MADRID, 6 Ene. (EUROPA PRESS) – El psicólogo Jorge Buenavida ha recomendado dar menos regalos durante la época navideña y acompañarlos de tiempo compartido con los niños, con el fin de prevenir la irritabilidad o rabietas que pueden surgir tras la llegada de los Reyes Magos, un fenómeno conocido como ‘resaca emocional’.
«Priorizar menos regalos y acompañarlos de tiempo compartido favorece una experiencia más rica desde el punto de vista emocional, ya que el valor del juguete no reside solo en el objeto, sino en la interacción durante el juego», ha señalado el experto.
En este contexto, Buenavida ha explicado que algunos niños experimentan cambios en su comportamiento después del día de Reyes que pueden generar inquietud en las familias. La irritabilidad, rabietas más frecuentes, nerviosismo o apatía pueden aparecer en los días posteriores, incluso cuando la vivencia ha sido positiva. Estas reacciones no suelen indicar un problema de conducta, sino una dificultad puntual para adaptarse al cierre de un periodo marcado por una alta intensidad emocional y cambios en los hábitos o rutinas.
Según el experto, durante las semanas previas a Reyes se genera un clima de expectación que altera las rutinas habituales y expone a los niños a un mayor número de estímulos y cambios contextuales. La anticipación constante y el enfoque en los regalos elevan su nivel de activación diaria. Cuando ese periodo culmina de forma abrupta y se recupera la normalidad, algunos niños necesitan un tiempo para reajustarse emocionalmente.
«En la infancia, la anticipación tiene un peso relevante. Cuando desaparece de golpe, puede aparecer un descenso del estado de ánimo que se manifiesta en forma de irritabilidad o menor tolerancia a la frustración. Si además existe cansancio acumulado o falta de descanso, la regulación emocional se vuelve más compleja», expone Buenavida.
Asimismo, destaca que el tipo de juego y la forma en que se introducen los regalos también influyen en este proceso. Recibir muchos juguetes a la vez, cambiar rápidamente de uno a otro o prolongar el tiempo de juego sin pausas puede aumentar la sobreexcitación. Una acumulación excesiva de estímulos dificulta la capacidad del niño para elegir, concentrarse y disfrutar del juego, lo que favorece la frustración cuando la novedad desaparece. En estos casos, las reacciones intensas no simplemente corresponden a una saturación emocional.
«Cuando el nivel de activación es elevado, cualquier límite se vive con mayor intensidad. Por ese motivo, resulta útil anticipar los cambios, acordar tiempos de juego y proponer alternativas más tranquilas cuando aparecen señales de cansancio», añade Buenavida, psicólogo de Blua de Sanitas.
El experto aconseja también fomentar que los niños comprendan el esfuerzo que hay detrás de los regalos y que desarrollen una percepción ajustada de sus recursos, ya que contribuye a la adquisición de habilidades emocionales como la gratitud, la espera y la tolerancia a la frustración. Estos aprendizajes favorecen una mejor regulación emocional a corto plazo y tienen un impacto positivo en su desarrollo tanto personal como social en el largo plazo.
Además, el psicólogo indica que a este contexto se suma la ruptura de rutinas propia de las vacaciones. Subraya que dormir menos horas, modificar los horarios de las comidas o reducir los momentos de calma afectan el equilibrio emocional. «La vuelta al colegio y a las obligaciones habituales puede percibirse como una pérdida. En la mayoría de los casos, este proceso de ajuste se resuelve en pocos días, aunque conviene prestar atención cuando el malestar se prolonga, afecta al sueño, interfiere en la vida escolar o se asocia con ansiedad intensa», detalla.
En estas situaciones, el experto recomienda una valoración profesional, ya sea presencial o mediante videoconferencia, ya que permite orientar a la familia y descartar otros factores.
### ANESTESIA DEL DESEO
En este sentido, la docente del Grado de Psicología y del Máster Universitario en Neuropsicología Clínica de VIU, y co-directora de la Cátedra VIU-NED, María José García-Rubio, ha advertido sobre la ‘anestesia del deseo’, un fenómeno neurobiológico provocado por el exceso de regalos que anula la capacidad de disfrute del niño.
«Se trata de la sobreexposición a estímulos gratificantes, como regalos constantes o recompensas inmediatas, lo que reduce la sensibilidad del sistema de recompensa del niño», explica.
Desde un punto de vista neurobiológico, la avalancha de regalos tiene un efecto directo. Según García-Rubio, a corto plazo se genera un «pico dopaminérgico intenso» asociado a la novedad. Sin embargo, cuando los regalos son excesivos o muy frecuentes, «el cerebro deja de percibirlos como algo especial».
«El sistema dopaminérgico se adapta y la respuesta de placer se atenúa: el mecanismo de recompensa se ‘satura’ y deja de reaccionar de forma saludable ante la novedad», señala la experta de VIU. La consecuencia directa es que el deseo pierde su función de motor motivacional y se convierte en una «búsqueda continua de más estímulo», pero con menos capacidad de disfrute real.
Frente a esta situación, García-Rubio no propone prohibir los regalos, sino aplicar una regla de oro para un consumo consciente: «Menos es más cuando se acompaña de significado».
Asimismo, la neurociencia recomienda priorizar las experiencias compartidas (tiempo de calidad, actividades al aire libre o culturales) frente a los objetos materiales. «Estas vivencias activan redes cerebrales vinculadas a la conexión social y la autorregulación, mucho más estables que los circuitos dopaminérgicos asociados a la novedad material», concluye.
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