MADRID, 20 de octubre de 2025 (EUROPA PRESS) – España se consolida como uno de los países líderes a nivel internacional en cuanto a la esperanza de vida al nacer, que ronda los 84 años, y en tasas de mortalidad infantil. Sin embargo, se ha observado una reducción en la esperanza de vida en buena salud, especialmente entre las mujeres, situándose más de dos años por debajo de la media europea.
Según el sexto Informe del Observatorio de Sanidad de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), la esperanza de vida en buena salud para las mujeres en España es 2,2 años inferior a la de la Unión Europea. Esta tendencia ha mostrado poca recuperación desde 2019. Además, el informe destaca el crecimiento de otros factores preocupantes, como el aumento del bajo peso al nacer y la persistencia de enfermedades crónicas y mentales, que afectan a más de un tercio de la población española. La salud percibida por los ciudadanos ha disminuido desde 2019, lo que refleja un descenso en la calidad de vida saludable a pesar de los buenos datos de longevidad.
El documento sugiere que esta situación podría ser el resultado de una menor inversión en el sistema sanitario cotidiano, enfocándose más en la atención hospitalaria que en la Atención Primaria y la salud preventiva.
Factores de riesgo y desigualdad
Los hábitos y condiciones sociales siguen influyendo de manera significativa en la salud pública en España. El consumo de tabaco ha bajado, con un 16,6% de fumadores diarios, aunque el número de cigarrillos consumidos por persona ha aumentado. Por otro lado, la obesidad infantil afecta al 36% de los niños de entre 6 y 9 años, aunque se han reportado ligeras mejoras respecto a 2019. La desigualdad social y económica se mantiene elevada, con una tasa de pobreza del 25,8% y un coeficiente de Gini de 31,2, superiores a la media de la UE.
En términos de gastos, España destina un 9,2% del PIB al gasto sanitario público y privado, cifra que es comparable a la media de la OCDE, aunque inferior a la de países como Francia o Alemania. El gasto sanitario por persona crece a un ritmo del 5,5% anual, aunque permanece 400 euros por debajo de la media en la OCDE.
En 2023, el 15% del gasto sanitario en España se destinó a productos farmacéuticos, superando en 0,4 puntos la media de la OCDE. Sin embargo, esta proporción ha disminuido desde 2021. El gasto farmacéutico hospitalario crece un 10% anual, impulsado principalmente por el aumento en tratamientos oncológicos y de alta especialización.
El informe también resalta las grandes diferencias en el presupuesto sanitario por habitante entre comunidades autónomas. Asturias tiene el mayor gasto por habitante, con 2.436 euros, mientras que Cataluña se queda atrás con 1.442 euros, una diferencia que no se justifica solamente por el envejecimiento de la población.
Opinión ciudadana y listas de espera
El Observatorio también presenta datos del Barómetro Sanitario 2024, destacando un descenso en la valoración del Sistema Nacional de Salud. Solo un 55% de la población considera que el sistema «funciona bien con algunos cambios necesarios», en comparación con el 72% en 2019. Un 29% opina que se requieren reformas profundas, mientras que un 16% cree que debe «rehacerse por completo».
Las listas de espera siguen siendo una de las principales fuentes de insatisfacción entre la población. Aunque en 2024 se notó una leve mejora, los tiempos de espera todavía son superiores a los niveles previos a la pandemia.
El empleo en el sector sanitario ha mostrado una ligera disminución en su participación dentro del mercado laboral en los últimos meses. En el segundo trimestre de 2025, la ocupación en el sector sanitario cayó un 0,7% interanual, tras una caída del 2,4% en el cuarto trimestre de 2024. Actualmente hay 1.334.000 empleados, es decir, 9.000 menos que el año anterior y la proporción de empleo asalariado se ha desacelerado, bajando al 6,5% a mediados de 2024.
No obstante, los salarios nominales han mostrado un crecimiento considerable desde finales de 2021 hasta mediados de 2024, aunque la proporción de salarios reales ha alcanzado un mínimo histórico. Tras la reforma laboral de 2022, la fracción de empleo temporal se ha situado por debajo del 40%, casi 6 puntos porcentuales menos que en el inicio de la pandemia.
Desde el final de la pandemia, el porcentaje de trabajadores no nacidos en España en el sector sanitario ha alcanzado el 10%, mientras que los no españoles representan cerca del 4%, cifras que son inferiores a otros sectores, como el de dependencia, probablemente debido a las dificultades en la homologación de cualificaciones.
