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Madrid, 28 de enero (EUROPA PRESS) – Dormir sin almohadas puede ayudar a reducir la presión ocular interna elevada, cuya acumulación causa daño al nervio óptico y glaucoma, la principal causa de ceguera irreversible en todo el mundo. Esta afirmación proviene de una investigación preliminar de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zhejiang, China, publicada en el British Journal of Ophthalmology.
Las almohadas apiladas alteran la posición del cuello, lo que puede comprimir la vena yugular e impedir así el drenaje natural del humor acuoso. Este líquido nutre los tejidos oculares sin irrigación sanguínea, como la córnea y el cristalino, ayudando a mantener la forma y la presión ocular.
La presión ocular interna, conocida formalmente como presión intraocular (PIO), fluctúa en respuesta a cambios en la postura corporal. La transición de una posición erguida a una supina durante el sueño representa el principal contribuyente a su aumento durante la noche, según los investigadores.
Detalles del Estudio
Para explorar esta cuestión más a fondo, se analizó el efecto sobre la PIO de dormir con dos almohadas de tamaño normal, que proporcionaban una elevación de la cabeza de entre 20 y 35 grados, en 144 adultos con glaucoma: 84 de hasta 44 años, 41 de entre 45 y 59 años, y 19 de 60 años o más. Setenta de estos participantes tenían glaucoma de tensión normal, 9 tenían presión arterial alta en el ojo, y 65 padecían glaucoma primario de ángulo abierto, la forma más común y de progresión más lenta de la enfermedad, a menudo debido a un drenaje obstruido del humor acuoso.
Entre octubre de 2023 y abril de 2024, cada participante proporcionó información detallada sobre su historial médico, incluyendo el tratamiento del glaucoma, además de datos sobre consumo de tabaco y alcohol, y se sometió a un examen ocular completo.
La PIO del ojo derecho se midió cada 2 horas durante 24 horas, tanto en posición sentada como acostada. En posición supina, se elevó la cabeza a una altura de entre 20 y 35 grados con las almohadas, y se midió la PIO 10 minutos después. Posteriormente, los participantes volvieron a dormir boca arriba hasta la siguiente medición. Se obtuvieron cuatro series de mediciones completas para cada participante, con y sin almohadas.
Hallazgos del Estudio
En total, 96 (67%) participantes mostraron un aumento demostrable de la PIO al pasar de una posición supina a una elevada, con un aumento promedio de aproximadamente 1,61 mm Hg. La presión ocular interna fue significativamente mayor en la posición elevada (17,42 mm Hg frente a 16,62 mm Hg), con fluctuaciones más marcadas durante el periodo de 24 horas.
Simultáneamente, la presión de perfusión ocular (PPO), que mide la presión disponible para impulsar la sangre a través de los pequeños vasos del ojo, se redujo significativamente al usar dos almohadas, registrando 54,57 mm Hg frente a 58,71 mm Hg en decúbito supino. Una PPO reducida indica una disminución del flujo sanguíneo que transporta oxígeno y nutrientes al ojo.
Cuando los resultados se estratificaron aún más, se observó que los adultos jóvenes tenían muchas más probabilidades de tener una PIO significativamente mayor que los adultos mayores, al igual que aquellos con glaucoma primario de ángulo abierto.
Conclusiones y Futuras Investigaciones
Se evaluó además el flujo sanguíneo postural de la vena yugular en 20 voluntarios sanos, comparando las condiciones con y sin almohadas. La cavidad interna de las venas (lumen) fue mucho más estrecha con almohadas que sin ellas, mientras que el flujo sanguíneo fue significativamente más rápido.
Los investigadores explican que «las estrategias tradicionales para el manejo de la PIO nocturna se limitan principalmente a aumentar el tipo y la frecuencia de los medicamentos para reducir la PIO o a la terapia láser complementaria». Dada la influencia bien documentada de los cambios posturales en la PIO, la modificación postural se presenta como una estrategia plausible que justifica una mayor investigación.
Este estudio es observacional, lo que implica que no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre la relación causa-efecto. También se reconoce la existencia de diversas limitaciones en los hallazgos, como el reducido número de participantes en cada uno de los grupos de glaucoma.
Se requieren más investigaciones para validar estos hallazgos preliminares, aunque los investigadores concluyen que «podrían estar relacionados con la compresión venosa yugular inducida por la flexión del cuello, lo que podría comprometer potencialmente el retorno venoso y la salida del humor acuoso».
Por lo tanto, se sugiere que los pacientes con glaucoma podrían beneficiarse de evitar posturas al dormir que induzcan compresión venosa yugular, para mitigar la elevación postural de la PIO. Estos ajustes conductuales representan una estrategia complementaria sencilla, pero potencialmente eficaz, para optimizar el control de la PIO a largo plazo en la práctica clínica.
