“Si los incendios son intencionados es porque alguien gana algo con ellos y hay que tratar de que deje de ser así”, ha declarado Fernández-Ojanguren, quien recordó que en España existe una ley de acotamientos que prohíbe utilizar un terreno quemado para el pastoreo. Sin embargo, esta regulación fue modificada en parte en Asturias en 2017.
Más del 80 % de los fuegos
El biólogo fue invitado este lunes por el Grupo Naturalista Mavea a pronunciar una conferencia titulada “Causas y consecuencias de los incendios” dentro del ciclo “Ciencia y naturaleza”, que se celebra en el Centro Ecosocial ‘El Ñeru Verde’ de Avilés.
Según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, más del 80 % de los incendios son intencionados. “La ignición se produce por un ser humano que decide que va a quemar un trozo de monte, ya sea para alterar el paisaje, para hacer pastos para su ganado o por la razón que sea”, añade el experto.
Los incendios rara vez están motivados por piromanía; la mayoría son provocados por personas que “deciden quemar el monte buscando algún tipo de beneficio”, y este problema, en general, “va a peor a nivel global”.
Economía del fuego: daños al suelo, fauna y ríos
El impacto de los incendios es muy fuerte a muchos niveles. Uno de los más preocupantes es el relativo a la vegetación, que arde y desaparece. También se ve afectada la fauna asociada al lugar, con algunos ejemplares que no tienen capacidad de eludir el fuego.
Otra afectación notable está en el propio suelo del área incendiada. Este es un sistema vivo que contiene microorganismos, como hongos, y se hace más difícil y tarde su recuperación.
Además, en el caso de los suelos en pendiente, que son comunes en Asturias, las lluvias arrastran cenizas hacia los ríos, lo que tiene consecuencias negativas para la salubridad.
Cambios legales y vigilancia como solución
Para este experto en conservación y biodiversidad, la prevención de incendios depende de una legislación que desincentive la economía del fuego y de una labor de vigilancia. Esta vigilancia no solo debe concentrarse en detectar a los autores, sino también en identificar rápidamente un fuego y sofocarlo lo antes posible.
Los incendios forestales causan graves daños que van más allá de la pérdida de vegetación. También afectan a la fauna silvestre que no puede escapar de las llamas y degradan los suelos vivos. Los microorganismos se ven tan perjudicados que ralentizan la recuperación ecológica tras la quema.
En regiones con pendiente como Asturias, la erosión agrava los impactos, ya que las lluvias arrastran cenizas a los ríos, lo que refuerza la necesidad de una legislación disuasoria, vigilancia estricta, detección rápida y supresión temprana.
