Isabel Ordaz (Madrid, 1957) regresa al Festival de Mérida no solo como actriz, sino también como coautora de la adaptación de ‘Las Troyanas’. Esta faceta creativa es muy importante para ella, ya que ha encontrado en la escritura un ejercicio terapéutico, especialmente tras afrontar un diagnóstico de cáncer de colon: «me salvó una vez más la creación», afirma.
Después de protagonizar en 2011 ‘Asamblea de las mujeres’ de Aristófanes, Ordaz regresa al Teatro Romano «nerviosa y contenta» para interpretar a Hécuba, en una adaptación de ‘Las Troyanas’ de Eurípides, junto a la directora Carlota Ferrer, como relata en una entrevista.
Se trata de una versión libre que respeta «la altura de la palabra poética que sustenta la tragedia», un género que considera «eminentemente teatral». La autora destaca la «modernidad» de Eurípides, a quien no le interesan los héroes, sino el dolor de las víctimas: mujeres y niños que sufren en guerras que son «irracionales y sin sentido». En estas situaciones, «no hay vencedores ni vencidos», dado que se pierde la vida y siempre hay víctimas.
Desde el dolor «salvaje» de Hécuba, se pretende «desmontar esa mitología que roza la superstición y la ignorancia», reflexionando sobre nuestra propia responsabilidad civil: «qué hacemos nosotros para ser mejores personas o cuál es la responsabilidad de los que matan o de los que gobiernan malamente».
Dilatada trayectoria profesional
Aunque es conocida entre el gran público por sus personajes en series como ‘Aquí no hay quien viva’ y ‘La que se avecina’, Ordaz cuenta con una extensa carrera en cine, resaltando títulos como ‘La reina Isabel en persona’ y ‘Chevrolet’, por los cuales recibió un Premio Goya a mejor actriz revelación.
En teatro ha representado grandes textos clásicos y obras contemporáneas tanto nacionales como internacionales, como ‘Luces de bohemia’, ‘La dama boba’, ‘El beso’ y ‘Coraje de madre’, abarcando obras «muy dramáticas», mucho más allá de la comedia. Ahora se adentra en una «tragedia pura», que ve como «un drama sin salida», aunque considera que el teatro, como vehículo artístico, ofrece «la salida de la belleza y de la reflexión».
Para ella, el arte escénico es «el más creativo para un intérprete», donde actores y actrices «controlan el tiempo y el espacio», refiriéndose a la narrativa del «Érase una vez» como algo «muy sagrado».
La figura del ‘clown’
Ordaz contrasta esto con los «aspectos técnicos del oficio» presentes en televisión, donde encontró popularidad con su personaje La Hierbas en ‘Aquí no hay quien viva’. Aunque lo tiene «bastante olvidado», disfruta del «favor y del cariño» que la gente le sigue demostrando.
Con este personaje, trabajó la figura del ‘clown’, una de las más sagradas en el gremio teatral: «el payaso lucha contra todos los obstáculos, no se rinde nunca, es el triunfo de la voluntad, de una voluntad fracasada permanentemente». Para Ordaz, «tengo alma de payaso y la tragedia no está tan alejada», pues ambos pueden tocar el absurdo de la existencia.
La literatura, refugio en la enfermedad
La polifacética vida de Isabel Ordaz está marcada por la literatura, que le brindó refugio tras un temido diagnóstico de cáncer de colon y un duro tratamiento. «Me salvó una vez más la creación, junto con la terapia y los oncólogos, la literatura y escribir el libro ‘La vida en otra parte’, que relata toda esa peripecia vital que fue la enfermedad», destaca.
La enfermedad es una experiencia humana que debe ser contada literariamente, lo que, según Ordaz, le ha permitido «una mayor comprensión del dolor, misterioso y desgraciado», así como «una empatía hacia los otros y una mayor gratitud por estar viva». También es autora de numerosos libros de poesía (‘La geografía de tu nombre’ y ‘Poemas de Palestina’), mostrándose cercana a este género, del que dice: «amo el lenguaje, la palabra, y nunca se expresa tan libremente como en la poesía».
