
Un nuevo estudio internacional demuestra que retrasar el horario de las comidas se asocia con una mayor dificultad para mantener la pérdida de peso en el largo plazo. El hallazgo es especialmente relevante en personas con predisposición genética a la obesidad, en quienes cada hora de retraso en la ingesta se traduce en un aumento significativo del índice de masa corporal.
Los investigadores, encabezados por la española Marta Garaulet, subrayan que no sólo importa lo que comemos o cuánto, sino también cuándo lo hacemos, abriendo la puerta a estrategias de nutrición personalizadas. Este estudio científico fue publicado en agosto de 2025 y fue portada de la revista ‘Obesity’.
La doctora en Farmacia, nutricionista, y catedrática de Nutrición en la Universidad de Murcia, Marta Garaulet, señala: «Hay personas que son muy delgadas y que hagan lo que hagan no les afecta; mientras que otras tienen tendencia a engordar, y cualquier cosa que hagan favorece en muchas ocasiones el que cojan kilos».
La Importancia de la Hora
Esta investigación aporta un matiz novedoso: el ‘timing’ de las comidas puede modificar el riesgo genético de obesidad, no sólo la dieta o las calorías ingeridas. Este hallazgo podría ser útil para quienes han hecho dietas pero luego recuperan su peso, ya que se ha comprobado que ajustar el horario de las comidas podría ayudar en el mantenimiento del peso perdido.
Otra de las conclusiones es que no se trata sólo de comer menos, sino también de sincronizar las comidas con los ritmos biológicos (mañana/tarde) para mejorar los resultados. Sin embargo, es clave mencionar que, aunque los resultados son prometedores, no son definitivos: el mantenimiento de peso a largo plazo depende de muchos factores, y los horarios tardíos podrían seguir siendo compatibles si otros hábitos son buenos.
El Método Empleado
Garaulet explica que se han verificado hasta 900.000 variantes genéticas en 1.200 individuos. Se ha clasificado a las personas en función de su tendencia genética a engordar utilizando scores genéticos, que clasifican a los individuos según la cantidad de genes asociados a la obesidad. Aquellas personas con mayor propensión a engordar experimentan un aumento de 2 puntos en el IMC por cada hora que se rechaza el punto medio de ingesta, algo que es considerable, según advierte la experta.
En cambio, al estudiar a personas del grupo con baja tendencia genética a engordar, se observa que la hora a la que comen no tiene impacto significativo en su peso.
¿A Qué Hora Debemos Comer Entonces?
Al preguntarle sobre la mejor hora para comer, Garaulet señala que esto se puede calcular mediante el ‘punto medio de ingesta’. «Para calcularlo, se toma la diferencia horaria entre la hora de desayuno y la última comida del día, se parte por dos, y se suma al desayuno»; por ejemplo, si desayunas a las 8:00 y cenas a las 20:00, la mejor hora para comer sería a las 14:00, según estos cálculos.
Además, se ha comprobado que aquellas personas que retrasan todas sus comidas y tienen un punto medio de ingesta a las 15:00 tienden a engordar más y a perder menos peso en tratamientos de pérdida de peso, indica Garaulet.
El Caso de los Comedores Tardíos
Se ha identificado una tendencia entre los comedores tardíos en un tratamiento conductual de pérdida de peso con dieta mediterránea. Después de 12 años, sólo un 33% de estos individuos se mantuvieron delgados; el resto no logró mantener su peso. Se observó que la hora de la comida es determinante en este contexto.
Según Garaulet, los comedores tardíos aumentan su peso corporal en un 2,2%, como mínimo. Este hallazgo sugiere que el horario de las comidas influye en la capacidad de engordar o perder peso, ya que también está presente la tendencia personal a engordar o no.
