
MURCIA, 8 de junio. Un estudio reciente ha revelado que los hombres enfrentan importantes dificultades para reconocer su malestar psicológico y solicitar ayuda profesional. Estos obstáculos son en gran parte el resultado del peso del estigma social, la autoexigencia de fortaleza, la represión emocional y las normas de género vinculadas a la masculinidad hegemónica.
El estudio, realizado por Julio A. Camacho-Ruiz, Carmen M. Gálvez-Sánchez y Rosa M. Limiñana-Gras, del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos de la Universidad de Murcia, examina la evidencia científica reciente sobre la salud mental masculina. El análisis destaca cómo los mandatos tradicionales de género, que promueven valores como «ser fuerte», «aguantar» o «resolver los problemas solo», pueden obstaculizar la detección del sufrimiento psicológico y dificultar el acceso a recursos de asistencia mental.
A pesar de que los hombres presentan tasas mucho más elevadas en conductas de riesgo, adicciones y suicidios consumados, el diagnóstico oficial de trastornos como la ansiedad y la depresión es inferior al de las mujeres. Tal diferencia, indica Carmen Gálvez, podría vincularse no solo a distintas formas de expresar el malestar, sino también a posibles sesgos de género en las investigaciones y en la práctica clínica.
Las barreras de la vergüenza y la autoestigmatización
Entre las principales barreras que enfrentan los hombres para buscar ayuda se incluyen la vergüenza, la autoestigmatización, la tendencia a minimizar los síntomas, la desconfianza hacia la terapia y la creencia de que pedir ayuda representa una falta de autosuficiencia. Estos obstáculos están relacionados con procesos de socialización que enseñan a muchos hombres a ocultar su sufrimiento, evitar la expresión emocional y lidiar con sus problemas de forma aislada.
Además, existen barreras estructurales que complican aún más la situación, como la falta de información sobre los recursos disponibles, los costes de tratamiento, la burocracia, las dificultades para acceder a servicios especializados y la escasez de intervenciones diseñadas desde una perspectiva de género. También influye la desconexión con los profesionales o la percepción de que los tratamientos son impersonales y poco útiles, lo que a menudo lleva al abandono del tratamiento.
Salud mental masculina con perspectiva de género
El estudio resalta la necesidad de incluir la perspectiva de género en la atención psicológica y psiquiátrica destinada a hombres. Se debe entender que el malestar masculino no siempre se manifiesta en formas típicas, como la tristeza o el llanto; muchas veces se expresa mediante irritabilidad, aislamiento, consumos de sustancias o comportamientos agresivos, todos síntomas que suelen pasar desapercibidos en la práctica clínica convencional.
Además, enfatiza la importancia de considerar la interseccionalidad en la salud mental; no todos los hombres experimentan la masculinidad ni acceden a la salud mental de la misma manera. Factores como la edad, clase social, etnia, orientación sexual y el contexto cultural, así como la presencia de otras problemáticas, influyen en la forma en que experimentan el sufrimiento y en sus posibilidades de recibir ayuda.
Los investigadores hacen un llamado a promover modelos de masculinidad más saludables e igualitarios que respeten y validen la vulnerabilidad y el autocuidado. «Integrar la perspectiva de género y la interseccionalidad no es solamente un tema teórico, sino una necesidad ética y clínica para garantizar que ningún hombre se quede solo ante su sufrimiento por miedo a dejar de ser ‘un hombre de verdad'», concluye Julio Camacho.
