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MADRID, 14 Ene. (EDIZIONES) – Un mismo virus puede provocar apenas un catarro leve en un niño y, sin embargo, desencadenar un cuadro grave y debilitante en un adulto. La clave no está en el patógeno, sino en cómo responde el organismo que lo recibe. Las diferencias entre el sistema inmune infantil y el adulto, marcadas por la edad, la memoria inmunológica, la inflamación y la presencia de enfermedades previas, explican por qué algunas infecciones respiratorias resultan mucho más severas a medida que envejecemos, tal y como detallan expertos en enfermedades infecciosas, pediatría y atención primaria.
Así, aunque el virus sea el mismo que cogen los bebés y los adultos, en muchas ocasiones los resultados son diferentes. Es frecuente que los virus que causan cuadros asintomáticos o leves en niños puedan producir cuadros clínicos intensos y debilitantes en adultos. «La respuesta se encuentra en el sistema inmune», afirma en una entrevista con Salud Infosalus el portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), el doctor Luis Buzón.
Igualmente, el doctor Roi Piñeiro, vocal de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica, subraya en otra entrevista con Salud Infosalus que, efectivamente, el patógeno es el mismo, pero los huéspedes son diferentes: «Esto explica las diferencias entre niños y adultos, incluso entre dos adultos o dos niños. La clave no está en el virus, sino en las características de la persona que es infectada.»
CÓMO FUNCIONA NUESTRO SISTEMA INMUNE
Simplificándolo mucho, el sistema inmune tiene dos partes. Primero, la respuesta inmune innata. Se trata de una primera línea de defensa con la que nacemos, que se encuentra, por ejemplo, en las barreras mucosas, la piel y en determinadas células que proporcionan una primera respuesta inmune al agresor. Esta respuesta no adaptativa e innata es muy potente en los niños pequeños, lo que contribuye a que en los menores se permita aclarar de manera relativamente rápida la infección respiratoria.
Pero después, la segunda parte que conforma nuestro sistema inmune es el sistema inmune adaptativo, que se configura a lo largo de nuestra existencia con la exposición a microorganismos durante las diferentes infecciones repetidas. Aunque esto debería ser una gran ventaja, el sistema inmune adaptativo también se ve afectado por factores complejos, como la ‘inmunosenescencia’; de manera que, con el paso de los años, el sistema inmune trabaja peor. Igual que no se sube las escaleras de la misma forma con 15 años que con 70.
Además, pueden aparecer fenómenos desregulatorios en el funcionamiento de nuestras defensas, de forma que la respuesta inmune adaptativa se desregula, convirtiéndose en proinflamatoria en algunos casos, lo que contribuye a la severidad de los síntomas de los virus respiratorios.
LAS COMORBILIDADES DEL ADULTO TAMBIÉN TIENEN PESO
El doctor Piñeiro destaca que, en muchos virus respiratorios, los niños tienden a desarrollar una respuesta inflamatoria menos intensa y más breve, lo que reduce el daño tisular pese a tener alta carga viral. «En adultos, especialmente en las personas mayores, el sistema inmune puede estar debilitado y a la vez responder de forma más desregulada, con cascadas inflamatorias más potentes que contribuyen al daño pulmonar y a la gravedad clínica», incide.
Como menciona Buzón, con la edad aparece la inmunosenescencia, es decir, disminuye la capacidad de generar respuestas inmunes eficaces, y aumenta el riesgo de respuestas aberrantes y prolongadas frente a una infección. «El sistema inmune también se hace mayor», afirma Piñeiro.
Además, los adultos acumulan con más frecuencia comorbilidades (EPOC, asma, cardiopatía, diabetes) que facilitan que un virus desencadene neumonía, descompensaciones o insuficiencia respiratoria en un adulto, mientras que en un niño sano solo genera un simple catarro banal. Influyen también los receptores que expresan las diferentes células, la memoria inmune, el estado de vacunación, el grado de nutrición y, por supuesto, los genes.
UN CONTACTO MÁS ESTRECHO Y CONTINUADO EN NIÑOS
El doctor Leovigildo Ginel Mendoza, coordinador del Grupo de Trabajo de Respiratorio de SEMERGEN, indica que los virus no afectan de la misma manera a los adultos y a los niños, principalmente por las diferencias en su sistema inmunitario: «En la infancia, las defensas están aún en proceso de maduración y aprendiendo a reconocer muchos virus por primera vez, lo que explica que los niños se infecten con mayor frecuencia a lo largo del año. Esto se ve facilitado por el contacto estrecho y continuado en guarderías y colegios.»
En el caso de los adultos, el sistema inmunitario ya ha estado expuesto previamente a muchos de estos virus, por lo que las infecciones suelen ser menos frecuentes. Sin embargo, los síntomas pueden resultar más intensos o prolongados en personas con enfermedades crónicas, como problemas respiratorios, cardiovasculares o diabetes, así como en las personas de edad avanzada, en quienes la respuesta defensiva puede estar parcialmente debilitada. Estas diferencias explican por qué la evolución de una misma infección respiratoria puede variar tanto según la edad y el estado de salud.
De hecho, médicos en los centros de salud han observado que los niños pequeños que están en guarderías o en la enseñanza primaria suelen pasar cuadros leves de virus respiratorios, y son los que transmiten a sus abuelos estas infecciones, que en algunas ocasiones están a su cuidado.
