuyendo a crear con nuestras decisiones cotidianas».
«Los propósitos que nacen de esta pregunta no solo transforman a quien los formula, sino también al entorno que habita. Comenzar el año mirando hacia afuera, y no solo hacia adentro, puede ayudarnos a reconectar con lo esencial: crecer también es vincularnos, acompañarnos y construir juntos», concluye González.
