
– JAVIER DEL REAL – TEATRO REAL
MADRID 26 Ene. (EUROPA PRESS) – El público del Teatro Real se ha rendido este lunes ante el estreno de la ópera ‘Ariadna y Barbazul’, de Paul Dukas, donde ella se libera del «maltratador».
Un montaje innovador
El montaje, que cuenta con la dirección de escena de Àlex Ollé (‘La Fura dels Baus’) y libreto de Maurice Maeterlinck, narra la historia de una mujer «adelantada a su tiempo», como había explicado Ollé, que se casa con Barbazul, de quien se esparcen los rumores de haber asesinado a sus anteriores esposas. En ese momento comienza el montaje.
Personalidades destacadas en la audiencia
Entre el público se encontraba el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant Ripoll; el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres Pérez; el presidente de la Asamblea de Madrid, Enrique Ossorio; la vicesecretaria de regeneración institucional del Partido Popular, Cuca Gamarra; y el presidente de la Asociación de Amigos del Teatro Real, Asis Martín de Cabiedes.
Ariane: Un personaje revolucionario
Ariane, la protagonista del montaje, había sido presentada hace algunas semanas como el primer «gran personaje femenino emancipado», y este carácter se ha confirmado en el estreno de este lunes, ya que el gran peso lo ha llevado ella, encarnada por la vitoreadísima mezzosoprano Paula Murrihy, y el resto de personajes femeninos, como la también mezzosoprano Silvia Tro Santafé, que es el aya.
Un protagónico minimalista de Barbazul
De hecho, Barbazul, interpretado por Gianluca Buratto, canta apenas cinco minutos, y son las mujeres las que lideran la voz.
Un regreso esperado
Aunque la programación de la ópera de Dukas y Maeterlinck en el Real llega pocos meses después de subir a su escenario otra adaptación del mismo cuento por parte de Béla Bartók, ‘El castillo de Barbazul’, este montaje solo ha estado una única vez más en Madrid, en 1913, con tres representaciones protagonizadas por Virginia Guerrini y dirigidas por Walter Rabl. Esta «injustificada ausencia», tal y como la califica el director artístico del Real, Joan Matabosch, se debe, entre otras razones, a la complejidad de la música de orquesta, que tiene mucho peso y dificulta el trabajo de las cantantes. Junto al director musical Pinchas Steinberg, han resuelto esta barrera con el respaldo del público.
La narrativa de la ópera
La ópera, que ha durado casi tres horas, comienza cuando Ariane llega al castillo de Barbazul tras la boda de ambos. Ahí es cuando le comienzan a llegar los rumores de los campesinos, que odian a Barbazul porque creen que ha asesinado a sus esposas anteriores. Sin embargo, ella no está dispuesta a creerles sin más y busca la verdad.
Así comienza el segundo acto, cuando la nodriza y Ariane recorren el castillo para abrir la puerta que Barbazul le ha prohibido abrir. Al cruzar el último umbral descubren a las cinco esposas anteriores, vivas pero consumidas por el miedo y la inmovilidad. Ariana se presenta como la portadora de esperanza e intenta ayudarlas. Ella invita al resto de las mujeres a seguirla, momento en el que la luz, el sol y la libertad aparecen en el escenario, pero ellas no se deciden y optan por seguir en su sumisión y por quedarse en la lúgubre cárcel de toda la vida, encerradas con su maltratador.
Transiciones de luz y simbolismo
Este paso de la luz a la oscuridad y de nuevo a la libertad, cuando Ariane decide marcharse para siempre, se materializa en el escenario a cargo de Ollé. Toda la acción sucede en el salón del banquete tras la boda y lo que va cambiando son los elementos que apoyan y decoran cada momento. Cuando las mujeres se revelan contra el imperio del miedo de Barbazul, en el escenario aparecen mesas sobre las que se alzan las mujeres, que parecen barricadas. Ariane las lidera encaramada a una pirámide de sillas y mesas dentro de una escenografía laberíntica de velos y motivos geométricos.
Un equipo de producción destacado
Los juegos de luces y oscuridad refuerzan la historia, y la sobriedad geométrica representa el subconsciente de Ariane, inspirado en ‘La interpretación de los sueños’, de Sigmund Freud. Así, Ollé guía a la protagonista en su camino de liberación, desde las tinieblas hacia la luz, articulando sus mundos exterior e interior con un juego de tules, marcos, luces y sombras que potencian el simbolismo y el misterio de la ópera. Ollé se apoya en sus colaboradores habituales, trabajando en complicidad; Alfons Flores ha estado al cargo de la escenografía, Josep Abril Janer se ha encargado del vestuario y Urs Schönebaum de la iluminación.
Vestuario y estética
Además de los tules y gasas que decoran las tablas del Real, lo clásico se posa sobre los protagonistas en forma de trajes rectos y sobrios; en el caso de Barbazul, es gris y no lleva corbata, mientras que los vestidos largos de materiales brillantes son para las mujeres. Ariane canta mientras porta su vestido de boda, el cual no se quita en ningún momento, dotándola de luz, que es lo que trata de ser para el resto de las esposas. Ellas no van de blanco; el azul marino, gris y verdes oscuros son los colores que recuerdan la tristeza en la que están sumidas.
Éxito del estreno
Todo esto ha gustado al público, que tras casi tres horas de ‘Ariadna y Barbazul’ ha roto en aplausos y ha dado una ovación cerrada de más de 6 minutos.
